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ESTO ES...
¡SPARTAK!
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ESPEREMOS QUE NO SE LO TOMEN MAL ZACK SNYDER, DIRECTOR DE LA PELÍCULA 300, O EL PROPIO FRANK MILLER, AUTOR DEL CÓMIC EN EL QUE SE BASA LA MISMA; PERO LA FRASE PRONUNCIADA POR LEÓNIDAS I, LEGENDARIO REY DE ESPARTA, NOS VIENE DE PERLAS PARA EL PRESENTE REPORTAJE. COMO DIJO NICOLÁS MAQUIAVELO, SEÑORES SNYDER Y MILLER, "EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS". AL MENOS EN ESTE CASO. AUNQUE NO FUE EN EL PELOPONESO, SINO EN LA ANTIGUA ROMA, DONDE UN FUTBOLISTA DEL CÍRCULO DEPORTIVO DE MOSCÚ ENCONTRARÍA LA INSPIRACIÓN PARA DARLE OTRO NOMBRE, OTRA IDENTIDAD A SU CLUB. AQUEL CLUB ACABARÍA CONVIRTIÉNDOSE EN EL SPARTAK DE MOSCÚ.
 
 
Joseba ORMAZABAL FERNÁNDEZ
 

   
 
 
 
Hay quien dice que la sociedad y el fútbol van de la mano. Juntos, como si de una pareja plenamente enamorada se tratara. En la mirada de uno se refleja lo que siente el otro y viceversa. Y a ojos de los más románticos, el fútbol cumple con similar función. El juego que un equipo o una selección practica puede llegar a estar más arraigado de lo que parece a su tierra. Y si no, fíjense en la selección de Brasil de Ronaldo, 'Dinho', Rivaldo, Roberto Carlos, Cafú, Denílson... aquella famosa Canarinha del jogo bonito de principios del siglo XXI que hizo las delicias de los aficionados. Su juego era muy particular. Tan especial y diferente como su propia gente. Esa gente, los brasileños, que se pasan buena parte del día bailando samba, cantando en las favelas y, cómo no, jugando al fútbol, grosso modo hablando. Pero no hace falta irse muy lejos para darse cuenta de lo que hablamos. Basta con echar un ojo al fútbol español. Si por algo destaca la liga española y selección nacional de España, es por su buen juego. El fútbol del tiquitaca se popularizó gracias al estilo que practicaba el combinado dirigido por Luis Aragonés, descanse en paz, y sería desarrollado y mejorado posteriormente por su sucesor en el banquillo, Vicente del Bosque. En líneas generales, el trato de la pelota es impoluto tanto en la liga como en la selección, y eso se debe, en gran medida, a la actitud de sus gentes. Históricamente, al español tipo se le han atribuido rasgos como el de ser un pequeño truhán, alguien pillo y con gran astucia a la hora de desempeñar diversas funciones. Siempre tratando de salirse con la suya pero con mucho arte, tanto para hacerlo como para no hacerlo. En definitiva, la mayoría de los futbolistas españoles destacan por su talento, el talento de los Isco, David Silva, Thiago Alcántara o Andrés Iniesta.
 
Alto, chato. Está muy bien todo esto de unos y otros, pero a lo que íbamos. Analizados los ejemplos de la conexión sociedad-fútbol en Brasil y en España, es preciso retomar este tema para enfocarlo hacia Rusia y su gente. Es hora de dar paso al FC Spartak de Moscú. Este equipo, fundado el 18 de abril de 1922 como Sociedad Deportiva de Moscú, comparte ciudad con sus vecinos pijos del PFC CSKA y el FC Dinamo, ambos moscovitas, claro. Oye, oye, oye... ¿de qué vas?, ¿cómo que "sus vecinos pijos"? Pues, hombre, si tenemos en cuenta que el Spartak representa a toda la clase obrera de Moscú y el Dinamo y el CSKA tienen sus raíces en organizaciones privadas y gubernamentales, está bien tirado el adjetivo, ¿no creen? Por si fuera poco, su fundación no estuvo sujeta a ningún organismo o institución del gobierno soviético, sino que se debió a la fusión de varios equipos deportivos. Por un lado, un grupo de entusiastas liderados por el futbolista Ivan Artemiev lograron el permiso para construir un estadio en una zona abandonada del barrio proletario de Presnya. Por otro, hubo una reorganización tanto de la Sociedad de Gimnasia Rusa (RGO) como de la Sociedad de Educación Física de Presnenski (OFV). Todos estos grupos se fusionarían para formar el Círculo Deportivo de Moscú (Moskovski Kruzhok Sporta). En 1923, solo un año más tarde de su fundación, la denominación del equipo se cambiaría a Krasnaya Presnya, como propuso originalmente Artemiev, y posteriormente sería renombrado como FC Pishcheviki y FC Promkooperatsia, nombre del sindicato de trabajadores de la alimentación.
 
  
  
  
 
 
   
 
El equipo del pueblo
 
Prosigan. Como íbamos diciendo, el FC Spartak de Moscú ha sido siempre el club con el que más se ha identificado la mayoría del proletariado moscovita, la gente normal y corriente de clase trabajadora, ya que oficialmente no representaba a ningún estrato de la sociedad soviética. Por esta razón, también ha sido conocido como 'Naródnaya komanda' ('El equipo del pueblo'). Desde su aparición, esta sociedad deportiva empezó a crecer a pasos agigantados, levantando un estadio, sustentándose en la venta de entradas y jugando partidos por toda la República Socialista Federativa Soviética de Rusia. En 1926, un emblemático futbolista, muy implicado en la fundación del club, no solo logró que la entidad fuera apoyada por el sindicato de trabajadores de alimentos 
–razón por la que también se la conoce como 'Myaso' ('La Carne')–
, sino que hizo posible que el equipo se mudara al Estadio Mikhail Tomsky, con capacidad para albergar hasta 13.000 espectadores. Nueve años después, sería esta misma persona quien contactaría con Alexander Kosarev, secretario de la Komsomol (Unión Comunista de la Juventud). Kosarev pretendía crear su propia institución deportiva, por lo que la propuesta que recibió consistía en que utilizara como base el FC Promkooperatsia. De esta forma, el 19 de abril de 1935 el Consejo de Cultura Física de la Unión Soviética aprobaría la fundación de la nueva sociedad deportiva Spartak. Por cierto, aquel emblemático futbolista no era otro que el gran Nikolái Stárostin.
 
El Spartak y su gente son uno; equipo y afición van de la mano como una pareja de enamorados. Existe un vínculo especial con la hinchada que los hace únicos. La razón se debe a los hermanos Stárostin (Nikolái, Aleksandr, Andréi y Piotr), los encargados de darle otro aire a la entidad. Para empezar, el mayor de ellos, Nikolai, sería el encargado de refundarla, diseñando su escudo y dándole la denominación por la que a día de hoy es conocida: FC Spartak de Moscú. La idea surgió como una alternativa para desbancar al PFC CSKA y al FC Dinamo. Más allá de lo estrictamente institucional, los Stárostin también hicieron gala de su forofismo sobre el verde. Los cuatro hermanos ayudaron al Spartak con las botas puestas, demostrando que amaban el escudo como cualquier otro aficionado. Nikolai jugó en las secciones de fútbol y hockey del club (1925-1936) y era su máximo dirigente cuando la Gran Purga de Iósif Stalin borró del mapa a gran parte de la directiva. En estas dos etapas llevó a su equipo a la gloria, ganando el Campeonato Soviético de Otoño como jugador (1936) y la Primera División de la Unión Soviética y la Copa Soviética, ambas por partida doble, como directivo (1938 y 1939). Sin embargo, se encontraría con un poderoso archienemigo: Lavrenti Beria. Quien fuera durante quince años jefe de la Policía y del Servicio Secreto (NKVD) había sido futbolista y había sido derrotado varias veces por los Stárostin, así que la tomó con el Spartak y los suyos. Se especula que fue el mismo Beria quien ordenó repetir la semifinal de Copa de 1939 entre FC Spartak y FC Dínamo de Tiflis, aun habiendo los moscovitas ganado ya la final. Los guerreros rojiblancos no cedieron ante la intimidación y volvieron a vencer, ratificando su título copero. Toda una hazaña por aquel entonces.
 
Nikolai Stárostin también puede fardar de haber sobrevivido diez años a los gulags, después de ser detenido junto a sus hermanos y otros jugadores. Los hermanos Stárostin serían verdaderos ídolos para guardias y presos, por su talento futbolístico en los partidillos, en los que Nikolai ya empezaba a ejercer como entrenador, y por sus numerosas historias deportivas. En 1948, Vasili Dzhugashvili, hijo del mismísimo Josif Stalin, ordenó que el mayor de los Stárostin regresara de su cautiverio en Siberia para entrenar al equipo de fútbol de la Fuerza Aérea Soviética, tomándolo incluso bajo su protección debido a las amenazas constantes de Lavrenti Beria. Durante una noche, Nikolai intentó escapar por la ventana para ver a su familia y fue interceptado por la policía secreta, que decidió desterrarlo de por vida a Kazajistán. Allí, dirigió a varios equipos locales hasta firmar por el FC Kairat Almaty, al que convertiría en el club kazajo más importante del país. Ya en 1953, tras la muerte de Stalin, los hermanos Stárostin fueron liberados después de la anulación de sus condenas. Nikolai fue designado para comandar desde el banquillo a la selección de la URSS, ganando la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Melbourne 1954, tras vencer en la final a Yugoslavia (0-1). En 1955, regresaría a su Spartak como presidente, manteniéndose en el cargo hasta 1992.
 
  
 
 
 
 
 
Espíritu guerrero
 
Spartak y adversidad; adversidad y Spartak. Si equipo y afición son como una pareja de enamorados, club y adversidad constituyen directamente un matrimonio. Y es que, como vemos, este Spartak es mucho Spartak. Supera todo lo que viene en contra y sale fortalecido. Los hermanos Stárostin lograron una unión sólida entre equipo y afición, dotando a toda la parroquia rojiblanca de un carácter al alcance de muy pocos. El conjunto moscovita ha sabido sobreponerse a cada uno de los golpes que ha recibido a lo largo de su apasionante historia. Además, casi siempre lo ha hecho con creces, haciendo gala de la cualidad más espartana que existe: el espíritu guerrero. Tal y como podemos apreciar en la película 300 (Zack Snyder, 2006), a principios del siglo V a.C., el rey persa Jerjes I exigió un tributo a Esparta como acto de sumisión hacia su todopoderoso imperio. La respuesta del rey espartano, Leónidas I, no fue otra que lanzar al emisario persa derechito hacia el pozo del infinito al grito de "¡Esto es Esparta!", como una contundente muestra del indomable espíritu de su pueblo. En esta nuestra historia los tiros también van por ahí, puesto que, como estamos comprobando, el Spartak de Moscú tampoco se ha doblegado nunca ante ninguna clase de amenaza o desdicha, resistiendo a base de fuerza y coraje .
 
Hablar de Rusia en la década de los años 80 es igual que cagarse en todo, sean perdonadas las maneras. Aquella Rusia, enfrascada en el contexto de los últimos años de la Unión Soviética y la Guerra Fría, era prácticamente un país subdesarrollado, donde la creciente escasez de comida y, cómo no, de cultura era más que palpable. A pesar de definirse como un estado federal marxista-leninista enfocado al comunismo, las diferencias sociales y económicas entre unos y otros en la URSS eran abismales. En países de este tipo, donde los ricos se aprovechan aún más de los pobres, el fútbol es utilizado como elemento de resistencia política y social. Ah, pero no olviden, también puede llegar a convertirse en un arma de doble filo. El balón está en el tejado de quien pueda permitírselo o de quien pueda hacer los méritos suficientes para lograrlo, y eso no es sinónimo de igualdad ni mucho menos. Nada más lejos de la realidad, el fútbol ruso estaba comandado por mafias, grupos armados y organizaciones privadas. Ante este diorama, el FC Spartak de Moscú tiró de valores y de casta. La entidad moscovita se andaba sin rodeos, sin contemplaciones, y, sobre todo, sin amaños. Cuando un ferviente hincha del Spartak como el antropólogo Shinkariov fue preguntado por el tema, este respondió orgulloso y feliz: "Al aficionado le gusta creer que, cuando su equipo gana, no es por haber comprado al rival", haciendo referencia a todo el entorno rojiblanco y a sus valores tan bien conservados. Al contrario de clubes como el SC Tavriya de Simferópol, conjunto ucraniano que se alzó con el campeonato doméstico a base de amaños, el Spartak se ganó el cariño del mundo fútbol gracias a su honradez y a la cercanía con el pueblo. 
 
El espíritu guerrero del FC Spartak de Moscú va mucho más allá del aspecto futbolístico. Esta característica está tan intrínseca en la idiosincrasia del club que podría afirmarse que constituye uno de los grandes pilares que lo sostienen. En una época en la que la política salpicaba con más fuerza que nunca el deporte, los aficionados krasno-belie eran los auténticos anti-sistema del mundo del fútbol. Ya por aquellos años el capital económico empezaba a primar por encima de todo, acercándose de manera paulatina a la realidad actual. El verde de los billetes había pasado a ser el principal objetivo de unas empresas que aún se hacían llamar 'equipos'. Sí, amigos, el Spartak rompía con todo eso: ni primas, ni lujos, ni grandes patrocinadores... Quizás lo más fácil para la entidad hubiera sido dejarse llevar y darle la bienvenida a todo el dinero que podría haber llegado desde la política, o, lo que podría ser peor para muchos de ellos, desde la armada. Pero nada por el estilo se atrevería a manchar el escudo obrero. Club y afición marchan en una misma dirección.
 
 
 
 
  
 
 
La tragedia de Luzhnikí
 
Miércoles 20 de octubre de 1982. Partido de ida de los dieciseisavos de final de la Copa de la UEFA entre el FC Spartak de Moscú y el HFC Haarlem holandés, con el Estadio Central Lenin como escenario del choque. Era una fría tarde de invierno. El invierno ruso es muy particular, bien distinto, donde superar los cero grados es toda una anomalía. Además, las condiciones atmosféricas de aquellos días eran incluso más duras de lo habitual. Debido a la baja asistencia de público, el club decidió abrir solo dos de las gradas del estadio. Aun así, permitió que casi toda la hinchada se concentrase en el fondo más cercano a la estación del metro, lo que significaba que habría unos dieciséis mil espectadores situados en un único sector de aquel desmesurado campo. Todo es colosal en Moscú, y el fortín del Spartak no iba a ser menos, con capacidad para acoger hasta a 82.000 personas (así, como apunte). Una vez iniciado el encuentro, el centrocampista Edgar Gess marcó a los diecisiete minutos para adelantar al cuadro local y la euforia se apoderó de toda la afición rojiblanca. Sin que nadie pudiera imaginárselo, una catástrofe estaba a punto de ocurrir. Lo realmente paradójico de esta historia es lo tarde que saldría a la luz...
 
Aún lucía el 1-0 en el luminoso y el tiempo corría y corría, alcanzándose los minutos de descuento. En aquel momento, muchos de los allí presentes ya habían optado por abandonar su asiento para dejar el estadio por la única salida disponible. Hasta ahí, todo transcurría con total normalidad. Pero amigo, toda historia necesita su percance, su adversidad. En el tiempo añadido, el defensa Sergei Shvetsov hizo el tanto de la sentencia (2-0) y, acto seguido, el colegiado yugoslavo Edvard Sostaric pitó el final del encuentro. En pos de celebrar el gol, muchos aficionados de lo que se habían ido trataron de regresar a la grada. Los que volvían y los que salían colisionaron, generando una enorme masa de gente de la que resultaba imposible salir ileso. Una avalancha humana en toda regla. Aquella intención de retorno les salió muy cara, tanto que la pagaron con su propia vida y con la de muchos otros, en su mayoría a causa de la asfixia. 
El Estadio Central Lenin acabó convirtiéndose en la antesala de una de las desgracias más recordadas en la historia del deporte, silenciada en su día por las autoridades locales. Los hechos no aparecieron en los medios de comunicación, a excepción de una breve nota en el Vechernyaya Moskva, mientras que la prensa occidental estimaba entre 30 y 70 el número de fallecidos. Apenas se supo nada del suceso hasta que el periódico deportivo Sovietski Sport dio voz a los acontecimientos y, con ello, a las víctimas. La realidad es que no era la primera vez que acontecía algo así en territorio soviético. Hay quien se atreve a comparar esta catástrofe con la del Sokolniki Arena, ocurrida en Moscú el 10 de marzo de 1975, cuando una veintena de personas murieron a causa de una estampida sucedida tras un apagón en un partido de hockey juvenil. Aquellos hechos tampoco trascendieron en ninguno de los medios de comunicación nacionales.
 
El dirigente Yuri Andrópov, nuevo Secretario General del Partido Comunista de la Unión Soviética, impulsaría una comisión de investigación para determinar con exactitud los hechos de la ya conocida como Tragedia de Luzhnikí. El director del estadio, Victor Kokryshev, y el gerente, Yuri Panchikhin, fueron los únicos condenados con una pena máxima de tres años en prisión, que posteriormente sería amnistiada. Por su parte, los dos investigados restantes quedaron en libertad y el papel de la policía soviética ni siquiera fue revisado. En 1989, siete años después de lo ocurrido, los informes serían desclasificados con el reporte de víctimas oficial. En algunas publicaciones se habla aproximadamente de unas 300 muertes, pero este dato nunca ha sido confirmado. Aquel desastre hizo todavía más fuerte al Spartak de Moscú y a los suyos. Para honrar a las víctimas, el club construyó un monumento en los aledaños del campo. Además, en el vigesimoquinto aniversario de la Tragedia de Luzhnikí, las leyendas de Spartak y Haarlem disputaron un partido benéfico en memoria de los fallecidos. A día de hoy, se calcula que en uno de los pasillos de aquel gigantesco estadio​ murieron unas 340 personas.
 
  
   
  
 
 
   
 
CSKA: el rival
 
Todavía hay más. Todo lo que han podido leer hasta ahora sirve para hacernos una idea de la dimensión de este equipo, pero para conocer bien a un club es necesario conocer bien a sus enemigos. Si antes decíamos que el FC Spartak de Moscú es un club guerrero como ninguno, más lo es si cabe al ver quién es su máximo rival. Hablamos ni más ni menos que del PFC CSKA de Moscú. En un enfrentamiento entre el equipo del pueblo y el del Ejército las conclusiones salen solas. Pero, por si las moscas, procederemos a explicarlo. Sabedores de lo que representa cada equipo en la sociedad rusa, es hora de profundizar en lo que hemos denominado el 'derbi del Lenin'. No lo hemos llamado así por casualidad, sino porque ambos conjuntos compartieron estadio durante varios años, dándole forma al derbi por antonomasia de la ciudad de Moscú. En este tipo de partidos es donde mejor se ve el conflicto pueblo-armada que se vivía en aquella Rusia. Para conocer a fondo tal duelo, es preciso leer algunos testimonios. Así hablaba una vez un joven ruso acerca de ello: "Cuando a los dieciocho años entramos en el Ejército y nos topamos con la cruda realidad, dejamos de ser aficionados del CSKA para siempre". Y no es de extrañar. L
os fans de uno y otro equipo eran muy pero que muy diferentes. Para empezar, el CSKA solo lograba mantener la fidelidad de sus hinchas hasta la mayoría de edad, mientras que el Spartak atraía a jóvenes y mayores. Estos no pertenecían a una institución que sometía a los suyos, tal y como contaba aquel joven ex-aficionado rojiazul. Sin ir más lejos, en los mismos cánticos se aprecia el fanatismo de los hinchas del Spartak y su odio hacia el CSKA: "¡Caballos! ¡Caballos!", gritaban los rojiblancos a los rivales por ser la 'caballería', es decir, el Ejército. Para alentar a sus gladiadores, el cántico más sonado era "¿Quiénes somos? ¡Somos la carne!", debido a que durante varias campañas contaron con el patrocinio de una fábrica de productos cárnicos. Mientras que el CSKA tan solo contaba con espectadores que asistían al campo para matar el tiempo, el Spartak tenía aficionados de verdad, que vivían el fútbol como nadie y sentían un amor incondicional por su equipo.
 
No nos cansaremos de repetirlo: el Spartak nunca ha representado a ningún estrato del sistema soviético, pero a la vez ha representado a todo aquello que no está ligado al Gobierno o una organización privada. Es decir, era el club de la clase obrera, mientras que el CSKA pertenecía al Ejército. Dicho todo esto, claro está que este partido sobrepasaba las barreras de lo deportivo y se convertía en un choque socio-político: social por la gente que apoyaba a unos y otros (o que, al menos, se agrupaban a favor de unos y otros, porque animar, lo que es animar, los hinchas del CSKA animaban más bien poco); y político por todos los intereses que existían detrás del mismo, sobre todo en relación al CSKA. Sin embargo, el Spartak tampoco estaba ya exento de politización. Para comprender bien esta situación es preciso tratar acerca de la figura del político Konstantín Chernenko. El que fuera Secretario General del Partido Comunista entre 1984 y 1985, era un declarado aficionado del Spartak de Moscú y lucía con orgullo su amor hacia la rojiblanca. Tal sentimiento hacia estos colores pudo ser el hilo conductor del Spartak hacia la política. A ojos de la inmensa mayoría de la sociedad moscovita, el hecho de que Chernenko apoyara al Spartak convertía al club en el máximo representante del comunismo en el panorama fútbol.
 
 
El bautismo
  
En definitiva, desde los inicios de la Unión Soviética, el Spartak de Moscú no solo campeaba allá por donde, sino que, además, siempre mantenía intactos sus valores. Mientras que el PFC CSKA era el equipo del Ejército, el FC Dinamo pertenecía a la Policía y los Servicios Secretos (KGB), el FC Lokomotiv estaba ligado al sindicato de los trabajadores del ferrocarril y el FC Torpedo representaba al sector del automóvil, el FC Spartak encontró su seña de identidad en el pueblo ruso. En el año 1935, los hermanos Stárostin y algunos compañeros, entre ellos Piotr Isakov, Ivan Filippov, Stanislav Leuta y Piotr Popov, se reunieron con el fin de decidir un nombre apropiado para su nueva sociedad deportiva. Días más tarde, Nikolái Stárostin pronunciaría uno de los discursos más célebres que se recuerdan en el cuadro rojiblanco: "Y de nuevo suenan monótonamente las mismas palabras una y otra vez: fidelidad, arrojo, victoria... ¡No, no, no! De repente, mi mirada se fija sobre un libro que estaba encima de la mesa: Espartaco, de Raffaello Giovagnoli. Lo tomo y pienso que nos hace falta un lema, un nombre que muestre las mejores cualidades de los atletas; la hombría, la voluntad, la estabilidad y la fuerza, la fidelidad a una idea. El líder de los gladiadores tenía todas estas cualidades. ¡Llamemos a nuestro nuevo equipo Spartak!".
 
 
 
 

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