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EL NERVIO
DE LA PASIÓN
JOAQUÍN CAPARRÓS
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LAS PERSONAS SOMOS SERES PURAMENTE EMOCIONALES. LAS ILUSIONES SON EL MOTOR DE NUESTRA EXISTENCIA Y NOS AYUDAN A SEGUIR ADELANTE. "SE HACE CAMINO AL ANDAR", DECÍA ANTONIO MACHADO REFIRIÉNDOSE A LA VIDA, Y ES QUE ES VITAL ANDAR CON ENTUSIASMO, SINTIENDO PASIÓN POR CADA PASO. JOAQUÍN CAPARRÓS SIEMPRE TUVO CLARO SU CAMINO Y LUCHA CADA DÍA POR SEGUIR RECORRIÉNDOLO CON LA MISMA INTENSIDAD QUE AL PRINCIPIO.
 
 
José GORDILLO
 

   
 
  
 
"Cuando mi padre me llevaba a los partidos del Sevilla, después llegaba al barrio y con todos los amigos repetíamos la jugada del gol que antes había visto en el campo". Con estas palabras abre nuestra entrevista Joaquín Caparrós tras recibirnos amablemente en su casa. Joaquín es una persona inquieta, muy enérgica, e incluso estando sentado parece que a veces le cuesta estar tranquilo. Ese carácter tan marcado es el que siempre le ha hecho llevar la iniciativa en su carrera profesional. Su padre le llevaba al Estadio Ramón Sánchez-Pijzuán siendo un crío y fue allí donde comenzaría a empaparse de su gran pasión: el fútbol. Por aquel entonces, él ya sabía perfectamente a lo que querría dedicarse en el futuro. Tenía las ideas muy claras. Tanto es así que con tan solo 11 años conseguía que sus amigos le hicieran caso y pusieran en práctica aquellos primeros sistemas de juego que dibujaba en su cabeza, diseñados a partir de todo lo que veía sobre un campo de fútbol. "Siempre he dicho que soy un entrenador vocacional y desde muy pequeño eran señales de que, efectivamente, iba a ser mi profesión", asegura con rotundidad.
 
Joaquín Jesús Caparrós Camino nació el 15 de octubre de 1955 en la localidad sevillana de Utrera. Él describe el lugar en el que se crió como "tierra de flamencos". Es más, le encanta el flamenco y le habría encantado "saber tocar las palmas, la guitarra y bailar", aunque lo suyo siempre fue el balompié. Empezó a jugar al fútbol en el Colegio Salesiano Santísima Trinidad y se desarrolló como futbolista en el filial del Sevilla FC para, posteriormente, pasar a los juveniles del Real Madrid CF. En la cantera madridista comenzaría a fijarse sobre todo en la labor de técnicos como el serbio Miljan Miljanic, un auténtico revolucionario de los métodos de entrenamiento, y aprovechaba para tomar nota de cada una de las sesiones que presenciaba. Después de su formación, militaría en las filas de CD LeganésCD PegasoAD TarancónAD San José Obrero y Unión Balompédica Conquense. Joaquín se desempeñaba en la posición de mediocentro: "Técnicamente era buen jugador, un poco lento, buen pasador, poco agresivo... esas más o menos eran las características de mi fútbol". Si bien tenía condiciones más que interesantes para jugar, en su interior solo pensaba en entrenar. Ya con 18 años fue a la Federación Madrileña de Fútbol con el objetivo de obtener el título de entrenador, pero Teodoro Nieto, presidente del Colegio de Entrenadores, le aconsejó que siguiera jugando, aunque fuera solamente para entender mejor toda esa atmósfera que rodea al futbolista.
 
 
JOSÉ GORDILLO: He leído en varias ocasiones que siendo canterano del Real Madrid te fijabas mucho en entrenadores como el serbio Miljan Miljanic.
JOAQUÍN CAPARRÓS: Sí, cuando era muy jovencito, con 17 o 18 años, el Real Madrid firmó a un entrenador distinto a lo que había hasta entonces en nuestro fútbol. Trae creo que al primer preparador físico, Felix Radisic, y, por lo tanto, los entrenamientos eran muy distintos a los que se estaban realizando. Él ya utilizaba un técnico por línea. Eso a mí me llamaba mucho la atención y, después de mis entrenamientos en la ciudad deportiva del Real Madrid, pues me quedaba y tomaba nota de cómo corregía y cómo intentaba enseñar a los canteranos que habían subido de las categorías inferiores.
 
 
  



  
 
A pesar de que seguiría el consejo de Teodoro Nieto, Joaquín Caparrós no tardaría mucho en retomar su idea original. A los 26 años decidió volcarse de lleno en su carrera como técnico. En la escuela de entrenadores conocería a Benito Floro, quien sería su maestro, su gran referente y al que siempre ha considerado "un vanguardista". En aquellos años, Joaquín estudiaba mucho al preparador asturiano por "cómo gestionaba los entrenamientos, lo metódico que era y cómo concebía el fútbol como es ahora". Además, el 'Profesor' Floro siempre estaba dos pasos por delante del resto: "En el Albacete tenía muchísimos técnicos, especialistas y nutricionistas, cosa que no existía en el fútbol. Tenía su psicólogo, que ahora la mayoría lo llevan, su preparador físico... y te estoy hablando de hace casi treinta años", es decir, cuando nadie pensaba en ello. Salvando las distancias, para Joaquín, Benito Floro podía ser lo que Pep Guardiola ha sido en estos últimos años, pero "con una diferencia. Benito sube al Albacete a Primera División, lo convierte en el equipo revelación y firma con el Real Madrid. Ese año tiene la mala suerte de no conseguir dos títulos, uno por el famoso partido en Tenerife y luego pierde la final de Copa. Pep consiguió títulos en el primer año y eso hace que aún se reafirme más".
 
 
El fútbol modesto como base
 
El bautismo de Joaquín Caparrós al frente de los banquillos llegaría en 1981. "La universidad para el entrenador es el fútbol modesto", afirma, y sus primeros años de facultad los cursaría en Cuenca, concretamente en el campo municipal Obispo Laplana, hogar de la AD San José Obrero. En 1984 pasa a entrenar en categoría nacional con el Campillo CF y dos años más tarde aterriza en el Motilla del Palancar CF, al que consigue ascender a Tercera División. Aquel sería su primer triunfo, pero ni mucho menos el último. Tras una "buena experiencia" dirigiendo a los cadetes de la selección de Castilla-La Mancha (entre los que figuraban, por ejemplo, Javier Casquero o Jesús Muñoz), su rendimiento como ténico empieza a ser cada vez más notable. En un periodo de apenas cinco años clasifica para la fase de ascenso a Segunda División B a tres clubes diferentes: CF Gimnástico de Alcázar (1991/92), Unión Balompédica Conquense (1992/93) y Moralo CP (1995/96). Entre medias, en la también realizaría una temporada más que aceptable en el Manzanares CF (1994/95). Para cosechar buenos resultados y poder cumplir metas hacen falta grandes dosis de esfuerzo y dedicación y, por supuesto, no perder nunca la motivación. Joaquín era plenamente consciente de ello, por eso siempre ha intentado ser lo más profesional posible: "¿Qué es profesional y qué no lo es? Profesional es aquel que se dedica a algo y tiene que estar viviéndolo, si no, no puede estar con la intensidad necesaria". Mantener ese nivel de intensidad es más fácil si sientes verdadera vocación por lo que estás haciendo. "Aun teniendo otro trabajo, mi profesión de entrenador siempre la he considerado profesional porque buscaba el tiempo necesario para mi formación y, lógicamente, para mi mejora", destaca el técnico utrerano, quizá recordando aquellas clases en Albacete, o los casi 700 kilómetros que recorría a diario en su Renault 21 en sus viajes entre Cuenca y Navalmoral de la Mata para entrenar al Moralo CP.
 
En el año 1996 la trayectoria de Joaquín Caparrós experimentó un importante salto de categoría. El RC Recreativo de Huelva, anclado varios años en la Segunda División B, llamó a sus puertas para plantearle un reto tan exigente como apasionante. Joaquín recuerda perfectamente aquellos primeros días en la entidad onubense: "Llamaban la atención mis métodos de trabajo. Eran trabajos que yo ya hacía en los equipos modestos, pero claro, en una ciudad como Huelva, siendo el Decano del fútbol y con más medios de comunicación, todo lo que hacía tenía mucha más repercusión que en los equipos como Campillo, Moralo, Alcázar... Mis métodos eran los mismos que en los equipos más modestos". En el antiguo Estadio Colombino dirigiría a futbolistas muy recordados en el club como César Quesada, Juanma Rodríguez, Luci Martín, Alberto Monteagudo, Julio Pineda, Rodolfo Bodipo o Iván Rosado. En su primer año, los blanquiazules se clasificaron para la fase de ascenso a Segunda División como cuartos del Grupo IV, aunque se quedarían a un punto de conseguir el objetivo tras perder el último partido de la liguilla con el CD Numancia, (2-0). Al año siguiente, mejorarían sus prestaciones clasificándose como segundos. En esta ocasión ganarían cinco de los seis partidos de la liguilla, volviendo a Segunda División casi una década después. En la tercera temporada de Caparrós en el banco, ya en la división de plata, finalizarían el campeonato en duodécima posición, siendo el equipo que menos goles encajó de toda la categoría.
 
 
 
 
 
 
 
El prestigio de Joaquín Caparrós estaba en auge. Una buena prueba de ello fue su elección como técnico de la selección de Andalucía en el periodo comprendido entre el año 1998 y el 2000. En junio de 1999 firmaría por el Villarreal CF, que acababa de descender a Segunda División tras su primera temporada en la élite. Pese a que se encontró con una plantilla confeccionada para ascender (Javier López Vallejo, Quique Medina, Diego Cagna, Javi Gracia, Gica Craioveanu, Moisés García...), su etapa con el conjunto amarillo no fue todo lo prolífica que a él le hubiera gustado: "En el fútbol la palabra ciclo es una palabra también muy hecha y depende de muchas cosas, o sea, el ciclo no es solamente a largo tiempo sino también puede ser a corto plazo. Un ciclo puede ser de ocho o diez años pero puede ser también de tres meses. Por ejemplo, cuando tú vas a un equipo, llevas poco tiempo y dices "este no es el equipo donde yo tenía que estar"". El ciclo de Caparrós en El Madrigal duró exactamente siete jornadas. Su idea de juego aún no había cuajado en el equipo y, tras 2 victorias y 3 empates, 2 derrotas seguidas provocaron su destitución. "Tan importante es tu trabajo como saber a dónde tienes que ir a trabajar", apunta. Siempre ha repetido que no se arrepiente de su paso por Villarreal, ya que "fue corto, pero muy intenso" y le sirvió para madurar. El utrerano es bien sabedor de que el fracaso solo es una parte más de ese proceso que debemos afrontar para alcanzar nuestra meta.
 
 
La llamada del Sevilla FC
 
27 de abril del año 2000. El Sevilla FC, descendido ya matemáticamente a Segunda División, anunciaba la contratación de Joaquín Caparrós como su nuevo entrenador para la próxima temporada (2000/01). Así pues, a Joaquín le llegaba la oportunidad de entrenar al equipo de sus amores, ese al que siempre iba a ver cuando era niño. Los sevillistas arrastraban tres años muy convulsos en los que habían descendido a Segunda División en dos ocasiones (1996/97 y 1999/00). La delicada situación económica obligaba a vender futbolistas importantes como Carlos Marchena (SL Benfica), Jesuli (RC Celta de Vigo), 'Mami' Quevedo (Rayo Vallecano), Vassilis Tsartas (AEK Atenas FC) o Juan Carlos (Club Atlético de Madrid). "El equipo de la casta y el coraje" necesitaba hombres que hicieran honor a su himno y Caparrós era la persona ideal para capitanear el barco. La otra pieza angular del proyecto sería Ramón Rodríguez Verdejo 'Monchi'. El ex portero sevillista se haría cargo de la secretaría técnica basándose en una economía de guerra. De esta forma, llegarían Antonio Notario (Granada CF), David Castedo (RCD Mallorca), Pablo Alfaro (CP Mérida), César Caneda y Taira (UD Salamanca), Javi Casquero (Club Atlético de Madrid 'B'), Diego Ribera (Córdoba CF), Míchel (Rayo Vallecano) o Luis Tevenet (UD Las Palmas). Además, el gran trabajo realizado en las categorías inferiores daría sus frutos y los Víctor Salas, Paco Gallardo, Antoñito o José Antonio Reyes desempeñarían un papel crucial en el primer equipo. Joaquín Caparrós, secundado por gente de la casa como Antonio ÁlvarezPaco Leal o Ramón Orellana, supo trasladar sus planteamientos tácticos al césped de manera inmejorable; la escuadra blanquirroja funcionó desde primer hora, arrancando con 4 victorias consecutivas. La primera campaña de Caparrós al frente de su Sevilla concluyó con un broche inmejorable: récord histórico de victorias (23) y campeones de Segunda División.
 
Una vez que habían ascendido a Primera División, el objetivo de los sevillistas no era otro que asentarse en la máxima categoría. El presidente hispalense, Roberto Alés, tenía claro que lo que había funcionado no debía cambiarse. El tándem Caparrós-Monchi era incuestionable. Javi Navarro (Elche CF), Juanmi (Recreativo de Huelva), Zoran Njegus (Atlético de Madrid), Alfonso Vera (CA Osasuna), Mario Cotelo (Real Sporting de Gijón), Tomás Hervás (RC Celta), Luis Gil (Real Murcia CF), Moisés García (Villarreal CF) y Mariano Toedtli (UD Salamanca) fueron los refuerzos para el retorno a Primera, sumándose más tarde en el mercado invernal el fichaje del mexicano Gerardo Torrado (Club Polideportivo Ejido). Aquel significaba también el debut de Joaquín Caparrós en la élite. El conjunto andaluz demostró ser un rival sólido y aguerrido. A mitad del curso ya tenía muy bien encarrilada la permanencia con 27 puntos, situado a 8 del primero, el Real Madrid. En la segunda vuelta fueron mucho más irregulares, pero el gran momento de forma del argentino Toedtli y las 4 victorias en los cuatro últimos partidos de liga llevaron al Sevilla hasta los 53 puntos. El equipo se quedaría a solo un punto de los puestos que daban acceso a competición europea, acabando como el cuarto equipo con menos goles en contra y convirtiéndose en una de las revelaciones de aquella liga.
 
  
 
 
 
 
 
J.G.: En el año 2000 volviste a tu casa, al Sevilla FC. En tu primera temporada ascendéis y al año siguiente casi os metéis en competiciones europeas. Eráis uno de los equipos más rocosos de la liga, con muchos futbolistas de la cantera. ¿Qué tenía aquel Sevilla que lo hacía tan competitivo?
J.C.: Teníamos un compromiso. La palabra compromiso, implicación, es una palabra muy socorrida y se lleva mucho en el mundo del fútbol, porque te saca de muchas situaciones en una rueda de prensa o en cualquier pregunta que te hagan tus compañeros los periodistas. Pero es cierto que había mucho compromiso y mucha implicación. Cuando me ficharon, el Sevilla estaba en una situación muy delicada, recién descendido a Segunda División. Entonces, había que traer futbolistas a coste cero, jugadores con carta de libertad. Por lo tanto, se les daba la oportunidad de hacer cosas grandes en un club con la historia y la importancia que tenía en el fútbol no solamente nacional sino a nivel europeo. Hicimos una pretemporada en la que sí que fuimos creando y cohesionando un grupo y los resultados fueron muy buenos porque se ascendió ya en el primer año. Poco a poco nos dio tiempo a ver la cantera y a darnos cuenta de que en el filial del Sevilla en ese momento había muchísimo talento, y entre todos los técnicos lo aprovechamos y, al final, dio su fruto.
 
J.G.: Entre ese talento siempre hablas maravillas de José Antonio Reyes, al que convertiste en el jugador más joven en debutar en Primera División en la historia del club. ¿Qué tenía Reyes que tanto te llamaba la atención?
J.C.: Pero no a mí, nos llamaba la atención a toda la gente del fútbol. Reyes era un superdotado física y técnicamente. Era un jugador que dominaba todas las facetas del juego y luego físicamente era muy poderoso. Entonces, con la edad de 15 o 16 años era un jugador que hacía cosas que era muy difícil hacerlas en un campo de fútbol. Sí que nos sorprendía y la prueba está en cómo debutó en el Sevilla y cómo, tan jovencito, lo fichó un equipo como el Arsenal.
 
La temporada 2002/03 debía ser la de la consolidación del Sevilla FC en la Primera División. Habría pocos retoques en la plantilla, pues solo llegaron Juan Carlos Caballero (UE Figueres), Juan Luis Redondo (Elche CF), Vinny Samways (UD Las Palmas), Marcos Vales (Real Zaragoza) y Antoñito tras su cesión al Recreativo de Huelva. Los nervionenses no tuvieron un inicio fácil, con 2 victorias, 5 empates y 5 derrotas en los doce primeros partidos de liga. Cuando peor pintaba la cosa darían la campanada en el Camp Nou, goleando al FC Barcelona (0-3). Con el paso de las jornadas recuperaron otra vez su solidez defensiva, especialmente gracias a la pareja de centrales que formaban Javi Navarro y Pablo Alfaro, el capitán sevillista, a quien Joaquín Caparrós utilizaba "para que diera un poco de ejemplo al grupo". El factor psicológico es tan importante para Joaquín que sus técnicas se salen un poco de lo convencional. En alguna ocasión hizo llegar tarde al entreno a propósito al propio Pablo Alfaro para sermonearle fuertemente delante de todos y así motivar al vestuario. "Pablo era una persona que desde el primer momento fue muy importante en ese vestuario. Siempre tiene que haber una buena empatía con tu plantilla, pero sobre todo con el capitán", aclara, pues entiende que "los capitanes y el entrenador tienen que tener una buena relación, entenderse y hablar claro". Una de las señas de identidad de los equipos de Caparrós es que se construyen desde la fortaleza defensiva. En este contexto, la parte negativa es que no era fácil hacer goles en un conjunto que invertía tantas energías en defender, con un doble pivote de mucho trabajo como el que solían formar Javi Casquero y Gerardo Torrado. La producción ofensiva se basaba en buena medida en las jugadas a balón parado, los contragolpes y el talento individual de los hombres de banda y los delanteros. En teoría, la responsabilidad en ataque debía correr a cargo de Moisés y Mariano Toedtli, pero fueron los canteranos José Antonio Reyes y Antoñito los que adquirieron más protagonismo, marcando 11 y 9 tantos respectivamente aquel curso. Los números del Sevilla FC al término de la primera vuelta del campeonato reflejaban a la perfección tanto sus virtudes como sus carencias; era el conjunto menos goleado de la liga (15) pero también el menos goleador (15).
 
 
 
 
 
 
 
La floja primera vuelta que había completo el Sevilla FC (decimocuarto en la tabla con 22 puntos) limitaba mucho las posibilidades de soñar con aspirar a algo más. Por esta razón, el club decidió acudir al mercado invernal para reforzarse. En primer lugar, conseguiría la cesión del internacional griego Nikos Machlas desde el AFC Ajax, un fichaje que si bien generó gran expectación en la afición, apenas aportaría 2 goles en 14 partidos, ambos en la victoria contra el Villarreal CF (3-1). Unas cuantas horas más tarde de la llegada del atacante heleno, aterrizaría en Sevilla un lateral brasileño de Bahía de tan solo 19 años llamado Daniel Alves. "Daniel era un competidor, un animal competitivo desde que llegó, por tanto, nosotros ahí no tuvimos que hacer nada, solo ponerlo a jugar. Él es un hombre con un gran nivel técnico y competitivo", recuerda un Joaquín Caparrós que no lo haría debutar hasta finales de febrero, pues en sus primeros meses en Sevilla sembraba algunas dudas por ser demasiado anárquico. Tanto Daniel Alves como Nikos Machlas ofrecerían un rendimiento bastante discreto en aquella media temporada y los sevillistas no mejoraron demasiado en la segunda vuelta de liga: por un lado, incrementaron las cifras de anotación (23 goles marcados), pero, por otro, descuidaron más la defensa (24 goles encajados). Las mayores alegrías llegarían en el derbi sevillano. Si en el primer duelo habían empatado en casa (2-2), en el segundo doblegaron a domicilio al Real Betis Balompié con un gol de Marcos Vales (0-1). Finalmente, cerrarían el curso como décimos clasificados, terminando como el tercer conjunto que menos goles había encajado en la competición (39).
 
 
J.G.: En sus inicios en el club, Daniel Alves llegó a decirte algo así como que "el fútbol no tiene límites ni reglas". Resulta llamativo porque cuando aterrizó en Sevilla era un futbolista muy anárquico y tus equipos siempre han destacado precisamente por ser muy ordenados. ¿Se absorbe mucho del futbolista? ¿Te cambian a veces la visión de las cosas?
J.C.:
No, es que el entrenador se tiene que adaptar. Está claro que el fútbol es colectividad y hay que jugar en equipo, pero no puedes cortar el talento y la creatividad de un jugador. Igual que pasaba con Diego Capel, Paco Gallardo o Jesús Navas, que son futbolistas regateadores. Tú no les puedes cortar la iniciativa de ser regateador, ¿por qué?, porque yo, además, a esos futbolistas les insistía en que les había subido al primer equipo por esas características, no quería que hicieran otra cosa distinta a lo que estaban haciendo en las categorías inferiores. Si Jesús Navas era un jugador regateador que buscaba el uno contra uno, lo tenía que hacer, igual que Diego Capel, Reyes... Igual que Sergio Ramos, que siendo muy jovencito tenía que demostrar y hacer ver en el vestuario que tenía una personalidad fuerte. Si tú quieres traer y subir a un chico, lo subes por lo que ha sido, no por lo que quieres que sea. Está claro que tú le vas enseñando, vas corrigiéndole, van asimilando los conceptos de la alta competición, pero al futbolista tienes que darle su creatividad y lo que tiene dentro, si no, estás cortándolo.
 
"Abónate a soñar", cantaba Pastora Soler en la campaña de captación de socios del Sevilla FC para la temporada 2003/04. La estructura del club se había estabilizado y empezó a apostarse por un modelo más ambicioso que invitaba a la ilusión. Hasta ocho caras nuevas y una hornada de chicos de un filial que cada vez venía pisando más fuerte hicieron que la hinchada del Ramón Sánchez-Pizjuán volviera a soñar con cotas mayores de las que había acostumbrado en los últimos años. Si el Real Madrid había fichado a David Beckham, el FC Barcelona a Ronaldinho y el Valencia CF a Ricardo Oliveira, la gran inversión del Sevilla FC fue Júlio Baptista, por el que el pagó unos 3 millones de euros. Baptista, procedente del Sao Paulo FC, siempre había jugado como mediocentro defensivo, pero durante la pretemporada Joaquín Caparrós vio en él cualidades para jugar más bastante más adelantado. De hecho, el cambio de posición de 'La Bestia' provocó que el Sevilla pasara de jugar con un esquema basado en el 4-4-2 a hacerlo con un 4-4-1. El utrerano confirmaría muy pronto que había tomado una buena decisión al cambiarle de posición; en la jornada inaugural de liga un gol del brasileño reconvertido a mediapunta otorgó la primera victoria a su equipo, ante el Atlético de Madrid (1-0).
 
  
 
 
 
 
 
J.G.: Una vez asentado en Primera División, el Sevilla FC lleva a cabo un proyecto ilusionante pensando ya en un salto de calidad. Para ello, llegan Esteban, Aitor Ocio, Martí, Antonio López, Germán Hornos, Darío Silva, Carlitos y Júlio Baptista. Lo de cambiar de posición al brasileño fue una auténtica genialidad. ¿De verdad esperabas que tuviera tanto impacto?
J.C.:
No. Cuando cambias de posición a un futbolista es porque crees que es lo mejor para el equipo y, lógicamente, para el futbolista, y tienes que convencer al jugador. Al principio nos costó un poco. Qué duda cabe que Júlio como centrocampista fue internacional y había un Mundial al que quería ir. Por lo tanto, sacarle de esa demarcación y ponerle en otra donde Brasil tenía Botas de Oro al principio le costaba. Pero bueno, ¿qué hicieron los goles? Que fuera el centro de atención del fútbol. Todo se focalizaba en él, metía goles importantes que daban puntos al Sevilla y poco a poco eso hizo que se fuera adaptando y, sobre todo, gustándose en esa demarcación. Eso facilitó mucho su adaptación a esa nueva posición. Luego el seleccionador brasileño lo convocó y lo situó en esa demarcación y el Real Madrid también lo firmó en esa demarcación, así que él ya estaba contento y ya no quería jugar en otro sitio.
 
 
El año de la ilusión
 
El Sevilla FC había cambiado su forma de jugar respecto a otros años anteriores, ya que "el estilo muchas veces te lo dan las circunstancias, los objetivos y los futbolistas". En este caso, la reforzada plantilla sevillista permitía desplegar un sistema de juego con más protagonismo ofensivo. Eso sí, nunca perdió ese sello característico de lo que debe ser un equipo de Joaquín Caparrós, "sobre todo con mucha intensidad y donde el futbolista viva lo que es el partido durante los noventa minutos". Para mantener ese nivel de intensidad debía existir una gran competencia en el plantel para ganarse un puesto en el once. En esa carrera por querer jugar lo máximo posible, uno de los que subió más peldaños sería, sin duda, Daniel Alves. "Cuando llegó al Sevilla fue un jugador muy criticado, pero a base de su constancia, su sacrificio y con su hambre de conseguir un puesto en el equipo, lo consiguió", recalca Joaquín, quien vio un diamante en bruto en el futbolista bahiano. Al principio, situaba a un lateral como Redondo por delante de él para dejarle correr todo el carril sin complejos. Y funcionó. Desde que se afianzó como titular, no dejó de mejorar a pasos agigantados hasta convertirse en uno de los mejores laterales del mundo: "Siguió y consiguió títulos en el Sevilla, y en el Barça fíjate lo que ha conseguido. Es muy importante en la historia del fútbol. Me consta que en la Juventus la gente estaba sorprendida con el hambre que iba. Un jugador que lo ha conseguido todo y sigue con esa mentalidad de querer más". Al gran nivel que empezaba a ofrecer Alves había que sumar la seguridad en portería de Esteban (Atlético de Madrid), el liderazgo y la solidez de la línea defensiva compuesta por el brasileño, Javi Navarro, Pablo Alfaro y David Castedo, a la que se sumaba Aitor Ocio (Athletic Club); el conocimiento táctico de Josep Lluís Martí (CD Tenerife) y la pegada de Javi Casquero en el doble pivote; el dinamismo de Antonio López (Real Valladolid CF) en la banda; la imaginación de Antoñito y la magia de Reyes en la mediapunta, los desmarques y la brega de Carlitos (RCD Mallorca) y Darío Silva (Málaga CF) y, cómo no, la potencia de la 'Bestia' Baptista en ataque.
 
El inicio de liga del Sevilla FC fue espléndido: solo 1 derrota en 9 partidos, incluyendo un empate en el Camp Nou (1-1), en aquel famoso choque disputado a las 12:05 de la noche. La buena racha se cortó en el Estadio La Rosaleda ante el Málaga CF (2-0). Sin embargo, en la siguiente jornada los hombres de Joaquín Caparrós ocuparían las portadas de medio mundo tras pasearse en casa ante el Real Madrid de 'Los galácticos'. Carlos Queiroz había suplido la baja de Míchel Salgado con un central (Francisco Pavón) y fue por ahí por donde se produjo la sangría. Caparrós situó a Reyes en banda y el conjunto sevillista ofreció una enorme exhibición que quedará para el recuerdo (4-1). A finales de enero de 2004, el mismo Reyes se marcharía entre lágrimas al Arsenal FC, en la que era la venta más cara en la historia de la entidad (30 millones de euros). Aun así, el equipo continuaría con su dinámica positiva y Júlio Baptista con su racha anotadora: 3 goles contra el Real Murcia CF, 4 goles contra el Real Racing Club de Santander, 2 goles contra el Athletic Club... En Copa del Rey, eliminó a UD Lanzarote, Villarreal CF y Atlético de Madrid, alcanzando las semifinales, donde caería ante el Real Madrid con polémica incluida. A partir de entonces, firmaron un último tramo de liga notable, con 7 victorias, 2 empates y 4 derrotas. El Sevilla FC se plantó en la jornada 38 dependiendo de sí mismo para clasificarse para la Copa de la UEFA. Un rival siempre complicado como el CA Osasuna sería el que visitara Nervión, en un choque que se convertiría en una auténtica batalla. El vigésimo tanto en liga de Júlio Baptista, que le situaba como segundo máximo goleador tras Ronaldo, daba la victoria a los locales y ponía el broche de oro a una gran temporada.
 
 
 
 
 
 
 
J.G.: En la última jornada de la temporada 2003/04, ganáis al Osasuna y lográis clasificaros para competición europea casi diez años después. ¿Qué sentisteis aquella noche?
J.C.: Después del trabajo duro, recordamos lo que habíamos pasado. En cinco años, el Sevilla había bajado dos veces a Segunda División, con una situación de ascenso complicada y una economía de guerra muy fuerte, con un perfil de futbolistas que teníamos muy claro; poco a poco íbamos dando pasos y, por esa razón, tuvimos que vender a Reyes para dar no un paso, sino cinco adelante. Nos acordamos de todo eso. Luego los éxitos y las derrotas hay que analizarlos y reflexionarlos. La verdad es que fue una alegría porque el Sevilla volvió a estar ahí, en ese paquete de equipos con grandes aspiraciones y sobre todo con un futuro muy grande, ¿no? Ya estaban Antoñito, Gallardo, Navas, Daniel y se incorporan Sergio, Diego, Puerta, Adriano, Renato... una media de futbolistas muy jóvenes, una plantilla con una media de 22 o 23 años, con muchísima hambre de conseguir cosas.
 
En apenas unos cuatro años, Joaquín Caparrós había transformado a un equipo desahuciado en uno de los más consistentes de Primera División. De cara a la campaña 2004/05, los andaluces se reforzaron con Jordi López (Real Madrid Castilla CF), Renato Dirnei (Santos FC), Jesuli (RC Celta), Fernando Sales y Ariza Makukula (Real Valladolid) y Carlos Aranda (Albacete Balompié), además de Adriano Correia en el mercado invernal (Coritiba FC). Al margen, la cantera venía pisando fuerte, especialmente un Sevilla FC 'B' que se había quedado a las puertas de ascender a Segunda División. Caparrós ya había hecho debutar en el último año a Jesús Navas, Pablo Ruiz, Sergio Ramos, Marco Navas y Antonio Puerta, y en esta temporada se sumarían David Prieto, Diego Capel y Kepa Blanco. El hambre del Sevilla crecía y crecía. Empezó la liga obteniendo 5 victorias, 2 empates y 1 derrota. Siguió demostrando que era capaz de superar a cualquiera, derrotando, por ejemplo, a Atlético de Madrid (2-1) o Real Betis (2-1) en el Sánchez-Pizjuán y venciendo como en plazas complicadas como las de Valencia CF (1-2) o Real Madrid (0-1). En Copa del Rey volvió a realizar un papel bastante digno, eliminando a Algeciras CF, CF Ciudad de Murcia y RC Recreativo de Huelva, siendo apeado en los cuartos de final por aquel CA Osasuna de Javier Aguirre tras otro vibrante capítulo de rivalidades. El gran atractivo en Nervión era la vuelta a las competiciones europeas. En la ronda previa de la Copa de la UEFA, el CD Nacional de Madeira no fue rival para el Sevilla FC, que se impuso con facilidad en ambos partidos (2-0 y 1-2). La fase de grupos sería otra cosa. Alemannia Aachen (2-0) y AEK Atenas (3-2) en casa y FC Zenit (1-1) y Lille OSC (1-0) a domicilio pondrían las cosas difíciles al conjunto hispalense, que pasaría como segundo del Grupo H.
 
Los dieciseisavos de final de la Copa de la UEFA emparejarían al Sevilla FC con el Panathinaikos FC, que venía de la UEFA Champions League y contaba algunos campeones de la Eurocopa 2004 con Grecia, como Giannis Goumas, Angelos Basinas y Dimitrios Papadopoulos. El primer envite en el Estadio Apostolos Nikolaidis se saldó con victoria local (1-0). El partido de vuelta, una semana después, sería uno de los más épicos que se recuerdan en el Sánchez-Pizjuán. Joaquín Caparrós, a quien a veces se le tacha de entrenador defensivo, dispuso una alineación con tres delanteros (Antoñito, Aranda y Baptista). A falta de diez minutos para el final y con el marcador aún en 0-0, Caparrós introdujo a Adriano y Makukula en lugar de Jesuli y Martí. Los cambios no pudieron ser más acertados. Los dos futbolistas contribuyeron de manera decisiva a la remontada, primero, con un gol del lusocongoleño a los tres minutos de ingresar en el campo y, más tarde, ya con el equipo volcado arriba, con otro del brasileño en el tiempo de descuento. En octavos, el rival sería el Parma FC de Vincenzo Grella, Mark Bresciano, Andrea Pisanu o Alberto Gilardino. En la ida la escuadra italiana logró salir ilesa de Nervión (0-0) y en la vuelta el solitario gol de Giuseppe Cardone y la experiencia de los italianos resultaron determinantes. 
La participación europea del Sevilla había sido bastante digna y en liga repetirían el sexto puesto del año anterior. Sin embargo, quedaba la sensación de que el equipo podía aspirar a más al haber rozado la clasificación para la Liga de Campeones, un sueño desvanecido en la última jornada tras la derrota ante el Málaga CF (0-2). "Tú puedes estar cinco, seis o siete años trabajando en los que se van renovando ilusiones y jugadores y en los que van creciendo los clubes", pero Caparrós sentía que su etapa en el Sevilla había llegado a su fin. Para sorpresa de muchos, anunció que rechazaba la oferta de renovación para ser el entrenador en la temporada del centenario. Antepuso el bien sevillista a todo lo demás, convencido de que era la mejor decisión para ambas partes. Se despidió de la afición en una rueda de prensa en la que no pudo contener las lágrimas, marchándose de un club que había sido y seguiría siendo su casa y al que había devuelto al sitio donde debía estar.
 
 
 
 
 
 
 
Del sur al norte, de Sevilla a La Coruña 
 
"Estoy deseando empezar a trabajar porque en todas las conversaciones se me ha transmitido una ilusión tremenda", dijo Joaquín Caparrós en su presentación como nuevo técnico del RC Deportivo de La Coruña. El conjunto gallego había pasado de ser uno de los aspirantes a todo durante una década a necesitar un proceso de reconstrucción que requería de un hombre como el de Utrera. En un primer momento, quiso llevarse consigo a Antonio Álvarez, su segundo entrenador en sus años en el Sevilla. Antonio es una persona calmada y sosegada, todo lo contrario a Joaquín, "muy temperamental y muy pasional". Y es que "muchas veces hace falta una persona que marque un poquito la calma" para así equilibrar las emociones que pueden vivirse en un banquillo. Álvarez optó por permanecer en Sevilla y Caparrós recurrió a Luciano Martín 'Luci', "también una persona mucho más tranquila" y a quien había dirigido en el Recreativo de Huelva. El principal objetivo de los deportivistas era volver rápidamente a Europa, algo que era posible a corto plazo por la vía de la Copa Intertoto. No hicieron un mal papel, superando a FC Buducnost, NK Slaven Belupo y Newcastle United FC, pero en la ronda final no podrían con el Olympique de Marsella. Era la primera vez en seis años que se quedarían fuera de las competiciones europeas, una realidad a la que no estaban acostumbrados. Además del anterior entrenador, Javier Irureta, habían abandonado La Coruña emblemas como Mauro Silva, Fran González o Walter Pandiani, y a finales de agosto también lo haría Albert Luque, rumbo al Newcastle United por 14 millones de euros. Aunque aún quedaba gente importante (José Francisco Molina, Manuel Pablo, Jorge Andrade, Joan Capdevilla, Aldo Duscher, Sergio González, Lionel Scaloni, Víctor Sánchez, Juan Carlos Valerón, Diego Tristán...), era el momento de que dieran un paso adelante los más jóvenes, como Fabricio Coloccini, Iván Carril, Xisco Jiménez, Rubén Castro o los recién llegados Javier Arizmendi y Julián de Guzmán.
 
 
J.G.: Eres una persona a la que le siempre le ha gustado trabajar con gente joven y con hambre de éxitos. ¿Fue esta razón por la que te decidiste a firmar por aquel Dépor en plena reconstrucción?
J.C.:
 Creo que en este caso el presidente, Augusto Lendoiro, me firma creyendo que yo podía ser la persona más adecuada para esa reconversión que el club tenía que hacer. Es cierto que ya ese año no se había clasificado para Champions League, ni siquiera para competición europea. Sí que teníamos que jugar lo que era antes la Copa Intertoto, pero fue duro, fueron dos años muy intensos, con tomas de decisiones antipopulares y con un gasto lógico tanto para el presidente como para el entrenador, que éramos los dos que gestionábamos todo este tipo de situaciones.
 
En los primeros cuatro meses de liga, e
l RC Deportivo de La Coruña solo fue derrotado cuatro veces. En el Estadio de Riazor compitió de manera excelente contra equipos como Atlético de Madrid (1-0), FC Barcelona (3-3) o Real Madrid (3-1). Lejos de La Coruña fue donde obtuvo mejores números, empatando contra Valencia CF (2-2) y ganándole a Sevilla FC (0-3), RC Celta (0-3) o Athletic Club (1-2). Con el habitual 4-4-2 de Joaquín Caparrós, los veteranos llevando el peso del equipo y los jóvenes aportando frescura, los gallegos seguían mostrándose tan competitivos como antaño, marchándose al parón navideño en puestos de Liga de Campeones. Desgraciadamente, la grave lesión del Valerón en febrero provocó que se resintieran en su juego y los resultados fueron empeorando. En una discreta segunda vuelta bajarían a la octava posición de manera definitiva. En Copa del Rey eliminaron a CA Osasuna y Valencia CF, cayendo en semifinales ante el que a la postre sería el campeón, el RCD Espanyol. En el verano de 2006, el Dépor experimentó una revolución total, con la salida de MolinaCésar, Romero, Scaloni, Víctor, Pedro Munitis o Diego Tristán. Por apenas 8,5 millones de euros llegarían hasta catorce futbolistas, la mayoría de ellos muy jóvenes y con poca o ninguna experiencia en Primera Divisón: David Aouate (Racing de Santander), Alberto Lopo (RCD Espanyol), Álvaro Arbeloa y Filipe Luís (Real Madrid Castilla), Antonio Barragán (Liverpool FC), Pablo Álvarez (Sporting de Gijón), Rodri, Joan Verdú y Cristian Hidalgo (FC Barcelona 'B'), Juan Rodríguez (Málaga CF), Fabián Estoyanoff (Cádiz CF), Adrián López (Real Oviedo), Rodolfo Bodipo (Deportivo Alavés) y Riki (Getafe CF). Después de un prometedor inicio, el 'Baby-Dépor' se vendría abajo en los meses de noviembre y diciembre, logrando solo 3 empates. En la jornada 17 se encontraban en la zona de descenso, pero un sorprendente triunfo frente al Real Madrid de Fabio Capello (2-0), el equipo que ganaría la liga, levantó los ánimos blanquiazules, encadenando una racha de casi dos meses sin conocer la derrota (6 victorias y 6 empates). Tras volver a la senda de la irregularidad, finalizaron décimo terceros en la liga. La nota positiva volvió a estar en la Copa, en la que llegaron otra vez a semifinales, dejando por el camino a Racing de Santander, RCD Mallorca y Real Valldolid CF y siendo eliminados de nuevo por el que sería campeón, el Sevilla FC. Al final del curso, Caparrós se fue de Riazor para dejar ar paso a otro técnico que aportara "más ilusión y motivación", no sin antes hacer hincapié en la "gran calidad humana" del personal del club.
 
 
 
 

"El fútbol es esfuerzo, lucha y pasión". / Julián VÉLEZ
   
 
 
'Jokin' Caparrós
 
"Joaquín es un hombre de fútbol y de proyectos colectivos, de eso no cabe duda, y podemos considerarlo como la piedra angular del proyecto de un club". Estas son las palabras que Fernando García Macua dedica a Joaquín Caparrós en El Míster, el libro que nos muestra la visión del preparador sevillano acerca de todos los elementos que componen el fútbol. En julio de 2007, Macua ganó las elecciones a la presidencia del Athletic Club y apostó por Caparrós para el banquillo rojiblanco. "Venimos con muchísima ilusión y con muchas ganas. Sabemos que venimos a un club distinto y os podemos garantizar que nos vamos a dejar el alma y que os lo vamos a transmitir. Quiero transmitir a la afición esa ilusión, esas ganas, esa implicación y ese compromiso que hemos adquirido", declaraba el día de su presentación el técnico, que llegaba acompañado de Luci Martín como segundo y Luis Llopis como entrenador de porteros. Desde el primer momento se propuso "forjar la personalidad y el carácter" de una escuadra que pretendía convertir en un "bloque fuerte colectivamente". El Athletic ya contaba con un buena plantel (Dani Aranzubia, Andoni Iraola, Fernando Amorebieta, Javi Martínez, Pablo Orbaiz, Fran Yeste, Igor Gabilondo, Joseba Etxeberria, Aritz Aduriz, Fernando Llorente...), solo necesitaba renovar esa sangre competitiva que tanto gusta en Bilbao. Por esta razón, llegaron los fichajes de Gorka Iraizoz (RCD Espanyol), Aitor Ocio (Sevilla FC), Koikili Lertxundi (Sestao River Club), Asier del Horno (Valencia CF), Iñaki Muñoz y David López (CA Osasuna) y David Cuéllar (Club Gimnàstic de Tarragona), además de Armando Ribeiro (Cádiz CF) en el parón invernal. En su primer año, 'Jokin', como empezaron a llamarle a Joaquín en el Estadio de San Mamés, recuperaría la consistencia característica de los leones, que quedarían undécimos en liga como el cuarto conjunto menos goleado. En Copa del Rey superaron a Hércules de Alicante CF y RCD Espanyol, y aunque caerían en cuartos de final contra el Racing de Santander, habían logrado romper una racha de diez años sin eliminar a un equipo de Primera División en esta competición.
 
 
J.G.: En Bilbao te guardan muy buen recuerdo. Tomaste las riendas de un equipo que venía de haber pasado un año muy malo y lo convertiste en uno de los más competitivos de la liga. ¿Cuáles fueron las claves de aquel proceso?
J.C.: También es cierto que cuando yo voy al Athletic ellos piensan, como no puede ser de otra forma, en un técnico que le guste la cantera y vieron que, efectivamente, a mí me gustaba trabajar con la cantera. Era un año en el que se estaba discutiendo un poco si Lezama era productiva o no por lo que tú has comentado, un año muy delicado en el que se salvan en el último partido con el Levante. Y empezamos a hacer un trabajo muy intenso. Nos metemos en todas las tripas, en toda la historia del Athletic y sobre todo en lo que es Lezama. Empezamos a observar, a tener mucho contacto con los directores de Lezama y, bueno, salen futbolistas que después han jugado muchos años. La verdad es que fue un trabajo muy bonito.
 
J.G.: En 2009, volvisteis a disputar una final de Copa del Rey después de veinticuatro años, tras eliminar a cuatro equipos de Primera División. Sin embargo, ese recorrido os pasó factura en la liga. ¿Eres partidario de priorizar determinadas competiciones o prefieres ir adaptándote a lo que los tiempos te van deparando?
J.C.:
 Las situaciones son distintas. Nosotros teníamos la oportunidad, como tú dices, de volver a la final de una competición que siempre ha sido la del Athletic como es la Copa. Entonces, teníamos que valorar y tuvimos que asumir un riesgo. Lo asumimos y nos salió no del todo bien porque del todo bien hubiera sido ser campeón, pero por lo menos la gente volvió a ver una final después de veinticuatro años. Conseguimos el objetivo de la permanencia y creamos un ambiente de ilusión otra vez en la ciudad y en el País Vasco.
 
En 2008 el Athletic Club incorporó a Mikel Balenziaga (Real Sociedad de Fútbol 'B'), Joseba del Olmo (SD Eibar), Iñigo Vélez (Real Murcia) y Gaizka Toquero (Sestao River Club), que al principio fue cedido al Eibar pero al que repescaría en el mercado invernal. En liga no arrancó bien, con 1 victoria y 2 empates en las ocho primeras jornadas. Pero entonces llegó el primer partido de Copa del Rey, la competición que más alegrías ha dado a la entidad bilbaína a lo largo de su historia. En dieciseisavos de final superaron al 
RC Recreativo de Huelva (2-0 y 2-1), insuflándole a la plantilla una dosis extra de motivación. Después de aquello, los rojiblancos solo perderían un partido en dos meses y medio (7 victorias y 4 empates), incluyendo los octavos de final del torneo del KO contra CA Osasuna (1-1 y 2-0). El estilo de juego clásico del Athletic le venía como anillo al dedo a Joaquín Caparrós, cuyos equipos siempre han creado muchas ocasiones mediante ataques intensos y directos: "Para jugar como jugábamos con el Athletic, donde teníamos a dos futbolistas que podían ser Fernando Llorente o Toquero, por ejemplo, también teníamos que jugar con buenos futbolistas de banda como podían ser Susaeta o Iker Muniain". El preparador utrerano decidió apostarlo todo a la Copa: en cuartos superarían al Sporting de Gijón (0-0 y 1-2) y en semifinales al Sevilla FC (2-1 y 3-0). De esta manera, el Athletic Club se plantaba en una final tras veinticuatro años sin hacerlo. El último obstáculo era uno de los mejores equipos de todos los tiempos: el FC Barcelona de Pep Guardiola. En el Estadio de Mestalla, escenario de la final, 'Jokin' dispuso una alineación compuesta por Iraizoz; Iraola, Aitor Ocio, Amorebieta, Koikili; David López, Orbaiz, Javi Martínez, Fran Yeste; Toquero y Llorente. Pese al tanto inicial de Toquero, los culés empatarían a la media hora por medio de Yaya Touré, y ya en la segunda parte sentencerían el partido con tantos de Lionel MessiBojan Krkic Xavi Hernández.
 
 
 
 
 
  
 
El año 2009 se presentaba ilusionante para el Athletic Club. Aunque en liga habían sido décimo terceros, ser subcampeón de la Copa del Rey le daba derecho a disputar la UEFA Europa League , además de una Supercopa de España que volvería a ganar un FC Barcelona imparable. El  club se reforzó con Mikel San José (Liverpool FC), Óscar de Marcos (Deportivo Alavés), Xabi Castillo e Iñigo Díaz de Cerio (Real Sociedad). Y si en los dos años anteriores Joaquín Caparrós había dado la alternativa a Ion Vélez, Xabi Etxeita y Markel Susaeta, en este llegarían desde el filial Ander Iturraspe, Iñigo Pérez o Iker Muniain; este último debutó con 16 años en el partido de ida de Europa League ante el BSC Young Boys (0-1) e incluso marcaría el gol decisivo en la vuelta (1-2). Ya en la siguiente ronda, los vascos doblegaron al Tromsø IL (3-1 y 1-1). En liga comenzaron jugando a un gran nivel, aunque se fueron volviendo irregulares con el paso de las semanas. Incluso así, vivirían en puestos europeos durante la mayor parte de curso, pero un flojo mes de abril les mandaría finalmente al octavo puesto. En Copa del Rey fueron eliminados a las primeras de cambio por el Rayo Vallecano, mientras que en Europa League serían segundos del Grupo L por delante de FC Austria Viena y CD Nacional y tras el SV Werder Bremen. En dieciseisavos de final se las verían con el RSC Anderlecht. El choque de ida en San Mamés terminaría en empate (1-1); en la vuelta, disputada en el Constant Vanden Stock, los leones se vieron muy superados por los Lucas Biglia, Mbark Boussoufa, Jonathan Legear, Cheikhou Kouyaté y especialmente Romelu Lukaku, autor del primero de los cuatro tantos de los belgas (4-0)
 
Uno de los puntos fuertes de Joaquín Caparrós siempre ha sido su gran conocimiento de las categorías inferiores, algo fundamental en el Athletic Club. Durante su etapa en el Sevilla FC ya le había dado la oportunidad de estrenarse en la élite a quince jugadores, y en sus cuatro años en Bilbao haría lo mismo con más de veinte. Si bien se le otorga la medalla de haber hecho debutar a grandes futbolistas (Antoñito, José Antonio Reyes, Jesús Navas, Antonio Puerta, Sergio Ramos, Diego Capel, Adrián López, Antonio Barragán, Markel Susaeta, Mikel San José, Ander Iturraspe, Iker Muniain, Óscar de Marcos, Ibai Gómez, Víctor Camarasa...), él prefiere quitarse méritos: "Es una suma de mucha gente. El entrenador que sube a un jugador al primer equipo y se quiere poner la medalla se equivoca. Cuando tú subes a un futbolista es por la información que tienes de todos los técnicos y del director de fútbol base de ese equipo, porque te van diciendo "ese chico tiene talento". Entonces, tú lo que haces es observarlo, lo llevas al entrenamiento y, por lo tanto, lo vas formando un poco". El hecho de que canteranos formados en los escalafones inferiores lleguen al primer equipo siempre es gratificante para mucha gente del club, "desde el ojeador que estaba en un barrio viéndolo muy chiquitito y lo ficha hasta todos los técnicos que lo han estado formando. Creo que eso es un trabajo muy bonito", expresa Joaquín con una sonrisa, "es una satisfacción para un club ver a chicos que han salido a muy temprana edad triunfando y siendo jugadores muy importantes en el fútbol mundial". Al igual que millones de españoles, sentiría una alegría tremenda la noche del 11 de julio del año 2010, cuando la selección de España levantaba la Copa Mundial de la FIFA en Sudáfrica tras vencer en la final a Países Bajos. Entre los veintitrés futbolistas convocados por Vicente del Bosque, Caparrós reconoce que "tener siete futbolistas que has disfrutado en los entrenamientos, que has visto cómo escuchaban a los técnicos y cómo iban creciendo fue una gran alegría". Carlos Marchena, Jesús Navas, Sergio Ramos, Joan Capdevilla, Álvaro Arbeloa, Fernando Llorente y Javi Martínez fueron los siete campeones del mundo a los que Joaquín Caparrós ha dirigido a lo largo de su carrera.
 
 

J.G.: Has llegado a decir que la cantera española es una de las mejores del mundo pero que quizás no se aprovecha al cien por cien.
J.C.:
 Totalmente. Está en una situación donde se está aprovechando cada vez menos. La referencia la tenemos en los clubes como Real Madrid y FC Barcelona y la prueba la tenemos en nuestra selección. Si equipos como Madrid, Barcelona, Sevilla, Valencia o Villarreal tienen pocos jugadores donde nuestro seleccionador pueda escoger, se debilitará nuestro fútbol. Hay muy buenos chicos, hay muy buenos técnicos en la formación, preparan y enseñan muy bien a los chavales, por lo tanto, tenemos que aprovecharlo. Los chavales que tienen 20 o 21 años lo que están es deseosos de que llegue el entrenador del primer equipo y los ponga a jugar.
 

J.G.: Entonces, ¿crees que deberían contagiarse un poco el resto de clubes de esa filosofía que tiene el Athletic con Lezama?
J.C.: Hombre, yo creo que sí. Eso es complicado, pero creo que algo tendrán que hacer a nivel federativo o a quien le corresponda porque el fútbol va cambiando. Ya pasó de lo que eran las sociedades deportivas a las sociedades anónimas y ahora están pasando, diríamos, a cantidades de dinero por las televisiones y a los nuevos inversores. Viene capital de fuera, árabe, chino, etc., y viene con otra mentalidad a la hora de traer futbolistas, priorizan hacer negocio y muchas veces olvidan todo lo de abajo. Por lo tanto, la Federación tiene que anticiparse a ese tipo de cosas, a lo mejor como hace la UEFA, que creo que en todo obliga a los equipos a tener un número de jugadores inscritos formados en la cantera del club. Pues a lo mejor la Federación tiene que obligar también a tener un número mínimo de jugadores canteranos, o primar la Liga de Fútbol Profesional mediante las televisiones a aquellos equipos que tienen en la alineación jugadores canteranos. No sé si será lo correcto o no, pero es una idea.
 
 
 
 
 
 
 
 
En el verano de 2010 se despidieron del Athletic Club jugadores veteranos como Armando, Iñaki Muñoz, Fran Yeste o Joseba Etxeberria. 'Jokin' encontraría el relevo perfecto, cómo no, en las instalaciones de Lezama, concretamente en Raúl Fernández, Jon Aurtenetxe, Borja Ekiza, Ibai Gómez, Igor Martínez y Urko Vera. En la primera eliminatoria de la Copa del Rey superaron a la AD Alcorcón (0-1 y 2-0). Sin embargo, ya en los octavos de final tuvieron que enfrentarse contra el FC Barcelona. El encuentro de ida en el Camp Nou se resolvió en tablas (0-0); la vuelta en San Mamés finalizaría con otro empate (1-1), dando el pase a cuartos a los culés debido al valor doble de los goles en campo contrario. En la liga, el conjunto bilbaíno nunca llegó del todo a encontrar la regularidad en los resultados, penalizado sobre todo por sacar pocos puntos contra los equipos de la zona alta de la tabla. La consistencia contra el resto de rivales y los goles de Fernando Llorente le mantuvieron cerca de la sexta plaza hasta la jornada 20, fecha en la que se meterían de lleno en posiciones europeas para ya no salir de ahí. Empatado a 58 puntos con Sevilla FC y Atlético de Madrid, los vascos se clasificarían de nuevo la Europa League. A la conclusión del campeonato se celebraron elecciones a la presidencia del club. Fernando García Macua se presentó para ser reelegido, aunque, finalmente, el vencedor sería el ex futbolista Josu Urrutia, quien trajo un nuevo proyecto con el argentino Marcelo Bielsa como entrenador. A pesar del gran papel en sus cuatro años, el apoyo de la afición y su intención de continuar (tenía un acuerdo de renovación con Macua), Joaquín Caparrós se vio obligado a dejar el Athletic. Era el momento de tomar una nueva dirección en el camino.
 
 
Aventura en Suiza y rescate en Mallorca
 
Joaquín Caparrós decidió emprender su primera experiencia fuera de España. A finales del mes de julio de 2011, fichó por el Neuchâtel Xamax FC de la Superliga Suiza con el objetivo de levantar al equipo tras un mal inicio de liga. En sus filas contaría con conocidos de la liga española, como David Navarro, Víctor Sánchez, Kalu Uche o Javier Arizmendi, además de un grupo de futbolistas de más de diez nacionalidades diferentes. El conjunto rojinegro empezó poco a poco a mostrar muestras de mejora (1 victoria, 2 empates y 1 derrota). No obstante, el ambiente en el club no era el más idóneo para trabajar: "Las funciones de un entrenador que en España se consideran normales, como hacer lista de convocados, hacer un equipo o decidir los días de entrenamiento, pues allí hubo un propietario que quería imponer todo". Ese propietario era el empresario checheno Bulat Chagaev. Después de un empate en casa contra el FC Lausanne-Sport en la séptima jornada, Chagaev bajó a los vestuarios armado y rodeado de sus guardaespaldas para amenazar al cuerpo técnico y a unos jugadores que vivían aterrorizados. Joaquín no se aminoró y no le tembló el pulso a la hora de defender a los suyos. "Ahí tuve que ser entrenador y lo fui más que nunca", recuerda con orgullo, "no solamente por esa parte, sino por gestionar unos recursos de futbolistas que eran de muchísimos países distintos, que tenían el referente no solo en el entrenador, sino en el cuerpo técnico, y yo en este caso tenía que ser fuerte y estar con ellos". Ante esta situación, el propietario se enfureció hasta el punto de intentar agredirle, teniendo que ser retenido por su propia escolta. Después de aquel incidente, puso fin a su aventura helvética. "Fue un mes muy intenso pero de muchísima enseñanza", asegura.
  
"Cuando llegamos a Mallorca veíamos que teníamos unos jugadores y que había que cumplir un objetivo, por lo tanto, todo el mundo se mentalizó", cuenta Joaquín Caparrós recordando su llegada al banquillo del RCD Mallorca, en el que aterrizó en octubre de 2011 para relevar a Michael Laudrup. Aun siendo el sistema del danés muy distinto al suyo, Joaquín no llevó a cabo una gran revolución en el estilo de juego. "El entrenador se tiene que adaptar", explica, "convencimos a la plantilla porque eso es importante, que los jugadores crean en el mensaje que está mandando el entrenador, si no, no vale para nada. Pero si tú tienes un equipo donde predomina el toque y tienes jugadores para hacer eso, el entrenador está obligado a mantener esa idea". Algunas de las claves fueron motivar a futbolistas como 'Chory' Castro, apuntalar la defensa dando más minutos a Pau Cendrós o Pedro Bigas y mejorar la solidez en el centro del campo con Tomás Pina, Fernando Tissone y Michaël Pereira, dotando a los suyos de un fuerte carácter competitivo. Arriba, la responsabilidad anotadora caía principalmente en Víctor Casadesús y Tomer Hemed. Antes de la llegada de Joaquín, el equipo bermellón figuraba como decimocuarto en Primera División; tras lograr 45 puntos en 32 partidos, subieron hasta el octavo puesto, convirtiéndose en el cuarto equipo menos goleado: "El objetivo se cumplió y matemáticamente hasta el último partido tuvimos nuestra opción de meternos en Europa League, lo que pasa es que nos tocó el último partido con el Real Madrid de los récords con José Mourinho". Después de haber logrado un promedio de Liga de Campeones, Caparrós renovó su contrato con el club balear. 
 
 
  
 
 
 
 
La segunda campaña de Joaquín Caparrós en el RCD Mallorca fue realmente complicada. Para empezar, hubo doce bajas, entre ellas toda la zaga titular (Pau CendrósIván Ramis, Chico Flores, Pablo Cáceres) o 'Chory' Castro. En su lugar, aterrizaron una decena de futbolistas, entre los que destacaban Pedro Geromel (FC Colonia), Antonio López (Atlético de Madrid), Javi Márquez (RCD Espanyol), Giovani dos Santos (Tottenham Hotspur FC) o Javier Arizmendi (Getafe CF). El inicio fue sensacional, ganando tres partidos en el Iberostar Estadi y empatando dos a domicilio. Sin embargo, a partir de ahí el equipo se vino abajo. En más de cuatro meses solo lograron 1 victoria y 3 empates. "Hubo situaciones límite. Nosotros hicimos de todo para motivar al grupo, para cambiar la rutina y la dinámica de trabajo porque muchas veces es complicado", y eso que lo intentó de todas las formas posibles, ya que en el campo de la motivación "no hay un libro que te diga los códigos. La motivación la tienes que aplicar en el momento, en una situación con un futbolista o el grupo, parar el entrenamiento, provocar unas risas... mil situaciones en las que el entrenador tiene que ser, como líder del grupo, muy observador y darse cuenta de que el mínimo detalle puede motivar a un jugador". El ejemplo más claro se produjo en la decimosexta jornada frente al Athletic Club. Los mallorquinistas perdían al descanso y Joaquín quiso sorprender al vestuario con la proyección de un vídeo pornográfico buscando despertar a los futbolistas: "En ese momento creímos que era el momento más oportuno para crear una situación así para motivar al grupo. Y eso se hace ya, no es cuestión de prepararlo, se prepara cinco minutos antes". Pero ni por esas reaccionó el equipo. A principios de febrero, Caparrós fue cesado en el cargo y el RCD Mallorca, ya con Gregorio Manzano en el banco, acabó descendiendo a Segunda División 
 
 
Un periplo discontinuo 
 
La siguiente parada en el camino llevaría a Joaquín Caparrós a la costa valenciana. El 
Levante UD veía en él un relevo natural para Juan Ignacio Martínez. Aparte del entrenador, casi toda la plantilla granota había cambiado respecto a la temporada anterior. Joaquín conformaría un conjunto rocoso, muy potente físicamente y difícil de batir. Con un fantástico Keylor Navas en portería, Pedro López, David Navarro, Loukas Vyntra y Juanfran integraban una defensa experimentada y desesperante para los delanteros rivales. La fuerza en la medular de Pape Diop y Simão Mate y el trabajo en banda de Nabil El Zhar, Jordi Xumetra o Pedro Ríos generaban libertad para el hombre con más calidad del equipo, el austríaco Andreas Ivanschitz. Y en el ataque, David Barral aseguraba tanto presión a los rivales como efectividad para aprovechar las ocasiones de las que disponía. Pese al mal trago de la primera jornada en el Camp Nou (7-0), los levantinistas lograrían resultados de mucho mérito, como el empate en casa contra el FC Barcelona (1-1) o la victoria en el Sánchez-Pizjuán (2-3). Ya en la jornada 35, el Atlético de Madrid que se proclamaría campeón de liga salió derrotado del Ciutat de València (2-0). Aquel triunfo significaba la permanencia para un Levante que firmaría un meritorio décimo puesto, encajando solo más goles que los cuatro equipos de Liga de Campeones. Aunque el trabajo de Joaquín Caparrós había sido brutal, club y entrenador no llegaron a un acuerdo para la renovación del contrato.
 
 
J.G.: Según cuentas en tu libro El Míster, el fútbol son dos deportes en uno, por un lado, el físico y, por otro, lado el técnico. ¿Qué porcentaje en cuanto a importancia darías a cada uno?
J.C.:
Está claro que en el fútbol le pondría más parte a lo que es el juego. El futbolista tiene que dominar la faceta del juego técnicamente, y nosotros en eso somos un país con unos futbolistas sensacionales. Tú ves ahora en una escuela de fútbol a chavales con 12 y 13 años y técnicamente son buenísimos: hacen buenos controles, cómo golpean la pelota con las dos piernas... eso es porque se les está enseñando bien y es una base importante para que luego el futbolista sea bueno tácticamente, para que juegue con más velocidad, etc. Pero también es cierto que para jugar a la pelota tienes que tenerla y para tenerla hay una pelea, por lo tanto, ese concepto físico también es fundamental en este juego.
 
J.G.: Aunque siempre se dice que eres un entrenador al que le gusta mucho la presión, la intensidad... ¿Cuál crees tú que es tu sello? ¿Qué debe tener un equipo de Joaquín Caparrós?
J.C.:
A mí me gusta el buen futbolista, sobre todo el futbolista profesional, que viva su profesión, porque ese futbolista es el que asimila lo que le estás diciendo y el que asimila que le corrijas. Me gusta el futbolista que tiene un buen trato de balón, pero que ese trato sea siempre con un concepto colectivo. No me gusta el futbolista que juega solamente bien el balón, me gusta el futbolista que juega bien el partido, que técnicamente está dotado pero que luego tiene una mentalidad colectiva. ¿Quién juega bien al fútbol? Juega bien al fútbol aquel equipo que genera muchas ocasiones y que encima las mete. El fútbol se juega para generar ocasiones y para que no te las generen a ti. Si tú generas muchas ocasiones, es señal de que tú estás haciendo muchas cosas bien.
 
 
 
 
 
 
 
En la temporada 2014/15, Joaquín Caparrós regresaría a Andalucía de la mano del Granada CF. En el conjunto nazarí, que incorporaría nueve refuerzos y algunos jugadores que volvían tras cesión, destacaba especialmente la línea de ataque con Piti, Rubén Rochina, Isaac Success o Youssef El-Arabi. Los cuatro primeros partidos de liga fueron positivos, imponiéndose en casa al RC Deportivo de La Coruña (2-1), empatando con Elche CF (1-1) y Villarreal (0-0) y sacando tres puntos en la visita al Athletic Club (0-1). A partir de ahí, los rojiblancos solo ganaron un partido en cuatro meses, en Copa del Rey ante el Córdoba CF. "Hay veces que por muchas cosas que tú hagas no llegas ni al futbolista ni al grupo", señala Joaquín, una tarea aún más difícil cuando debes gestionar un plantel tan variopinto como el del Granada, con una veintena de nacionalidades distintas. Después de 14 partidos de liga sin conocer la victoria y ocupando la plaza de colista, la eliminación copera en octavos de final ante el Sevilla FC (1-2 y 4-0) sería definitiva para que el club granadino y el entrenador sevillano pusieran fin a la vinculación entre ambos. Ya a principios del mes de noviembre de 2016, tomaría las riendas de un CA Osasuna recién ascendido a Primera División. Los rojillos, integrados en su mayoría por canteranos, marchaban penúltimos en la clasificación. Las dificultades para enderezar el rumbo de un vestuario muy debilitado tras la salida de Enrique Martín, técnico de la casa y artífice del ascenso, provocarían la destitución de Caparrós dos meses después. En junio de 2017, comenzaría su desafío más exótico al firmar por el Al-Ahli SC de la Qatar Stars League, una liga al alza por la que ya habían pasado algunos españoles. "Desde el primer momento en el que plantearon la posibilidad de entrenar al Al Ahli me ilusioné con el proyecto, ya que se trata de uno de los equipos históricos del fútbol asiático", escribió en su web oficial. Allí contaría con futbolistas importantes como Simão Mate, a quien había dirigido en el Levante, los tunecinos Hamza Younès y Yassine Chikhaoui, el colombiano Cristian Nazarit o los internacionales cataríes Meshal Mubarak, Tresor Kangambu y Meshal Abdullah. El primer tramo de liga no fue nada fácil (1 empate y 3 derrotas), pero una holgada victoria a domicilio frente al Qatar SC (0-3) dio a los verdiblancos la confianza que necesitaban. Justo antes del parón invernal, cuando las piezas estaban empezando a funcionar, Joaquín presentó su dimisión por motivos personales, dejando al equipo en sexta posición.
 
 
La vuelta a casa
 
Si hay algo de lo que nunca se puede dudar acerca de Joaquín Caparrós, aparte de su vocación como entrenador, es de su amor a los colores del Sevilla FC. Él es sevillista confeso desde la cuna y, a pesar de que su trayectoria profesional le ha llevado a muchos lugares, siempre ha presumido de sevillismo allá por donde ha ido. La temporada 2017/18 estaba siendo muy extraña en Nervión; los buenos resultados del inicio liguero habían desaparecido, mostrando las debilidades de un conjunto cuyo juego no convencía ni a afición ni a directiva, que a finales de diciembre destituyó a Eduardo Berizzo. Su relevo, Vincenzo Montella, llevó al club por primera vez hasta cuartos de final de la Liga de Campeones y también a la final de la Copa del Rey 
donde fue arrollado por el FC Barcelona (0-5), pero el equipo no daba la talla en liga y veía peligrar su clasificación europea. Entonces, la entidad presidida por Pepe Castro pensó que el único hombre capaz de levantar al grupo y transmitirle un mensaje ganador en el último mes de competición no era otro que Joaquín Caparrós, que volvería a sentarse en el banquillo blanquirrojo después de trece años. El objetivo pasaba por devolver la competitividad a un grupo de grandes futbolistas que parecían derrotados: Jesús Navas, Gabriel Mercado, Simon Kjaer, Clément Lenglet, Sergio Escudero, Miguel Layún, Steven N'Zonzi, Éver Banega, Pablo Sarabia, Franco 'El Mudo' Vázquez, Luis Muriel, Wissam Ben Yedder... "Hay que ir paso a paso y partido a partido. Nosotros tenemos que estar pendientes nada más de lo más inmediato", decía en su presentación Caparrós, que se apoyaría en Antonio Álvarez, Carlos Marchena y Paco Gallardo. No solo exprimió a tope el rendimiento de estos jugadores, sino que, además, recuperó para la causa a otros que parecían olvidados como Nico Pareja, Roque Mesa, Nolito o Sandro Ramírez. A base de implicación, intensidad, lucha y saber sufrir, vencieron a Real Sociedad (1-0) y Real Madrid CF (3-2). Antes de visitar al Real Betis Balompié, Joaquín decidió sobre la marcha alentar a sus tropas con una sesión de entreno a puertas abiertas. El Sevilla empató en el Estadio Benito Villamarín (2-2) y posteriormente superaría al Deportivo Alavés (1-0), con toda la grada coreando a Caparrós. El de Utrera y los suyos habían logrado 10 puntos de 12 posibles y desde la séptima posición se clasificaron para la UEFA Europa League.
 
 

J.G.: A veces los entrenadores se encuentran con situaciones en las que necesitan más habilidades motivadoras que futbolísticas. La motivación en un grupo tienes que llevarla en el momento, como bien has comentado, pero para eso hace falta creatividad y capacidad de improvisación. ¿Crees que también se pueden entrenar este tipo de aspectos?
J.C.:
 La creatividad y la capacidad de superación se pueden entrenar. Para eso te da riqueza tu experiencia, tú tienes que intuir. ¿La intuición es experiencia o es algo que o tienes innato? Puede ser la mezcla de las dos cosas. La intuición puede ser una experiencia, pero también puede ser intuitiva una persona con veinte años sin mucha experiencia. Una mezcla de todo. Yo creo que el entrenador tiene que tener unas cualidades. Se da por hecho que tienes que manejar los conceptos físicos, la técnica y la táctica, pero luego tienes que gestionar recursos humanos. Cada persona es distinta, la motivación son sentimientos y tienes que saber cómo tocar la sensibilidad de ese futbolista o de ese grupo.
 
 
  



  
 
En mayo de 2018, Joaquín Caparrós sería nombrado nuevo director de fútbol del Sevilla FC, encargándose también de la secretaría técnica: "Hay que aspirar a ser exigentes y luego la competición te pondrá donde merezcas, pero tenemos que aspirar a lo máximo". En primer lugar, contrata a Pablo Machín como entrenador, que había realizado un trabajo espléndido en el Girona FC. El esquema habitual de Machín (3-5-2) exigía una renovación de la plantilla; David Soria, Sergio Rico, Pareja, Lenglet, N'Zonzi, Guido Pizarro o Joaquín Correa salen para hacer sitio a Tomás Vaclik (FC Basilea), Sergi Gómez (RC Celta), Joris Gnagnon (Stade Rennes FC), Aleix Vidal (FC Barcelona), Ibrahim Amadou (Lille OSC), Maxime Gonalons (AS Roma), Quincy Promes (FC Spartak Moscú) y André Silva (AC Milan). El Sevilla empieza la temporada como un tiro, superando tres rondas previas de Europa League y firmando un espectacular comienzo de liga, en la que sería líder varias jornadas. En enero la dirección deportiva trae Max Wöber (AFC Ajax), Marko Rog (SSC Nápoles) y Munir El Haddadi (FC Barcelona). Sin embargo, el equipo va bajando considerablemente su nivel. Machín confiaba en un núcleo reducido de futbolistas, por lo que los más habituales estaban agotados física y mentalmente. En marzo, la eliminación en octavos de final de Europa League a manos del SC Slavia Praga sentenciaría al técnico soriano, cesado en el puesto y sustituido por el propio Caparrós. "Una de las obligaciones que tiene que tener un entrenador, por encima de todo, es analizar la plantilla que tiene y sacarle el máximo rendimiento", y él conocía muy bien el plantel que había confeccionado. Fiel a su sistema (4-4-2), apuesta por futbolistas aguerridos y poderosos en los duelos y por ataques muy verticales. En la jornada 28, su regreso al banquillo se salda con triunfo ante el RCD Espanyol (0-1). De esta forma, en su partido 500 en Primera División acaba con la mala racha del Sevilla lejos de casa, donde no ganaba en liga desde septiembre. El traspiés ante el Valencia CF (0-1) da paso tres victorias seguidas contra Deportivo Alavés (2-0), Real Valladolid (0-2) y Real Betis (3-2). El papel de Caparrós en los derbis sevillanos merece mención aparte, pues hablamos del entrenador que ha participado en más choques de este tipo (12), con 4 victorias, 7 empates y 1 derrota. Nadie sabe afrontar estos duelos como él, especialista en motivar a toda la parroquia sevillista con su discurso y su energía, tanto fuera como dentro del campo. Tras el derbi, los resultados no son tan positivos (1 victoria, 1 empate y 3 derrotas), pero en la última jornada el Sevilla se impone al Athletic Club (2-0) y se asegura la sexta plaza y la clasificación europea. El utrerano pondría fin a su tercera etapa en el banquillo nervionense, convertido ya en el entrenador que más partidos ha dirigido en la historia del club (241).
 
Joaquín Caparrós es una persona enérgica e inquieta que nunca deja de hacer cosas. Ama el fútbol de manera pasional y se siente en el compromiso de devolver todo lo que este deporte le ha dado. Por un lado, todos los meses de julio organiza un Campus de Fútbol Base para los más jóvenes en San Esteban de Gormaz (Soria). Por otro, programa másters, conferencias, charlas y torneos para entrenadores mediante su fundación, para así compartir sus conocimientos y la experiencia que ha adquirido en sus más de treinta años como profesional. Él ha vivido muy de cerca cómo han cambiado los métodos y las herramientas de entrenamiento desde que comenzó a entrenar a principios de los ochenta. "Antes hacía de preparador físico y entrenador de porteros, tenía que dar hasta masajes, ser mi propio jefe de prensa...", recuerda, "ahora hay muchos especialistas y cada vez se van uniendo más. Yo he ido creciendo con esa especialización y he ido adaptándome". Y no solo adaptándose, sino reinventándose, "innovar, tienes que ir por delante porque el fútbol, si te paras, te come porque va a una velocidad muy grande". Cuando no está trabajando para algún club, le gusta colaborar con la prensa deportiva. De hecho, empezó a estudiar Periodismo y alguna vez ha comentado que en su formación como entrenador echó en falta un apartado en relación con los medios de comunicación: "En cada equipo en el que he estado he puesto en el cuerpo técnico una persona de comunicación, que tenga experiencia y que domine y conozca los medios de comunicación, la ciudad y el club, porque eso ayuda no solamente al entrenador, sino a los jugadores y al propio club. Igual que hay preparador físico, nutricionista o fisio, tiene que estar el especialista de comunicación". Y es que la presión que transmite la prensa y el hecho de que a veces se alimente de temas polémicos o extradeportivos también supone un hándicap; "pero es lo que hay, nos beneficiamos todos porque se vende mucho fútbol y, al final, eso repercute en los profesionales. Por tanto, hay que adaptarse y llevarlo lo mejor posible dentro del respeto que tiene que haber entre las dos profesiones".
 
 
J.G.: Joaquín, ¿qué es lo que más te gusta del fútbol?
J.C.:
Todo. Lo que más me gusta del fútbol es entrenar. Disfruto entrenando, ponerme las botas y salir a un campo es lo que más me gusta. Lo que menos me gusta, qué duda cabe, son las tomas de decisiones que afectan a un futbolista, como no ponerlo, porque está entrenando con la máxima intensidad, con la ilusión, con una familia, y tú tienes que hacer una convocatoria. No llevarlo, no ponerlo o decirle a un futbolista que no vas a contar con él es la parte más fea de ser entrenador, pero es una parte que el entrenador tiene que hacer porque está entre sus obligaciones y para eso le pagan, para tomar decisiones.
 
 
 
 

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