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"TRABAJO,
CONSTANCIA
Y SACRIFICIO"
ALFONSO CORTIJO:
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EL ÚNICO JUGADOR DE LA HISTORIA QUE HA COMPARTIDO VESTUARIO CON 'MÁGICO' GÓNZALEZ Y DIEGO ARMANDO MARADONA. NACIDO EN LA BARCA DE LA FLORIDA (CÁDIZ), UN PEQUEÑO PUEBLO SIN APENAS RECURSOS, A BASE DE ESFUERZO, PERSEVERANCIA Y SABER ESTAR CONSIGUIÓ HACER REALIDAD EL SUEÑO DE LA MAYORÍA DE LOS NIÑOS DE LA ÉPOCA: SER FUTBOLISTA PROFESIONAL. UNA VEZ AFIANZADO EN LA ÉLITE, SUPO CÓMO SUPERAR LAS DIFICULTADES Y PALIAR CADA UNO DE LOS PROBLEMAS CON LOS QUE SE IBA ENCONTRANDO HASTA CONVERTIRSE EN LO QUE ES HOY EN DÍA, UN FUTBOLISTA RECORDADO Y ADMIRADO POR MUCHOS Y UN ENTRENADOR DE RENOMBRE CON AMPLIA EXPERIENCIA EN LOS BANQUILLOS. "TRABAJO, CONSTANCIA Y SACRIFICIO" SON LOS VALORES QUE REPRESENTAN EL ESPÍRITU DE ALFONSO CORTIJO.
 
 
Emilio VALENZUELA
 

   
 
 
 
Acudimos a la casa número 7 de la calle Juan Ramón Jiménez, en la pequeña población de La Barca de la Florida, situada a unos 20 kilómetros de Jerez de la Frontera (Cádiz). Nos encontramos con una vivienda unifamiliar, simple, sin ninguna extravagancia y sin lujos. Todo lo contrario a lo que uno podría imaginarse cuando visita la casa de un deportista profesional. Esto solo es un preludio que nos anticipa y nos va dando una idea del tipo de persona que es Alfonso Cortijo, alguien humilde que nunca ha necesitado excentricidades para ser reconocido como un gran futbolista. En la puerta nos recibe Álex, su hijo, también futbolista. Me saluda con la amabilidad de dos personas que se conocen y se aprecian. Acto seguido, nos invita a entrar en su casa con total confianza. "Mi padre puede ser que esté cogiendo tagarninas", nos avisa. Accedemos al domicilio por la parte del garaje donde está la mujer de Cortijo, que también nos dedica un gesto de amabilidad.
 

Álex hace de guía y nos dirige escaleras arriba. Entramos en el dormitorio de sus padres. Allí pasamos a una pequeña salita que se encuentra en la misma habitación. Probablemente ese sea el rincón más valioso de la casa; diez metros cuadrados de puro fútbol. "Vamos cogiendo lo que queráis para la entrevista", nos indica. Fotografiamos todo cuanto vemos: cientos de imágenes, archivadores llenos de recortes de periódicos, premios, un armario repleto de camisetas de diferentes equipos, otro solo para cientos de CD y un ordenador que es una mina futbolística. Este es el pequeño museo de Alfonso Cortijo. Realizamos un exhaustivo trabajo de campo en la zona acotada. Cuando estamos guardando todo el material utilizado, se oyen unos pasos que procedentes de la escalera. Ahí llega Cortijo. Me saluda dándome la mano con firmeza y con la sonrisa de alguien al que no ves desde hace tiempo. "¿Habéis visto la camiseta de Brasil de Bebeto?", nos pregunta con interés, "también tengo la de Suker, la de Kiko y hasta la de Maradona". Mientras Álex y yo arreglamos el desbarajuste que hemos causado en el armario de las camisetas, Cortijo aprovecha para darse una ducha antes de dar comienzo a nuestra entrevista.
 
 
  
 

      
 
Una infancia humilde
 
Después de colocar todo tal y como estaba, bajamos al salón. Allí está ya preparado nuestro protagonista dispuesto a hablar de fútbol. El lugar escogido para sentarnos a charlar es el sofá. De repente suena el timbre; son sus sobrinos. La alegría en la sonrisa de estos niños nos hace retroceder a la infancia, una etapa de la que Cortijo se acuerda bastante bien: "Siempre estaba jugando en la calle y ayudando a mi familia en el campo". Antes había un bosque en el terreno sobre el que ahora está su casa, en el que el pequeño Alfonso pasaba horas y horas jugando al fútbol, utilizando los pinos como palos de la portería. Hablamos de unos años en los que apenas había instalaciones deportivas, y menos en un pueblo pequeño, donde por aquel entonces vivirían unos 2.000 habitantes. "Sin campo de fútbol para jugar, no nos quedaba más remedio que venirnos aquí. Cortábamos los árboles y con eso hacíamos las porterías y el terreno de juego", explica; "había también un campo de fútbol de tierra, pero estaba muy lejos y nuestros padres no nos dejaban ir". Cortijo vivió sus años de niñez durante la década de los 70. "Cuando éramos pequeños recuerdo que solo podíamos estudiar lo que nos dejaban nuestros padres. Por suerte eso ha cambiado", señala. Entonces la práctica del fútbol sí era realmente un hobby para distraerse, no como ahora que se está convirtiendo en un deporte mercantilizado, en el que muchos niños son obligados a jugar por padres que sueñan con ganar dinero a su costa: "Hoy día los críos están federados desde que tienen 4 años y entrenan como profesionales". En su caso no fue así, no empezó a jugar seriamente hasta los 15, "había otro tipo de preocupaciones que te hacían no poder dedicarte plenamente al fútbol".
 

La presión que imprimen actualmente algunos padres sobre los niños es perjudicial para su desarrollo y muchos acaban detestando el fútbol. "En ese sentido, mi familia fue clave, nunca se metieron en nada e incluso fueron pocas veces a verme", destaca Cortijo. Crecer en un buen entorno es fundamental para la madurez personal y deportiva de cualquier joven. Alfonso tuvo suerte en este aspecto: "Nunca he tenido ningún tipo de presión familiar. Desde los 15 años he estado viviendo fuera y los problemas que he tenido me los he comido yo o se han quedado en el campo". En ningún momento llegó a pensar que sería futbolista. Las prioridades en aquel momento eran otras, por lo que no tenía tiempo para poder centrarse solo en el fútbol, "tenía que estar trabajando en el campo y jugando a la vez". Puede que fuese entonces cuando empezó a desarrollar la fuerza física y la resistencia que demostraría más tarde como profesional. Durante un tiempo intentó hacer ambas cosas, pero en el fondo sabía que para poder cumplir unos objetivos debía renunciar a otros, así que se vio obligado a elegir entre seguir trabajando con su padre o jugar a fútbol. "Al final escogí bien", reconoce sonriente. El destino es caprichoso. Si a lo mejor Cortijo no llega a centrar sus esfuerzos en el fútbol, esta charla no se hubiera producido, y "si no hubiese sido futbolista, a lo mejor estaría de albañil o trabajando en la parcela".
 
 
EMILIO VALENZUELA: ¿Siempre tuviste claro que querías ser futbolista? De no haberlo conseguido, ¿a qué te hubieras dedicado?
ALFONSO CORTIJO:
En aquellos tiempos, en los que estaba trabajando en el campo y a la vez jugando, llegué a un momento de mi vida en el que me planteé ser futbolista, aunque siempre con el riesgo de no saber si iba a llegar o no. Si no hubiese sido futbolista... a saber, a lo mejor estaría hoy de albañil, en el campo o en la empresa en la que estaba mi padre.
 
E.V.: ¿Cómo llevaba un joven humilde, de un pequeño pueblo, el hecho de convertirse en un futbolista importante? ¿Cómo actuaba para intentar seguir siendo siempre el mismo?
A.C.:
Siempre he intentado llevarlo con la máxima humildad, tratando a las cosas por su nombre. Fue todo muy rápido, de no jugar a fútbol hasta los 15 años a dos años después estar entrenando en Segunda División y al cuarto año debutar en Primera. Apenas tuve tiempo de adaptación, tuve que asumirlo lo más rápido posible.
 
 
 
 
 
     
 
Betis no, Cádiz sí
 
El trabajo duro a veces también es generoso y da sus frutos. Alfonso Cortijo apenas había recibido formación futbolística en su infancia, pero ya llamaba la atención de varios ojeadores desde muy joven. Ya con 15 años despuntaba como lateral en el equipo de su pueblo, el Florida CD, que entonces militaba en Primera División Andaluza. El primer club que llamaría a su puerta sería el Real Betis Balompié: "Yo jugaba en el equipo del pueblo y me dijeron que el Betis estaba interesado en que fuera a hacer unas pruebas. Obviamente fui. En aquel momento, el entrenador de los juveniles del Betis era Luis de Sol, campeón de la Copa del Rey". Tras pasar un mes a prueba en los campos de entrenamiento de Villa Heliópolis, ambas partes parecían dispuestas a firmar el contrato. Sin embargo, el club verdiblanco decidió que el futbolista permaneciera una temporada más en el Florida, con el que ascendería a la Regional Preferente. "Después de aquel año, volvimos de nuevo ya para la firma oficial. Cuando todo estaba hecho, en el último momento no llegaron al acuerdo por la disputa de un encuentro entre la primera plantilla del Betis y el Florida", un requisito indispensable para que Cortijo pudiera plasmar su escritura en el contrato de cualquier equipo. Por suerte había más interesados.
 
Los dos clubes más importantes de la provincia, Cádiz CF y Xerez CD, ya habían oído hablar del potencial del joven Cortijo en el lateral y querían ficharlo. "Acabamos optando por la opción del Cádiz, era la que más me convenía", asegura. El conjunto cadista sí aceptó jugar en La Barca de la Florida. Fue precisamente aquí, en el verano de 1982, donde se produjo el debut en España de Jorge Alberto 'Mágico' González, con tres goles y una auténtica exhibición del atacante salvadoreño. Así pues, Cortijo firmaría con el Cádiz CF a los 17 años. "Era la primera vez que el juvenil del Cádiz estaba en Liga Nacional", con una generación muy prometedora compuesta por futbolistas como José Manuel Barla, Antonio Calderón, José González, Mayé o Poli. En la actualidad, la entidad gaditana cuenta con una de las canteras más fructíferas del país, unas instalaciones envidiables y una residencia para los jugadores foráneos. Antes era otra historia. Alfonso tenía que ir a Cádiz y volver casi a diario, "apenas había combinaciones de autobuses y para desplazarse se hacía autostop. Bajaba en el kilómetro 81 de la autopista y ya venía desde Estella del Marqués para La Barca". Eran unas condiciones muy duras para un joven que casi nunca había salido de su pueblo. Afortunadamente, en la plantilla "había ya algunos conocidos del pueblo como los hermanos Figueroa, Castro o Hernández. Todo esto ayudó a mi adaptación". En el Cádiz, Cortijo escala categorías con rapidez, pese a ser todavía un juvenil. En 1984 forma parte del Cádiz CF 'B' que bajo las órdenes de Luis Escarti logra el ascenso a Tercera División, sentando las bases de una cantera poco organizada hasta entonces. El barqueño casi no tuvo tiempo de asimilar que su carrera estaba subiendo como la espuma: "Fue todo muy rápido. Llegué en juveniles y al año siguiente ya estaba entrenando con el primer equipo".
 
El 9 de septiembre de 1984, la recién creada AFE (Asociación de Futbolistas Españoles) convocó una huelga para reivindicar la situación de indefensión laboral de los futbolistas profesionales. Aun así, tanto los clubes como la RFEF (Real Federación Española de Fútbol) decidieron no suspender la que sería la segunda jornada liguera, afrontando los partidos con jugadores que no apoyaran la huelga, extranjeros y canteranos sin ficha profesional. Juveniles como Cortina, Hernández, Huertas, José González, Juli, Linares, Rafael o el propio Cortijo tuvieron la oportunidad de debutar en Segunda División con el primer equipo amarillo. Además, lo harían en el Estadio Ramón de Carranza, en la victoria local contra el RC Celta de Vigo (2-0). "Ahí ya empecé a creer que podía ser futbolista profesional", comenta Cortijo. En menos de dos años, Alfonso Cortijo pasó de jugar en el bosque de su pueblo a cambiarse las botas junto a 'Mágico' González. Pero lo que sube muy rápido también tiene su réplica a la inversa. "Después de estar casi todo el año entrenando con el primer equipo, la temporada siguiente me bajaron a Tercera. Eso fue un jarro de agua fría", admite con cierta tristeza. "Pensé que ya no contarían conmigo, que acabaría en el camino como tantos otros. Pero por suerte no fue así". Al año siguiente continuó jugando en Tercera División y ya con casi 20 años empezó a ejercitarse con el primer equipo, con Víctor Espárrago como entrenador. Cortijo no sabía que aquel uruguayo con fama de serio marcaría un antes y un después en su carrera deportiva. En 1987 se disputó la edición XXXIII del Trofeo Ramón de Carranza, en la que participaron Cádiz CF, Sevilla FC, Club Nacional de Football (Uruguay) y CR Vasco da Gama (Brasil), que sería el que levantara aquel título. "Ahí ya tuve la oportunidad de jugar porque dos compañeros se lesionaron del menisco y pude entrar", recuerda Cortijo, que cuajó una actuación sobresaliente en el torneo. "Ya a partir de ahí iba entrando en convocatorias hasta que debuté frente al Sabadell".
 
 
 
 


 


Desde que disputara el Trofeo Carranza 1987, Cortijo fue consolidándose en la élite, jugando contra futbolistas como Hugo Sánchez, Bernd Schuster o Luis Arconada. / Archivo
   
 
 
El salto a la élite
  
El debut de Alfonso Cortijo en Primera División se produjo el 6 de septiembre de 1987, en el Estadio Nova Creu Alta, sustituyendo a Juan José 'Sandokán' en un partido entre el CE Sabadell FC y el Cádiz CF (0-1). Todos los flases apuntaban a un chaval de 21 años al que quizás le podía venir grande aquella situación, sobre todo teniendo en cuenta que no habían transcurrido ni cuatro años desde que trabajaba en la parcela de su padre. Hemos visto multitud de casos de jóvenes promesas del deporte que arruinan sus carreras por culpa de la fama. No fue este el caso de Cortijo, que a partir de entonces no paró de ir hacia arriba: "Siempre lo llevé con la mayor humildad posible. Como fue todo tan rápido no tuve tiempo de adaptación y tuve que asumir muy rápidamente que estaba empezando una nueva vida". Así, sin hacer ruido, empezó a derrumbar muros hasta llegar a la élite del fútbol español, aunque, como bien dice, "llegar podría ser incluso fácil, lo difícil es mantenerse". Y tanto que se mantuvo.
En su primera temporada con el primer equipo (1987/88) Cortijo disputó 21 partidos de liga. El lateral fue asentándose poco a poco en el once titular hasta convertirse en una pieza indiscutible de la defensa. Su presencia aportó aún más solidez al conjunto cadista, que con Cortijo en el campo solo perdería 8 partidos en todo el curso. En la jornada 32 se estrenaría como goleador en Primera División marcando en el empate a domicilio contra el RCD Español (2-2). Aquel año el Cádiz lograría alcanzar el duodécimo puesto de la tabla, la mejor clasificación de su historia hasta la fecha. Víctor Espárrago había configurado un equipo disciplinado y trabajador, intenso en el centro del campo y vertical en ataque, convirtiendo a los andaluces en una de las grandes revelaciones de la liga.
 
El gran papel de Víctor Espárrago en tierras gaditanas le llevó a fichar por el Valencia CF en 1988. En su lugar, aterrizó el austriaco Helmut Senekowitsch, que duraría en el cargo hasta la séptima jornada, cuando fue sustituido por un viejo conocido de la afición cadista como era David Vidal. Por su parte, Alfonso Cortijo se consolidó definitivamente en el lateral izquierdo, disputando 36 encuentros de liga como titular durante la temporada 1988/89. En el primero de ellos, en la jornada 1, le hizo un doblete al RC Celta de Vigo, pero no sirvió para que los suyos puntuaran en el Estadio de Balaídos (3-2). Después de aquel buen inicio anotador, acabaría el curso nada más y nada menos que con 5 goles en su haber. Por su posición, suponía que no habría marcado muchos goles a lo largo de su carrera, pero automáticamente me corrige: "¡Cómo que no! ¡Si metí 14 goles en Primera!". Por cierto, el Cádiz confirmaría su permanencia en Primera División en la última fecha del campeonato gracias a la victoria como visitante ante el Real Murcia CF (0-1). Antes, en la jornada 37, había logrado empatar en casa ante el FC Barcelona (1-1), con gol de Cortijo incluido.
 
La espléndida campaña de Cortijo despertó la atención de equipos como el RCD Mallorca. El entonces técnico balear, Lorenzo Serra Ferrer, insistió en que el club bermellón pagara la cláusula de rescisión del joven defensor, que antes quiso darle al Cádiz la opción de igualar la oferta. El presidente cadista, Manuel Irigoyen, aceptó mejorarle el contrato y Cortijo decidió permanecer en el equipo. La temporada 1989/90 sería complicada a nivel colectivo debido a la polémica surgida entre 'Mágico' González y David Vidal. El entrenador gallego dejó de alinear al salvadoreño porque creía que no trabajaba lo suficiente para el equipo, provocando así el enfado de la afición gaditana. Al final, Vidal acabó siendo destituido y su puesto fue ocupado por el británico Colin Addison, que tampoco contaría con 'Mágico' para sus alineaciones. A falta de cuatro jornadas para acabar la liga, el Cádiz necesitaba ganar todos sus encuentros si quería eludir el descenso. Y así lo hizo. Derrotó a AD Rayo Vallecano, Real Sociedad, CD Tenerife y RC Celta con idéntico resultado (1-0). Por otro lado, los amarillos llegaron más lejos que nunca en la Copa del Rey, eliminando a CF Joventut Mollerussa (1-3 y 3-0), FC Barcelona Atlètic (1-1 y 2-2), Real Betis Balompié (1-0 y 2-0) y Real Sporting de Gijón (0-0 y 2-1), cayendo en semifinales ante el Real Madrid CF (0-1 y 3-0).
 
 
 
 


   
 
 
La temporada 1990/91 sería de infarto. Con el argentino Héctor Veira en el banquillo, el Cádiz realizó un pésimo primer tramo de liga, con solo un triunfo en 17 encuentros. En invierno, Veira dio paso al tándem formado por Ramón Blanco y Lorenzo Buenaventura. En la jornada 34, el Submarino Amarillo era colista de la clasificación y no le quedaba otra que apelar a la épica. Por si fuera poco, le tocaba recibir al FC Barcelona de Johan Cruyff en uno de los partidos más recordados en la historia del Cádiz. "Si ganaban, eran campeones. Ellos venían ya con la idea de celebrar el título de liga, traían hasta el cava", rememora Cortijo. El Dream Team llegaba al Carranza para ganar el campeonato y al descanso ya perdía 3-0. "No nos lo creíamos ni nosotros. Llegamos al vestuario en el descanso y todavía estábamos asustados pensando que si nos metían un gol nos ganaban". Finalmente, los azulgranas fueron vapuleados (4-0), aunque "al final, se tomaron el cava porque el Madrid perdió en Tenerife, si no, se lo acaban llevando de vuelta". Cortijo califica aquel día como uno de los más bonitos que ha vivido en su trayectoria profesional. Las opciones del Cádiz para mantener la categoría pasaban por hacerse fuerte en su estadio. En primer lugar, derrotaría al Sevilla FC con un gol de Pepe Mejías en la recta final (2-1). Ya en la última jornada, lograría una sufrida victoria ante el Real Zaragoza (2-1), con el jovencísimo Kiko Narváez convirtiéndose en el héroe de la remontada. De esta forma, los cadistas se metieron en promoción de permanencia, donde se jugarían todo contra el CD Málaga. El encuentro de ida disputado en el Estadio La Rosaleda se saldó con triunfo local (1-0). Cortijo, que había sido titular indiscutible en absolutamente todos los partidos de liga, se perdería la vuelta en el Carranza por sanción: "Lo pasé fatal, no se puede sufrir más". En un choque caliente como pocos, con tres jugadores expulsados, José González marcaría en la segunda parte (1-0), igualando una eliminatoria que terminaría decidiéndose en la tanda de penaltis. El guardameta húngaro Jozsef Szendrei sería el salvador del conjunto amarillo al detener los dos últimos lanzamientos de los malaguistas, dejando un año más al Cádiz en la élite del fútbol español. "Recuerdo que al terminar el partido rompí a llorar liberando toda la tensión que había acumulado", cuenta Cortijo.
 
 
El Sevilla FC y la Roja
 
Víctor Espárrago firmó por el Sevilla FC para la campaña 1991/92 y solicitó la incorporación de Cortijo para el lateral derecho. No era la primera vez que quería ficharle, pues ya lo había intentado cuando se marchó al Valencia CF. "Un día me llamó y me comunicó que quería llevarme con él, pero, finalmente, no llegaron a un acuerdo por el traspaso". En esta ocasión, el técnico charrúa se sale con la suya y se lo lleva a una plantilla en la que ya estaban Juan Carlos Unzué, Manolo Jiménez, Ignacio Conte, Rafa Paz, Pablo Bengoechea, Ramón Vázquez, Davor Suker, Iván Zamorano... En su primer año en Sevilla, Cortijo realizó su mejor temporada como profesional, disputando 40 partidos como titular y anotando 3 goles. Merece la pena destacar el que le marcó al vigente campeón, el FC Barcelona, en la segunda jornada de liga. Tras servir un par de asistencias al chileno Zamorano, su tanto certificó la victoria sevillista en el Estadio Ramón Sánchez Pizjuán (4-2). Según él, fue el mejor gol como profesional: "Fue una carrera desde prácticamente medio campo. Unzué sacó para Rafa Paz, este se la dio a Bengoechea, que la metió al espacio donde yo llegaba. Detrás de mí iba Ferrer. Conduje la pelota hasta encararme con Zubizarreta y se la colé por el primer palo". "Papá, reconoce que le diste con el tobillo, el balón dio un bote y por eso entró", le dice su hijo con cara de incredulidad, pero Cortijo sigue pensando que la quiso poner ahí. "Fue una de mis mejores etapas", reconoce. De hecho, su gran estado de forma no pasaría desapercibido para Vicente Miera, por aquel entonces seleccionador nacional de España.
 
 
E.V.: Aunque no llegaste a debutar, fuiste convocado para disputar un par de partidos con la selección española. ¿Recuerdas el momento en el que te enteraste de que eras uno de los seleccionados?
A.C.:
Después de hacer gol contra el FC Barcelona, a la semana siguiente había parón de selecciones, por lo que cuando terminé el entrenamiento en Sevilla me vine para La Barca. Cuando llegué a mi casa mi hermana me dijo: "Están llamando desde la prensa diciendo que vas a la selección". No le hice ni caso. ¿Cómo voy a ir yo a la selección? ¡Anda ya! Pero ella seguía insistiendo. Entonces, fue cuando ya me llamaron a mí directamente los de la prensa de Sevilla y ahí ya sí me lo pude creer. Fuimos a Islandia, donde perdimos 2-1 y aquí en casa recibimos a Francia y perdimos también 1-2. En los dos partidos estuve calentando en la banda, pero no tuve la suerte de entrar. Aun así, fue todo un orgullo y un recuerdo inolvidable.
 
 
 
  


   
 
 
La temporada 1991/92 había sido prácticamente redonda para Cortijo, a pesar de que el Sevilla FC se fue desinflando progresivamente después un inicio prometedor, cayendo hasta la duodécima posición liguera. A la llamada de la Roja se sumaría el interés del Real Madrid CF: "Vino un representante del club y me comunicó el interés que tenían en ficharme". Sin embargo, el mundo del fútbol es imprevisible como la vida misma, y el que era entonces el entrenador del conjunto blanco, el holandés Leo Beenhaker, "perdió en la última jornada, en la famosa liga de Tenerife, y lo destituyeron". Benito Floro sería el que relevara en el cargo a Beenhaker y no tenía en sus planes incorporar a Cortijo a su proyecto, por lo que la posibilidad de fichar por el Real Madrid acabó esfumándose. Debutar con la selección y dar el salto a uno de los mejores equipos del mundo habría sido la guinda perfecta para su carrera. Al final, se quedan en simples anécdotas que no enturbian su magnífico currículum, un currículum que también lleva grabado el hecho de haber compartido vestuario con dos de los futbolistas más grandes de todos los tiempos. Los resultados de Víctor Espárrago al frente del Sevilla habían estado lejos de cumplir las expectativas. Por tanto, el consejo de administración presidido por Luis Cuervas decidió contratar a un técnico de prestigio internacional como Carlos Salvador Bilardo, campeón del mundo con Argentina en 1986. Junto a él, llegó su compatriota Diego Pablo Simeone (AC Pisa), además de Ricardo Bango (Real Oviedo), Monchu (Real Sporting de Gijón) y Sebastián Losada (Club Atlético de Madrid), que venían a contrarrestar las bajas importantes de Bengoechea, Ramón Vázquez o Zamorano. Pero el gran fichaje del verano aún estaba por llegar. Convencido por Bilardo, el 13 de septiembre de 1993 aterrizaría en Sevilla nada más y nada menos que Diego Armando Maradona, despertando una expectación sin precedentes entre la prensa y los aficionados locales. En un año que prometía mucho, los sevillistas volvieron a firmar un buen comienzo de campeonato, aunque tras el parón invernal bajarían sus prestaciones. El equipo acabó en la séptima plaza, fuera de competición europea por el golaveraje y con Maradona saliendo del club antes de tiempo. Todo ello no empañaba la experiencia que había supuesto para muchos compartir vestuario con el 'Pelusa’. En el rostro de Cortijo se nota la emoción cada vez que habla del '10' argentino.
 
 
E.V.: Posiblemente seas el único futbolista de la historia que ha tenido la suerte de compartir vestuario con 'Mágico González' y Diego Armando Maradona. ¿Cómo es la experiencia de convivir día a día con estos dos mitos? ¿Es Maradona el mejor futbolista que ha visto nunca?
A.C.:
Ha sido una experiencia única e inolvidable. 'Mágico' González estuvo casi dos meses durmiendo en la pensión donde vivíamos los jóvenes de la cantera del Cádiz. Era una persona que no le daba importancia a las cosas, un encanto, daba todo por los compañeros y vivía la vida a su manera. Después, en el campo era un fenómeno. Siempre tenías que estar pensando que te podía echar el balón en cualquier momento, ya estuvieras en la situación que fuera. Maradona llegó al Sevilla después de que le quitaran la sanción por dopaje, pero, a pesar de eso, hizo un buen año, y conmigo siempre se ha portado de maravilla. Le pedí que viniera a una gala para recaudar dinero para el Jerez Industrial CF y vino sin ninguna pega. Recuerdo que siempre me decía: "Corti, lo que tú quieras, que no te falte de nada". Tengo también su camiseta de recuerdo y dos pares de botas que me regaló. Aunque me he enfrentado a jugadores de la calidad de Bernd Schuster, Fernando Redondo o Michael Laudrup, estos dos son los mejores jugadores que he visto en un campo de fútbol.
 
La carrera de Alfonso Cortijo está llena de anécdotas y el doctor Bilardo protagonizó muchas de ellas. El barqueño había comenzado la temporada siendo titular, pero fue desapareciendo de las alineaciones del técnico argentino, no así de las convocatorias: "El día que debutó Maradona estábamos jugando en San Mamés, íbamos ganando 0-1. Entonces, entré desde el banquillo sustituyendo al propio Maradona y acabamos perdiendo 2-1. Conociendo lo supersticioso que era Bilardo, pensé "ya no juego más con este". Pero iba siempre convocado". Bilardo tenía la certeza de que Cortijo era su amuleto de la suerte, hasta el punto de que daba todas las charlas del equipo en su habitación como si fuera un ritual establecido. Incluso sin estar convocado, le obligaba a ir a todas las concentraciones. "Era muy supersticioso", subraya Cortijo, tanto que nos relata la siguiente historia como ejemplo: "Una vez jugábamos contra el Atlético de Madrid, habló conmigo y me dijo: "Cortijo, esta semana no vas a ir convocado". Yo lo asumí y le dije que no pasaba nada. Pero, para mi sorpresa, me dijo: "No vas convocado pero tienes que venir a la concentración". Justo ese fin de semana tenía la boda de mi cuñada, así que como no iba a jugar le comuniqué que tenía intención de asistir a la ceremonia. Entonces, decidió darme permiso hasta las 11 de la noche, que era cuando se concentraba el equipo, por lo que al final tuve que ir".
 
 
 
 

En Sevilla, Cortijo alcanzó su máximo nivel como futbolista, compartiendo vestuario con mitos del club y siendo convocado por la selección española. / Archivo
   
  
 
 
Carlos Bilardo no renovó su contrato y el Sevilla FC se hizo con los servicios de Luis Aragonés. El 'Sabio de Hortaleza' llegó con una idea de juego muy definida y en la que Cortijo encajaba perfectamente. El defensa recupera otra vez protagonismo (25 partidos jugados) y el conjunto sevillista se muestra como un hueso duro de roer, incluso ante equipos como Real Madrid, Valencia CF, FC Barcelona o Atlético de Madrid. Desafortunadamente, volvería a quedarse a las puertas de disputar competiciones europeas por solo un punto. El club logró mantener el bloque de jugadores, con la única baja sensible de Diego Pablo Simeone, que puso rumbo al Atlético. "Creo que aún le duele la que le di", cuenta entre risas Cortijo; se refiere al encontronazo que tuvo con el 'Cholo' en la visita de los hispalenses al Estadio Vicente Calderón: "Lo conocía, sabía muy bien cómo era y en el primer salto que tuvimos me dio un codazo. Le dije "'Cholo', nada de codazos", pero él seguía. Entonces, aproveché un saque de puerta de Unzué y le solté yo otro codazo, con la mala suerte de que le hice sangre en la nariz. A la siguiente que tuvimos que cruzarnos ya no me entró. Después del partido, ya estuvimos hablando tan normal”. Cortijo y Simeone, competidores natos sobre el césped y excelentes compañeros fuera de él. "Siempre ha sido así, como todo el mundo lo ve ahora, con garra y carácter", explica, subrayando, además, que "ya se le notaba siendo jugador, que quería ser entrenador".
 
 
E.V.: A lo largo de tu carrera has tenido magníficos entrenadores: Víctor Espárrago, Carlos Bilardo, Luis Aragonés... ¿Te quedas con alguno en especial?
A.C.:
De todos se aprenden cosas. Con Víctor Espárrago debuté en Primera División, también he tenido a Bilardo, campeón del mundo, o Luis Aragonés, campeón de Europa. Pero sí que es cierto que el primero es el que más te marca, por lo que me quedo con Espárrago. Con él debuté en Primera y luego fue quien me llevó al Sevilla. Y Luis Aragonés era un fenómeno. El año que llegó al Sevilla, yo tenía pactada mi cesión al Albacete y recuerdo que él vino, me echó el brazo por encima y me dijo "Cortijo, sé que has jugado poco, pero si te quedas, vas a tener las mismas oportunidades de jugar que los demás"; y le respondí "entonces, me quedo, míster". Acerté, porque con él jugué entre 25 y 30 partidos por temporada.
 
E.V.: También has tenido que enfrentarte a muchos de los mejores futbolistas que han pasado por Primera División, como Bernd Schuster, Hugo Sánchez, Michael Laudrup o Romário. ¿Cuál es el jugador que más te ha costado defender?
A.C.:
Pues recuerdo especialmente a dos: Paco Llorente y Julio Salinas. El primero fue en un Real Madrid-Cádiz en el Santiago Bernabéu. Perdimos 4-1 y me dio una tarde horrible. No sabía cómo pararlo, intentaba darle una patada y tampoco llegaba, tenía una velocidad impresionante. Y el segundo tenía una manera de jugar con los brazos que lo hacía indefendible porque te llevaba a donde él quería. Estos dos me han amargado muchas tardes..
 
La segunda temporada con Luis Aragonés (1994/95) no empezó de la mejor manera, pero el equipo iría levantando el vuelo hasta situarse en sexta posición a mitad de curso. El estilo contragolpeador que proponía Aragonés resultaba más efectivo como visitante, con un gran Davor Suker liderando el ataque hispalense. Para ello, el técnico madrileño necesitaba luchadores incansables como Alfonso Cortijo, que se iría hasta los 30 partidos aquel año. Sevilla FC, RCD Español y Real Zaragoza cerraron el campeonato liguero empatados a 43 puntos. Esta vez el golaveraje particular favorecería al conjunto sevillista, que acababa como quinto clasificado y accedía así a disputar la Copa de la UEFA. El contrato de Cortijo expiraba ese mismo año y el presidente Luis Cuervas le había prometido la renovación, pero esta no se produjo. Y es que, en realidad, dicha promesa dependía de que Aragonés continuara otro año en el banquillo, condición que no se dio, pues el madrileño firmó por el Valencia CF. Cortijo no quiso esperar más y se comprometió con la AD Rayo Vallecano, un recién ascendido donde coincidiría con viejos conocidos de Cádiz como Barla, Calderón o José González y con otros ilustres de la liga como Abel Resino, Wilfred, Jesús Diego Cota, Onésimo Sánchez... En un curso repleto de altibajos, el incombustible lateral sería una pieza fundamental para los rayistas, que lograrían la permanencia tras derrotar al RCD Mallorca en la promoción (1-0 y 2-0).
 

  

 
  
 
 
 
 
Segunda División y la vuelta a casa
 
En la temporada 1996/97 se establecen cuatro puestos de descenso directo y uno de promoción para reducir la Primera División a veinte equipos. El Rayo Vallecano se mostraría aún más irregular que el año anterior, siendo capaz de perder contra el Extremadura CF, a los tres días ganarle al Real Madrid y, seguidamente, encadenar 7 derrotas en 8 partidos. Finalmente, se repetiría la historia del año anterior pero con distinto desenlace: la promoción de permanencia acabaría decantándose hacia el lado del RCD Mallorca por el valor doble de los goles a domicilio (1-0 y 2-1). Aquel fue el primer y único descenso de Cortijo en toda su carrera profesional. Incluso así, estaba dispuesto a seguir jugando en el Rayo Vallecano, aunque fuera en Segunda División. El problema era que el nuevo entrenador rayista, Josu Ortuondo, decidió no contar con él, por lo que el club le recomendó que se buscara otro equipo. A pesar de que se esforzó por ganarse un sitio, Cortijo se marcharía en el mercado invernal al CD Numancia, que había vuelto a la división de plata después de medio siglo. Los sorianos se hallaban en plena lucha por no perder la categoría y la llegada del lateral les aportaría intensidad y solidez en defensa. Con él en el campo, solo perderían 3 partidos de 15 posibles, alcanzando así el objetivo de la salvación.
 
 
E.V.: Has pasado prácticamente por todas las categorías del fútbol español. ¿Es más fácil jugar en Primera División que en Segunda como dicen algunos?
A.C.:
En Primera División se juega y se piensa muy rápido, son jugadores técnica y tácticamente muy buenos. En Segunda División cuenta más la fuerza y se pelea más, es otro tipo de fútbol. Pero la principal diferencia está en el ritmo de juego y la velocidad con la que piensan los jugadores. En Primera tienen una ocasión y te la meten, en Segunda tienen cuatro y no las meten. Se está viendo como los equipos que están más abajo en Primera necesitan muchas ocasiones para hacer gol, y los equipos de arriba con una que tengan la enchufan. Al final, yo creo que cada jugador llega a la categoría que le corresponde.
 
Las excelentes actuaciones ofrecidas por Cortijo le valieron para ganarse la renovación de cara a la temporada 1998/99. El técnico Miguel Ángel Lotina iniciaría su segundo ciclo como rojillo por todo lo alto; para sorpresa de muchos, el CD Numancia comenzó ganando los 6 primeros partidos y no conocería la derrota hasta la jornada 15. Después de atravesar un bache de resultados en invierno, el equipo supo sobreponerse para acabar la liga tal como la empezó. El Nuevo Estadio Los Pajaritos, inaugurado unos meses atrás, viviría una gran fiesta en la última jornada, en la que los sorianos redondearon su fantástica campaña goleando al RC Recreativo de Huelva (3-0). El CD Numancia finalizaba en tercera posición y ascendía a Primera División por primera vez en su historia. En total, Cortijo disputó 25 partidos y pudo resarcirse del descenso que había vivido dos años antes. No obstante, fue una celebración agridulce, puesto que el club realizaría una modificación total en la plantilla. Entonces surgió la posibilidad de regresar al equipo de su vida, el Cádiz CF. Los amarillos militaban en Segunda División B, lo que no impidió que Cortijo hiciera las maletas rumbo a su tierra con casi 33 años, tras haber pasado ocho temporadas lejos del Carranza. El Cádiz CF se encontraba en una situación muy delicada tanto deportiva como económicamente. El equipo luchaba por salir de Segunda División B desde que descendiera en 1994, viéndose obligado a renacer de sus cenizas. Cortijo firmó un contrato anual con renovación automática según el número de partidos jugados. En una plantilla integrada mayormente por jugadores de la provincia, el barqueño llegaba para aportar entrega y veteranía, ganándose un puesto como titular desde el primer minuto. Los gaditanos partían como claros candidatos al ascenso, pero la escasa efectividad anotadora (23 goles, segundo peor de la categoría) terminaría condenándole a competir por la permanencia, quedando en duodécima posición. Además, el grupo inversor ADA decide abandonar la entidad tras dos años y deja un panorama poco esperanzador en la Tacita de Plata. La única nota positiva sería la contratación para la siguiente temporada del técnico Carlos Orúe, que venía de ascender al Xerez CD a Segunda División.
 
 
 
 

 
 
El año 2000 sería uno de los más difíciles en toda la historia del Cádiz CF. Ante la falta de inversión para poder fichar, canteranos como Antonio Sambruno, Jesús Velázquez, Víctor Vía, Sergio Iglesias o Víctor García dieron un paso al frente. El club sobrevivió hasta el inicio de campaña pese a los impagos. A finales de septiembre, cuando parecía que estaba a punto de disolverse, el grupo ADA reaparecería y liberaría las cantidades necesarias para que la entidad aguantara un poco más. Plantilla y cuerpo técnico intentaron aislarse de los problemas y fueron sacando los resultados. El sistema de juego de Carlos Orúe se centraba en la defensa, liderada por el capitán Cortijo. En la vigésima jornada, ante el CD Linares, el Cádiz caería por última vez en liga regular (0-1). A partir de entonces, la dinámica fue cambiando y un equipo al que daban prácticamente por muerto se convertiría en el rival a batir: 14 victorias y 3 empates en 17 partidos, con solo 2 goles encajados, quedando campeón del Grupo IV. Sin embargo, la historia no tuvo un final feliz. La derrota inicial en la fase de ascenso con el Club Gimnàstic de Tarragona (3-1) dejó a los amarillos sin opciones de subir a Segunda División. Ya en 2002, tras una decepcionante temporada de un Cádiz sin opciones de pelear por el ascenso, Cortijo decidió colgar las botas a sus 35 años, poniendo fin a una brillante trayectoria deportiva con 444 partidos como profesional, 274 de ellos en Primera División.
 
 
Del césped a los banquillos
 
Después de una extensa carrera, Alfonso Cortijo continúa vinculado al mundo del fútbol como entrenador: "Nunca pensé en un futuro como entrenador hasta que llegué al Sevilla FC. Ahí ya me planteé que quería seguir ligado al mundo del fútbol y me saqué el primer nivel de entrenador. Luego, cuando volví a Cádiz, hice el segundo nivel y ya el tercero lo hice en Madrid". En 2002, José González, que había sido su compañero durante bastantes años, lo llamó para formar dupla en el banquillo del Cádiz CF. Cortijo no se lo pensó y en menos de dos meses pasó de llevar el brazalete de capitán a entrenar al mismo equipo en el que se había retirado. No habría muchos retoques en la plantilla respecto al año anterior, por lo que los fichajes de Dani Navarrete, Roberto Suárez y el argentino Matías Pavoni, serían fundamentales, además de la consagración en el primer equipo del defensor Abraham Paz. Los amarillos desplegaron un fútbol de mucha calidad que se presentaba prácticamente como una rara avis en la categoría, manteniendo la regularidad suficiente para amarrar el cuarto puesto. En la promoción de ascenso, obtiene mejores resultados que CD Logroñés, FC Barcelona 'B' y Universidad de Las Palmas CF, volviendo a Segunda División nueve años después.
 
 
E.V.: La filosofía y la mentalidad ganadora, así como implantar una idea en un grupo, pueden llevar a este a conseguir grandes cosas. Tenemos el ejemplo reciente del histórico Leicester City de Claudio Ranieri. ¿Puede llegar a ser más importante la capacidad de convencer a un grupo de futbolistas que la propia táctica o tener grandes estrellas?
A.C.:
Entran los dos factores, creer y, luego, el entrenamiento diario de cada entrenador. El jugador tiene que creer en lo que haces, y eso que haces tiene que convencer al grupo. Puedes hacer muchas estrategias, que si no metes ningún gol, el jugador no va a creer en esa idea. En cambio, si ve los frutos de lo que haces en el día a día, a la larga siempre va a creer en tu trabajo. Hemos tenido también el ejemplo del Girona de Pablo Machín, un recién ascendido que la mayor parte de sus goles venían de jugadas de estrategia. Cuando un grupo no cree en el entrenador pasa lo de siempre: estás abajo, no haces goles y hay destituciones.
 
E.V.: En Inglaterra sigue habiendo entrenadores que se han pasado décadas en el mismo banquillo, a pesar de no ganar siempre. ¿Por qué crees que eso no ocurre en España? ¿Se es injusto con los entrenadores?
A.C.:
Sí, eso es cierto. Allí tienen esa filosofía de aguantar mucho más a los entrenadores porque, a lo mejor, piensan que la situación del equipo no es culpa suya. Aquí, en cambio, no aguantan nada. Cuando te destituyen siempre hay una parte de injusticia; tú estás realizando un trabajo y hay miles de factores que condicionan que eso que estás haciendo salga bien o no.
 
 
 
 


 
 
En su retorno a Segunda División (2003/04), el Cádiz CF realizó una campaña notable, firmando un séptimo puesto. El club había podido mantener el bloque del ascenso y la aportación de los nuevos refuerzos (Ramón de Quintana, Raúl López, Manolo Pérez, Jonathan Sesma, Oli...) invitaba a encarar el futuro con optimismo. El buen trabajo realizado por el cuerpo técnico era un reclamo para varios equipos de Primera División. Uno de ellos, el Albacete Balompié, apostó por darle una oportunidad a José González en la temporada 2004/05; junto a él, también se marcharían Alfonso Cortijo (segundo entrenador) y Jorge Amar (preparador físico). El Albacete había sido una de las sorpresas del campeonato en la 2003/04, evitando el descenso holgadamente, lo que provocó la salida de varios jugadores importantes a clubes de mayor nivel. Con más de quince caras nuevas y un presupuesto muy limitado, permanecer otro año más en la élite se antojaba toda una proeza. Los manchegos fueron rascando puntos como pudieron, hasta que una derrota en casa ante el CD Numancia (1-2) en la jornada 24 provocó la destitución de José González. Los cambios de entrenador a mitad de curso no suelen ser sinónimo de éxito; González había dejado al Albacete antepenúltimo con 23 puntos y en los 14 partidos que quedaban por jugar el equipo solo sumaría 5 puntos, consumando el previsible descenso.
 
Alfonso Cortijo decidió volver a su pueblo para entrenar al juvenil de la AD La Barca, al que ascendería a Primera Provincial. La siguiente parada sería Bornos, donde dirigió con éxito a la UD Bornense durante tres temporadas, llevando el equipo hasta la Primera División Andaluza. Entre tanto, en noviembre de 2006, retoma la parcela técnica del Cádiz CF junto a José González. Los amarillos se habían alejado desde el principio de las posiciones de ascenso directo a Primera División, así que la temporada había pasado a ser un mero trámite, aunque terminaran en una más que digna quinta posición. Con la venta del club, el nuevo propietario optó por cambiar de cuerpo técnico. En abril de 2008, González y Cortijo asumieron la dirección del Córdoba CF para las últimas once jornadas, cumpliendo el objetivo de mantener al conjunto califal en Segunda División. Ya en 2009, Cortijo aceptó una propuesta para entrenar al Arcos CF, pero de nuevo en el mes de noviembre acompañaría a González en otra experiencia, esta vez en el Real Murcia CF. La dupla gaditana no conseguiría los resultados que esperaban, ya que los murcianos no respondieron hasta el tramo final de liga y, tras una última jornada dramática, bajaron a Segunda División B.
 
El amor que siente Cortijo por los colores del Cádiz CF está fuera de toda duda. Durante toda su trayectoria deportiva, ha prestado sus servicios al Submarino Amarillo cada vez que este lo ha necesitado. En noviembre de 2010, con el equipo otra vez en Segunda B, José González y Alfonso Cortijo relevaron en el banquillo a Hristo Vidakovic y Juan Ureña. La llegada de los nuevos técnicos tuvo un impacto inmediato en los resultados que fue diluyéndose con el tiempo. El vestuario presentaba una apatía preocupante y ningún compromiso con un club que se retrasaba con los pagos. El propio González tuvo que alzar la voz para dejar claro que estaba en juego la supervivencia de la entidad y los puestos de trabajo de muchas personas. Este golpe de efecto ayudó a que los jugadores espabilaran y alcanzaran la cuarta plaza que da acceso a las eliminatorias por el ascenso, en las que se enfrentarían al CD Mirandés. Tras un buen encuentro de ida en casa (2-0), los gaditanos se derrumbarían en el Estadio Municipal de Anduva, dejándose remontar de manera incomprensible (4-1). Aun así, la tercera etapa del tándem González-Cortijo en el Carranza se prolongó un año más (2011/12). Quique Pina, nuevo responsable de la parcela deportiva, revolucionó la plantilla con las altas de Oinatz Aulestia, David de Coz, Samuel Camille, Héctor Yuste, Óscar Pérez, David Ferreiro, Ikechi Anya, Kabiru Akinsola... jugadores cuya calidad era superior a la categoría de bronce, pero tenían que demostrarlo. Y es que a veces el equipo evidenciaba falta de ambición y concentración, relajándose en exceso en muchos partidos; pese a ello, se proclama campeón del Grupo IV. En la primera eliminatoria por el ascenso, fue arrollado por el Real Madrid Castilla CF de Dani Carvajal, Nacho Fernández, Pedro Mosquera, Álvaro Morata o Jesé (0-3 y 5-1). En la segunda, con el Albacete, no hubo ni un solo gol, resolviéndose el pase en una tanda de penaltis que sonreiría a los amarillos. Aún había que superar al CD Lugo de Quique Setién. El partido de ida, disputado en el Anxo Carro, fue pésimo por parte de los gaditanos y únicamente el gol de Óscar Pérez les dio alguna esperanza (3-1). En la vuelta, el Cádiz jugó como no lo había hecho en todo el año, igualando el resultado global y llegando de nuevo a los penaltis. En esta ocasión no tuvo suerte en los lanzamientos y sería el conjunto lucense el que lograría el ansiado ascenso.
 
 
 
 
 
 
 
Un periplo exótico
 
En el año 2012, Alfonso Cortijo volvió a probar suerte como entrenador jefe. En primer lugar, dirige al modesto CD Rivera, en el municipio gaditano de Paterna de Rivera, y posteriormente al Balón de Cádiz CF, tercer filial del Cádiz. En julio de 2015, se le presenta la oportunidad de entrenar en la Gibraltar Premier Division. Juanjo Bezares, ex jugador del Cádiz y director deportivo del St Joseph's FC, apuesta por Cortijo como mánager y este no le decepciona, clasificando a los saints en tercera posición liguera. Aunque el barqueño comenzó la temporada 2016/17 en el mismo club, en diciembre emprendería una aventura todavía más exótica. El Beijing Sinobo Guoan FC de la Superliga de China había cesado en el cargo al italiano Alberto Zaccheroni, ocupando su lugar Xie Feng como entrenador interino. Finalizada la liga, el equipo pekinés decidió contratar a José González, que ya conocía el club tras haber sido asistente de Gregorio Manzano antes de la llegada de Zaccheroni. José quiso contar de nuevo con la ayuda de su buen amigo Cortijo como segundo entrenador. De esta manera, los gaditanos iniciaban un proyecto ambicioso para pelear por los puestos altos de la liga, con una plantilla en la que militaban futbolistas importantes como el español Jonathan Soriano, el turco Burak Yilmaz, los brasileños Renato Augusto y Ralf o los internacionales chinos Yang Zhi, Zhang Xizhe y Yu Dabao.
 
El Beijing Guoan tardó en empezar a carburar y una vez que lo hizo sus dirigentes no tuvieron mucha paciencia. Antes de la jornada 12, el conjunto de la Guardia Imperial marchaba séptimo en la tabla con 4 victorias, 3 empates y 4 derrotas, situándose ya a 13 puntos de distancia del líder, el poderoso Guangzhou Evergrande FC. El segundo tropiezo consecutivo, ante el Chongqing Dangdai FC (1-0), fue la puntilla para José González y su cuerpo técnico, que serían destituidos en junio de 2017. Aun así, Cortijo afirma que la experiencia en China fue muy enriquecedora para todos tanto profesional como personalmente. Precisamente para enriquecerse, económicamente hablando, emigran cada vez más jugadores al país asiático: "Hay que entender a esos jugadores que se marchan a China, con un año pueden tener ya prácticamente la vida resuelta. No todos ganan lo que gana Leo Messi o Cristiano Ronaldo, esos dos no necesitarían irse". Además, está convencido de que en un futuro China puede llegar a ser una potencia futbolística, puesto que "maneja mucho dinero y está implantando la mayoría de cuerpos técnicos europeos, con el objetivo a largo plazo de ser una potencia como lo es hoy Europa y llegar a un Mundial con posibilidades".
 
 
E.V.: Ahora parece que el fútbol se divide cada vez más entre equipos que quieren jugar más el balón, intentando emular el estilo de Pep Guardiola, y equipos que priorizan la defensa por encima de todo, como hacen los del 'Cholo' Simeone. Por tu experiencia como jugador y entrenador, ¿cuál crees que es la mejor manera de competir?
A.C.:
Creo que los resultados son los que deben marcar la manera de jugar de tu equipo. Hay veces que aun teniendo el ochenta por ciento de la posesión, no ganas. Para jugar como los equipos de Guardiola hay que tener los jugadores idóneos, y no todos los clubes los tienen. Hay muchos entrenadores que creen que pueden hacerlo y no siempre es así. Luego está el 'Cholo', con un sistema completamente distinto, en el que los jugadores van todos a una, creen en la idea y los resultados van llegando. La clave está en saber adaptarse a los jugadores, no en que los jugadores se adapten a ti.
 
E.V.: ¿Cuál es el jugador que has entrenado que más te ha sorprendido, ya sea por su talento, su capacidad de adaptación o leer el fútbol?
A.C.:
He tenido a grandes futbolistas. En el Málaga había muy buenos jugadores, aunque estuviéramos abajo. Cuando el jugador se libera de la presión rinde de una manera completamente diferente. En el Cádiz tuve a Lucas Lobos, un grande para toda la afición, en China también tuve a Renato Augusto... y así muchos más. En todas las plantillas hay grandes jugadores, por eso están donde están.
 
 
 
 


  
 
Aquel periodo de seis meses entrenando en Asia significó un refuerzo importante en la formación de Cortijo como preparador técnico, sobre todo para su capacidad de adaptación. Ya de regreso en Europa, continuó en el fútbol gibraltareño de la mano del Lincoln Red Imps FC, el club más laureado de la liga, pero no se incorporaría como entrenador jefe, sino como coordinador de cantera. No ocuparía este puesto durante mucho tiempo. A principios de 2018, el Málaga CF despidió a Míchel y anunció que su sustituto sería José González, que llegó una vez más con Cortijo como mano derecha. El conjunto blanquiazul se encontraba en una situación crítica: colista de Primera División y con la salvación a 7 puntos. Y eso que no tenía mala plantilla, con jugadores como Roberto Jiménez, Roberto Rosales, Adrián González, Recio, 'Chory' Castro, Keko Gontán, Juanpi Añor, Borja Bastón, Diego Rolán, Youssef En-Nesyri... José González y Cortijo provocaron una reacción positiva en un grupo que estaba totalmente hundido y en sus dos primeros partidos los malagueños lograron dos empates, contra la SD Eibar (1-1) y contra el Girona FC (0-0). Sin embargo, una racha de 7 derrotas consecutivas acabó de destrozar definitivamente la moral de un equipo abocado al descenso. Ni siquiera las victorias ante Villarreal CF (1-0) y Real Sociedad (2-0) evitarían que el Málaga ya estuviera matemáticamente en Segunda División a falta de cinco jornadas.
 
El siguiente paso de Alfonso Cortijo le llevaría a su tercer ciclo en Gibraltar para entrenar a un histórico del fútbol local como el Glacis United FC. Unos meses más tarde, volvería a la provincia de Cádiz para fichar por el Conil CF, en el Grupo X de Tercera División. Allí coincidiría con su hijo Álex, futbolista que se desempeña como defensa central y al que ya había dirigido durante su estancia en el St Joseph's FC. A falta de diez jornadas para el final del campeonato, el conjunto de Conil de la Frontera quería evitar apuros y certificar la permanencia lo más pronto posible, algo que conseguirían sin problemas con Cortijo gracias a un balance de 4 victorias, 3 empates y 3 derrotas. Una vez cumplido el objetivo, el barqueño pondría fin a su vínculo con el Conil, tomándose un respiro por primera vez en mucho tiempo. Para terminar nuestra entrevista, le pedimos que mande un mensaje a todos esos jóvenes futbolistas que sueñan con convertirse algún día en profesionales. Su respuesta es clara y concisa, "trabajo, constancia y sacrificio", es decir, los valores que siempre ha llevado por bandera a lo largo de su vida. Alfonso Cortijo representa el espíritu de toda una generación: amor incondicional por sus colores, brega sin descanso, hermandad con sus compañeros y dedicación absoluta a la que siempre ha sido su gran pasión: el fútbol.
 
 
E.V.: ¿Qué es lo que más te llena del fútbol?
A.C.:
En estos momentos lo que más me llena es disfrutar de lo que he hecho, como jugador y ahora como entrenador, ver a mis dos hijos jugando y también ver que los futbolistas que he entrenado estén llegando hacia arriba.
 
E.V.: ¿Y qué consejo le darías a aquellos jóvenes que sueñan con llegar a ser futbolistas profesionales?
A.C.:
Pues el consejo que les daría es el mismo consejo que yo me he aplicado durante toda mi carrera: trabajo, constancia y sacrificio. No hay más. Después, sí que es verdad que también hay que tener esa suerte de estar en el momento clave y no lesionarse de gravedad. Siempre hay que seguir con la ilusión y la mirada fija en la meta, pero si no se consigue, no pasa nada, hay otra vida, el fútbol no lo es todo. Esto solo dura hasta los 30 o 35 años y luego hay que seguir.
 
 
 
 

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