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John PULIDO

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CERCA DE DOSCIENTOS PARTIDOS ENTRE PRIMERA, SEGUNDA Y SEGUNDA B. EN EL RECREATIVO DE HUELVA LOGRÓ DOS ASCENSOS A PRIMERA DIVISIÓN Y DISPUTÓ UNA FINAL DE COPA DEL REY. TRAS SU PERIPLO PROFESIONAL, JOSÉ ANTONIO LUQUE NOS RECIBE EN LA ESCUELA QUE ACTUALMENTE DIRIGE Y QUE LLEVA SU NOMBRE EN SU MARCHENA NATAL. AHORA DISFRUTA COMPARTIENDO SU EXPERIENCIA Y SUS CONOCIMIENTOS CON LOS JUGADORES MÁS JÓVENES DEL PUEBLO.
 
 
José Gordillo
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
JOSÉ GORDILLO: ¿A qué se dedica José Antonio Luque actualmente?
J.A.LUQUE: Bueno, la vida me ha cambiado mucho. De estar veintitantos años como profesional ahora por la mañana estoy dedicado prácticamente a mi familia; a estar con las labores de la casa y estar pendiente si hace falta algo. Y por la tarde pues ya viene mi pasión, estoy aquí con los niños y, aparte, los infantiles que llevo como entrenador que también están dentro de la escuela que he montado. La verdad es que esto es muy gratificante. Trabajar con niños que quieran aprender lo que tú has recogido durante mucho tiempo es muy bonito.
 
J.G.: ¿Cómo surgió la idea de la escuela de fútbol?
J.A.L.: Me viene surgiendo de muchos años. Estando ya en el Recreativo de Huelva me ofrecieron quedarme como entrenador de porteros, pero yo pensaba que mi familia estaba sufriendo demasiado por el fútbol. En un club tan modesto como el Recreativo de Huelva los viajes no son como en un Real Madrid, un Sevilla o un Betis, que viajan en avión y al día siguiente están en casa. Hay que ir en autobús, son tres días fuera de casa y creía conveniente salir ya del fútbol profesional. En el momento en que salgo del fútbol profesional mi ilusión y mi idea era montar mi propia escuela y estar dedicado a los chiquillos porque son los que realmente merecen la pena. El fútbol profesional está en un segundo plano para mí.
 
J.G.: ¿Qué razón te impulsa entonces a trabajar con estas categorías?
J.A.L.: La razón fundamental es que ellos intenten acoger lo que he aprendido durante tantos años y sobre todo es que creo que al fútbol marchenero le hacía falta una escuela así, porque no solamente educamos en el valor del deporte, también en otros valores muy importantes en la vida y el desarrollo del niño. Y como aquí en el pueblo prácticamente nos conocemos todos, da una inmensa alegría ver a un niño por la calle y que te salude con una sonrisa. Y espero y deseo que esto dure mucho, y que vayamos ampliándolo porque creo que un pueblo como Marchena se merece tener muchos jugadores a alto nivel.
 
 
 
 

 
 
 
 
J.G.: Dentro del terreno de juego ¿a qué aspectos del fútbol le dais más importancia a la hora de entrenar a futbolistas tan jóvenes?
J.A.L.: Sobre todo al balón, que el niño se desarrolle por él mismo en su aprendizaje. Pienso que el futbolista no puede ser un robot. Nosotros queremos que haya mucho contacto con balón, mucha autonomía por parte del niño para tomar decisiones. Si son correctas, estupendo, y si no lo son pues que a partir de la incorrecta vaya aprendiendo. Si en un momento determinado tiene que hacer un regate en nuestra área, que lo intente, que no le vamos a cortar la iniciativa porque en el fútbol, como se dice vulgarmente, ya no salen futbolistas de la calle. Ellos, con lo que tienen innato y lo que tratamos de explicarle, sobre todo respecto a líneas de pase, movimientos… pueden desarrollarse solos.
 
J.G.: En un deporte cada vez más mediatizado, ¿qué papel juega lo extradeportivo en edades tan prematuras?
J.A.L.: Tratamos de inculcarles que las cosas buenas que vean en el deporte profesional que las acojan y las lleven a cabo. Pero aspectos negativos, por ejemplo, las imágenes que se ven ahora de Diego Costa con los defensas o acciones como las protestas a los árbitros con malos gestos... intentamos darle ejemplo y enseñarles que eso no se debe hacer. El compañero contrario, aunque sea un rival, es igual que nosotros, y de lo que se trata es que esto es un juego, un deporte, y que al final del partido nos demos las manos y hayamos disfrutado jugando al fútbol.
 
J.G.: Ya saliendo un poco de la escuela, a nivel general, ¿crees que hay buen nivel en los filiales andaluces?
J.A.L.: Yo creo que sí. Por desgracia manda mucho el tema económico. Cuando estaba en la cantera del Sevilla hubo una época en la que era imposible entrar en el primer equipo porque económicamente estaba bien. Luego hubo otra en la que los equipos estaban muy mal, entonces tiraron de cantera y se demostró que había gente válida, con muchas ganas y con mucha ilusión. Se dio el caso de Sergio Ramos, Jesús Navas o Reyes. A partir de ahí el Sevilla volvió a coger dinero y era muy difícil otra vez entrar en el primer equipo.
El fútbol andaluz es una de las escuelas más importantes a nivel nacional, quitando la cantera vasca, como la del Athletic de Bilbao, a la que admiro. Igual no comparto su filosofía de no fichar a nadie de fuera, pero es de admirar que un equipo que solamente trabaje con canteranos esté siempre en Primera División y a un alto nivel. En el fútbol andaluz creo que se podría hacer muy bien, lo que pasa que la Ley Bosman le hizo mucho daño a la cantera. Antes a lo mejor había dos extranjeros y el canterano sabía que podía llegar, ahora duda, y si llega es por medio de otro equipo.
 
 
 
 
 
 
 
 
J.G.: En tus primeros años como profesional decidiste arriesgar y salir del Sevilla B rumbo a la Balompédica Linense, lo que finalmente te llevó a fichar por el Recreativo. 
J.A.L.: Yo arriesgué vivir un año más. Cuando salí del Sevilla B a la Balompédica Linense ya tenía un precontrato firmado con el Mérida para el año siguiente, pero el Sevilla no me dejaba irme a Extremadura. Al final me dejan irme a la Balompédica. Tenía el precontrato firmado con el Mérida y mi apuesta era que tenía que llegar allí jugando. Entonces en la Balompédica estaba el entrenador Pedro Buenaventura, que me conocía y sabía que me iba a dar todos los minutos que necesitaba para llegar al Mérida.
 
J.G.: ¿Los futbolistas de los filiales de equipos punteros se cierran más ahora que antes a otras vías que les permitan ascender de categoría?
J.A.L.: Muchas veces no se llega al alto nivel de forma continua, hace falta pegarte a un puente, a equipos inferiores donde demostrar tu valía. El Sevilla es un club grande y poderoso donde el canterano tiene que ser muy bueno para que apuesten por él, y encima que sea delantero o centrocampista porque el portero y el central lo tienen bastante complicado, son puestos muy específicos donde el ojo del huracán cae sobre ellos. En mi época hubo porteros que no merecían la pena, lo que pasa que venían firmados, por ejemplo, Casagrande o Rabajda, porteros que, no es que no demostraran nada, sino que demostraron para peor. Eso, como un canterano que fui, me dolió bastante, pero con trabajo y con ilusión fui paso a paso y gracias a dios competí después a alto nivel. El Mérida desapareció por tema de impagos y me fui al Recreativo. Creo que el canterano tiene que ser arriesgado, igual que la persona en sí o la vida misma. El jugador de fútbol, si ve que en su casa lo tiene muy mal, debe arriesgar y pegar el salto porque nunca se sabe dónde puede estar tu lugar.
 
J.G.: Y al final llegaste a la élite. ¿Qué se siente al pasar de Tercera División a Primera y disputar una final de Copa del Rey en apenas cuatro años?
J.A.L.: La verdad es que fue una sensación muy buena. Yo estaba en el Sevilla Atlético pero entrenaba siempre con el primer equipo y tenía sensaciones de jugador de Primera División. Llegar a un club tan humilde como el Recreativo, un club tan modesto que llega a la final de la Copa eliminando a Betis, Atlético de Madrid y Osasuna, equipos importantes de la liga española, fue una satisfacción tremenda. Aunque se perdió esa final, ha sido de las alegrías más importantes, incluso más que los ascensos con el Recreativo a Primera.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
J.G.: Has disputado encuentros tanto en Primera División como en Segunda, Segunda B y Tercera, como recordabas. Además del nivel de exigencia, ¿qué diferencias hay en cuánto a la competitividad y el estilo de juego?
J.A.L.: Bastante diferencia. Donde más partidos he jugado ha sido en Segunda B y al dar el salto a Segunda hay una diferencia tremenda, tanto en calidad de jugadores como de clubes y en la capacidad de atraer gente a los estadios, muy importante en la motivación del jugador. Y es lo mismo al subir a Primera. La competición te exige cada vez más, te exige que estés concentrado las veinticuatro horas del día en tu trabajo.
 
J.G.: Luque se caracterizaba por ser un guardameta muy seguro y serio bajo los palos, una cualidad más apreciada por técnicos que por aficionados y medios de comunicación. ¿Quizás para contrarrestar esta tendencia, los porteros pecan cada vez más de adornar sus paradas lo máximo posible?
J.A.L.: Ahora mismo el fútbol está tan mecanizado al mundo de la tele que hay porteros que quieren ser protagonistas y el protagonismo te lo tiene que dar el partido en sí. Lo que no puedo hacer es que en un balón que venga para blocar fácilmente me eche un poco al lado y haga una estirada espectacular. Pienso que no es mi estilo. Yo siempre decía "ojalá hoy no tenga ni que tocar el balón, si no toco balón es que mi equipo ha ganado". Hay porteros que se sienten a gusto con que les tiren y les lleguen, y eso es perjudicial para el equipo, porque mientras más le tiren a un portero es señal de que el equipo tiene más opciones de perder. Mientras estés más al margen del partido, mejor. Alguna vez tenía que ser protagonista porque el partido así te lo daba y para eso tiene que estar el portero. Un ejemplo muy claro es Víctor Valdés, que es protagonista porque el partido se lo exige, prueba de que es un portero serio y sobrio.
 
J.G.: Por cierto, ¿recuerdas alguna parada en especial en tu carrera?
J.A.L.:Tengo muchas paradas especiales. Tengo una en el Bernabéu a Raúl, ganando 1-2 con el Recreativo de Huelva, que la eché a córner y tuve esa sensación de decir "aquí no perdemos". Pues en el córner me metió un compañero gol en propia puerta. Pero fue una auténtica parada de reflejos, que no te explicas cómo la has parado, no te lo crees.
 
J.G.: Durante tu etapa en Primera y Segunda División, siempre tuviste una dura competencia al partir desde el inicio como segundo o tercer portero, peleando el puesto con hombres como César Quesada, Almunia, Toño, López Vallejo, Sorrentino  o Barbosa. Sin embargo, siempre acababas jugando media temporada. ¿Cómo se enfrenta un futbolista a tal situación y además consigue jugar tantos minutos?
J.A.L.A base de trabajo, sacrificio y esfuerzo. Yo tenía mi lema de que cuando estaba en un entrenamiento trabajaba para mi familia. Ellos para mí son lo máximo, el punto de sujeción de mi vida y sabía que si luchaba no les faltaría de nada. Es lo que me ha llevado a seguir peleando, nunca venirme abajo, no tener ningún mal gesto con mi entrenador o mis compañeros. Sabía que la oportunidad tenía que llegar tarde o temprano y así fue. Hay hoy en día futbolistas que no tienen paciencia, y en el fútbol eso es muy necesario. Si hablamos, por ejemplo, de Keylor Navas, el primer año en Levante no jugó prácticamente nada porque tenía a Munúa por delante, y para mí Keylor Navas es mejor portero que Munúa. Le dieron la opción y lo demostró. Si hubiese sido otro portero, se hubiese ido por ahí. Eso me pasaba más o menos a mí. Siempre he sido sincero con mis compañeros en el sentido de trabajo, sabían que Luque era así y que no iba a cambiar nunca, y a partir de ahí le das esa confianza al entrenador para que siempre tengas tus minutos y tus partidos.
 
  
 
 
 
 
 
 
J.G.: Has vivido dos de las etapas más gloriosas de la historia del Recreativo. ¿Existían muchas diferencias entre la plantilla que ascendió en 2002 y la que lo hizo en 2006?
J.A.L.: La diferencia fue que en el 2002 no se esperaba. Veníamos de 2001, en el que habíamos hecho una temporada muy buena quedando sextos y al final ascendieron Betis, Sevilla y Tenerife. En la siguiente empezamos igual, partido a partido, con Lucas Alcaraz y gente muy humilde. Éramos una familia porque estábamos todavía jugando en el viejo Colombino, en el centro de la ciudad, donde acabábamos el entrenamiento y nos íbamos a tomar una cervecita todo el equipo. Empiezas la temporada y te vas metiendo y te vas metiendo, en enero viene Antoñito y dos refuerzos que nos hicieron bastante fuertes, llegas a abril y estás ahí y ya sí pensábamos que podíamos subir. La diferencia fundamental es que no nos lo creíamos. Ya en 2006, como el Recreativo había estado en Primera, económicamente estaba mucho mejor, había jugadores de bastante nivel y se apostó por el ascenso, pues fue más o menos a tiro hecho. Personalmente me quedo con la de 2002 porque soy muy familiar, como te he comentado, y se subió por esa unión que había en el vestuario.
 
J.G.: Tras dejar el Recre y recalar en Écija, ¿qué supuso para ti jugar tu último partido precisamente ante la Balompédica Linense, el equipo que te catapultó a la élite?
J.A.L.: Bien. Yo tengo buenos recuerdos de la Balompédica a nivel personal en el sentido de que hice muchas amistades porque nos llevamos siete meses sin cobrar en La Línea y eso provoca una unión tremenda con los compañeros, incluso con el fisio o el encargado de material. Me vine a Écija porque estaba cerca de mi pueblo y quería acabar cerca de mi casa.
 
J.G.: José Antonio, ¿qué ha significado para ti el Recreativo de Huelva?
J.A.L.: Para mí ha significado mucho. Pero no cabe la menor duda de que si no es por el Sevilla no hubiese estado en el Recreativo de Huelva. A pesar de mis últimos días allí porque no me esperaba que me quisieran rescindir, en los demás años lo he pasado fantástico. La etapa más bonita de mi carrera deportiva ha sido en el Sevilla Atlético, porque ahí no había prensa en el sentido de que te vigilasen o siempre te marcaran un nivel todas las semanas. Habíamos veintitrés chavales con una ilusión tremenda por subir, aprender, ganar y que la vida te fuera bien. A nivel profesional, la del Recreativo ha sido mi mejor etapa, a nivel tanto deportivo como humano. Yo voy a Huelva y las muestras de cariño que tengo por la afición de allí son tremendas. Siempre digo que me conocen más en Huelva que en mi propio pueblo [risas]. Huelva ha significado lo máximo a nivel deportivo, aunque no dejo de reconocer que el Recreativo de Huelva es un club muy humilde. Pero para mí Huelva ha sido como estar en el Real Madrid o el Barcelona, así de claro. Ha sido mi ilusión, mi motivación, una ciudad pequeña en la que todo el mundo se conoce. Ir por la calle y sentirte como un recreativista más, que te estén apoyando… Para mí ha significado mucho porque el trato personal y a mi familia se lo tengo que agradecer durante toda mi vida a Huelva. Incluso mi hijo, que está aquí en la escuela, es choquero, nació allí y todavía es socio del Recreativo. A Huelva se lo tengo que agradecer todo.
 
 
  
 

 
 
 
 
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