EN 1991 EL ESTRELLA ROJA SE HIZO CAMPEÓN DE EUROPA CONTRA TODO PRONÓSTICO. INMEDIATAMENTE TODAS LAS MIRADAS SE GIRARON HACIA UN MEDIOCENTRO DE MELENA RUBIA DE 21 AÑOS CON UNA CLASE Y UNA JERARQUÍA INUSUALES. AQUEL JUGADOR DESMANTELÓ AL FC BAYERN MÚNICH PRÁCTICAMENTE SOLO EN LAS SEMIFINALES DE AQUELLA EDICIÓN DEL TORNEO, CON UNA DE ESAS ACTUACIONES INDIVIDUALES QUE QUEDARÁN PARA LOS ANALES DE LA HISTORIA DEL FÚTBOL. 
 
 
Ignacio Camacho
 

 
 
 
 
JUGUETES ROTOS
 
 
 
 
  
 
 
 

Robert Prosinecki nació en Schwenningen (Alemania), de padre croata y madre serbia. Al cumplir diez años volvió a Croacia, enrolándose muy pronto en el Dinamo Zagreb. En aquella etapa ya había dejado muestras de su nivel llevando a Yugoslavia a conquistar la Copa del Mundo Juvenil de Chile de 1987 y siendo el mejor jugador de la competición. Entonces emprendió el camino al Estrella Roja de Belgrado. Con el conjunto serbio ganó tres ligas (1987/88, 1989/90 y 1990/91), una copa nacional y la Copa de Europa en 1991. En cuanto a logros personales, en 1990 fue Futbolista yugoslavo del año y en 1991 recibió el Trofeo Bravo como jugador sub-21 con más proyección. Su corta pero prometedora carrera le valió para que Ramón Mendoza, entonces presidente del Real Madrid, se fijara en él y pagara 550 millones de pesetas para incorporarlo al club blanco. Avalado por el inquilino del banquillo madridista de aquel momento, Radomir Antic, Robert estaba llamado a ser un jugador referencia. Tras su fichaje, Arrigo Sacchi, técnico del AC Milan por aquellos años, dijo de él que "juega al fútbol con la misma facilidad con la que Mozart componía". No obstante, se hablaba de él como uno de los mejores del mundo. En Madrid conseguiría una Copa del Rey y una Supercopa de España, ambas en 1993, pero no terminaría de adaptarse.
   

Su inicio fue esperanzador, realizando una gran pretemporada y regalando exhibiciones como ante el Colo Colo en el Trofeo Bernabéu. Sin embargo, siempre pareció estar en el lugar equivocado en el momento menos idóneo. Aquel Madrid estaba en clara decadencia tras 'La Quinta del Buitre'. A ello hay que añadir el infierno que padeció con las lesiones. El 27 de septiembre de 1991 comenzó su tormento con las primeras dolencias. El 23 de octubre sufrió una rotura fibrilar y tuvo que pasar por el quirófano. Su historial médico salió a la luz y reveló que en Yugoslavia había pasado por hasta once lesiones musculares. "He visto a pocos jugadores que hayan recibido tantos golpes como él", declaró Miguel Ángel Herrador, entonces jefe de los servicios médicos. Ese primer año en el Real Madrid apenas intervino en tres partidos. Después sí tuvo más opciones pero sin mucha suerte. Además, la Guerra de Croacia (1991-1995) le tenía muy tocado psicológicamente. Su afición al tabaco, que nunca se preocupó de esconder, era bastante más comentada que sus goles y su fútbol. "Sé que fumar no es bueno para un deportista, pero me relaja. Es el único vicio que tengo. Además, nadie vive cien años", llegó a decir Robert.
 
 
 
 
  
Los inicios en la élite de aquel chico con melena rubia deslumbraron a media Europa / Youtube.com 
   
  
   
 

Tras tres temporadas en el Real Madrid, el nuevo entrenador blanco, Jorge Valdano, no contaba con él. El FC Barcelona se interesó por el croata, que llegó a pasar el reconociendo médico, pero el Madrid no permitió el traspaso y cedió a Prosinecki al Real Oviedo, donde volvería a coincidir con Radomir Antic. En esta andadura contaría con el apoyo de sus compatriotas JerkanJokanovic y Jankovic y con la vitola de ser la estrella. En Asturias cuajó una gran temporada y volvió a dejar grandes esbozos del jugador que podía ser, con gran visión de juego, capacidad de regates y llegada al área, lo que le sirvió para fichar, esta vez sí, por el Barcelona de Johan Cruyff. Como dije, la suerte nunca estuvo de su lado. Aquel Barça eran los restos supervivientes del grandilocuente 'Dream Team'. Además, la normativa por aquel entonces solo permitía alinear tres extranjeros a la vez y Prosinecki perdió de manera clara aquella batalla contra HagiFigoKodro y Popescu. Aun así estuvo año y medio en el club blaugrana y participó en la Eurocopa de Inglaterra de 1996 con Croacia, aunque sin excesivo protagonismo, al igual que en aquel FC Barcelona.

 
 
 
 
 
Anuncio de Renault con Prosinecki anunciando su simpático muñeco 'Prosikito'. / Youtube.com 
  
 
El éxito de 'Prosikito' fue tal que decidieron ampliar las existencias y fundar la Prosikito Coporation. / Youtube.com 
  
 
 
 

En diciembre de 1996 fue traspasado al Sevilla FC. Con los hispalenses no tuvo mala actuación durante aquella media temporada (20 partidos y 4 goles), pero eso no le valió para salvar a su equipo del descenso a Segunda División. Y ahí terminaría su carrera en el fútbol español. Regresó a Croacia, a su equipo, el Dinamo Zagreb, donde ganó tres títulos ligueros (1997/98, 1998/99 y 1999/00) y volvió a sentirse una estrella. Después tendría un paso breve por el NK Hrvatski Dragovoljac, un año en el Standard Lieja, otro en el Portsmouth FC, el extinto NK Olimpija Ljubljana de Eslovenia y colgaría sus botas donde empezó, en el Dinamo Zagreb. Al margen de su historial de clubes, Prosinecki pudo disfrutar de un bonito momento en su carrera cuando formó parte de su selección en el Mundial de Francia 1998, donde Croacia terminó tercera (marcó incluso dos goles). Robert ocupó un papel secundario en un equipo donde Suker, BobanJarniStanic o Vlaovic se llevaban todos los halagos. Antes ya había liderado a Yugoslavia durante el Mundial de Italia 1990 (es el único jugador que ha marcado en dos Mundiales con dos países distintos), y más tarde también disputaría el Mundial de Corea y Japón 2002, aunque su actuación fue más que discreta.
 

En el imaginario futbolero siempre que hablamos de Prosinecki, lo hacemos con bromas y chascarrillos a las que el mismo se sometió con su famoso anuncio de Renault, en el que intervenía junto a Prosikito, un simpático muñeco mujeriego y fiestero que se lesionaba con facilidad, aptitudes que compartía con nuestro protagonista. Con todos los problemas que tuvo, hay que decir y reconocer que este polémico jugador croata, fumador empedernido, dejó en herencia la única Copa de Europa de un país balcánico tras un fútbol marcado por el ritmo de sus botas. Robert Prosinecki, un chico de 21 años y melena rubia que nunca supo estar en el lugar correcto.

 
 
 
 
 

       
    
 
 
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