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EL MILAGRO
DEL 'PETISSO'
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NOS GUSTAN LAS HISTORIAS. EL FÚTBOL SE HA HECHO A BASE DE ELLAS Y SIEMPRE HAY ALGUNA QUE CONTAR. HISTORIAS QUE PASAN DE PADRES A HIJOS Y DE ABUELOS A NIETOS. DE CADA PARTIDO, DE CADA JUGADOR, DE CADA EQUIPO Y DE CADA CAMPEONATO SURGEN ACONTECIMIENTOS QUE ACABAN TRANSFORMÁNDOSE EN VERDADEROS HITOS HISTÓRICOS DE ESTE DEPORTE. COMO EL QUE CONTAMOS EN EL SIGUIENTE REPORTAJE: DE CÓMO UN EQUIPO QUE JUGABA EN SEGUNDA DIVISIÓN, ARCHICONOCIDO EN LA ACTUALIDAD, FUE CAPAZ DE LEVANTAR LA COPA NACIONAL DE SU PAÍS, ESPECIALMENTE GRACIAS AL BUEN HACER DE UN MENUDO ENTRENADOR ARGENTINO.
 
 
David RUIZ
 

   
 
 
 
Para contar la siguiente historia es necesario contextualizar y realizar un viaje hacia la década de los 60. Los maravillosos años 60 fueron testigos de algunos de los sucesos más reseñables de todo el siglo XX: el origen de la contracultura y el movimiento hippie, la construcción del Muro de Berlín, el Concilio Vaticano II, el inolvidable discurso de Martin Luther King, la Revolución Cultural Proletaria de Mao en China, los asesinatos de John F. Kennedy, Malcolm X, el Che Guevara o el mismo Luther King, el auge de la carrera espacial entre Estados Unidos y la Unión Soviética o la etapa más característica del cineasta Alfred Hitchcock. Una década que marcaría un antes y un después en nuestras vidas y, como no podía ser de otra manera, también lo haría en lo futbolístico con un acontecimiento que quedaría para los anales de la historia. El presente reportaje aborda una de las grandes proezas deportivas ocurridas en una de las zonas más perjudicadas por la mafia italiana, pero también, seguramente, la que más ha sabido superar las adversidades, reconocerse a sí misma y remar como una familia ante cualquier dificultad. Hablamos de Nápoles, la ciudad más poblada del sur de Italia, la que registra mayores tasas de desempleo de todo el país, una ciudad que podría disfrutar en años posteriores de uno de los mejores jugadores de toda la historia, Diego Armando Maradona. Aunque aún faltaban más de dos décadas para que 'El Pelusa' aterrizara en el Vesubio y se convirtiera en rey napolitano, la pasión de los habitantes de la capital de la región de Campania por el fútbol ya era una de las más sonadas de todo el país italiano.
 
  
  
  
 
 
   
 
"La capital mundial del estereotipo, hasta el punto de que cuando el equipo de fútbol va a jugar a cualquier otra ciudad de Italia, la afición rival no se mete con los jugadores, sino con los napolitanos". Estas palabras del filósofo italiano Giuseppe Ferraro, que comentó en una de sus clases de forma irónica, reflejan a la perfección lo que el conjunto napolitano, muy ligado a la ciudad, ha tenido que llevar consigo desde sus inicios como equipo de fútbol. El SSC Nápoles (denominado en entonces como Associazione Calcio Napoli) era por aquellos años un fijo en la Serie A, con tan solo un par de descensos a la Serie B desde su fundación. Un penúltimo puesto en la temporada 1960/61 volvía a condenarlo a jugar en la segunda división del fútbol italiano. Sin embargo, aquel sería el inicio de una historia que aún nadie ha sido capaz de igualar más de medio siglo después, y lo haría siendo fiel a su idiosincrasia sureña, cercana y tenaz. El Nápoles del técnico ítalo-argentino Bruno Pesaola conseguiría levantar la Coppa Italia en 1962, un acontecimiento que quizás podría resultar baladí si tenemos en cuenta el nivel actual del equipo napolitano. Pero en aquella turbulenta década de los 60, en la que la escuadra partenopea todavía no había logrado afianzarse en la élite del fútbol transalpino como sí haría más tarde, el mérito de aquella hazaña cobraba una dimensión mayúscula. Se convertiría en el flamante campeón copero jugando todavía en la Serie B e igualando así el récord del Vado FBC, que ya había levantado el trofeo en 1922. Eso sí, aquella primera edición despertó muy poco interés y apenas tuvo participación de los equipos de primera. Por tanto, aquel Nápoles es considerado hasta la fecha prácticamente como el único equipo del mundo capaz de ganar este torneo militando en segunda división. Un hito histórico, una gesta inigualable que define bien al pueblo napolitano y que pasamos a desgranar a continuación.
 
El conjunto napolitano se había adentrado en la nueva década tras decir adiós a una de sus principales figuras: Luís Vinício. El atacante brasileño había cosechado grandes números en un equipo irregular, marcando 69 goles en cinco campañas. Pero 'O Lione' no había abandonado solo Nápoles. Luciano Comaschi, Rodolfo Beltrandi, Sergio Morin, Sandro Vitali, Gennaro Rambone, Cesare Franchini, Amedeo Gasparini o Bruno Pesaola también habían decidido cambiar de aires en aquel verano de 1960. Se avecinaban tiempos difíciles para los azzurri, que acabarían bajando a la Serie B tan solo un año después. El descenso obligó al club a desprenderse de la mayor parte de la plantilla, incluidos jugadores tan importantes como el guardameta Ottavio Bugatti (FC Inter de Milán), el líbero Celso Posio (ACR Messina) o los delanteros Gino Pivatelli (AC Milan) y Emmanuele Del Vecchio (Calcio Padova). La vuelta a la Serie A pasaba por una reconstrucción profunda de la plantilla, ya que solo permanecieron el guardameta Pacifico Cuman, los defensores Luigi Bodi, Guglielmo CostantiniElia Greco, Dolo Mistone y Gianfelice Schiavone, el centrocampista Antonio Girardo y el delantero argentino Juan Carlos Tacchi. Así, Achille Lauro, propietario del Nápoles, y Alfonso Cuomo, presidente y hombre de confianza de Lauro, apostaron por jugadores que darían un enorme rendimiento. En portería fichó a Walter Pontel (Calcio Catania); en defensa a Giovanni Molino (SS Lazio) y Mauro Gatti (FC Inter de Milán); en mediocampo a Pierluigi Ronzon (AC Milan), Amos Mariani (SS Lazio), Achille Fraschini (ACR Messina), Luigi Simoni (AC Mantova) y Ugo Tomeazzi (AC Torino); y en ataque a Giovanni Fanello (Calcio Catania), Glauco Gilardoni (AC Lecco) y Gianni Corelli (SPAL). Entre ellos, destacarían especialmente el líbero Ronzon, capitán que jugaría seis años con la camiseta azurra; el joven Simoni, que iría poco a poco ganando galones en la plantilla; y Corelli, el goleador del equipo. En la parcela técnica, Amedeo Amadei saldría del club tras cinco temporadas para dejar su puesto al ítalo-suizo Fioravante Baldi, procedente del US Palermo.
 
  
 
 
 
 
 
Después de un año convulso y con la presión añadida de tener que ilusionar a una afición decepcionada y necesitada de noticias positivas, el AC Napoli encaraba la temporada con el objetivo de retornar a la Serie A lo más pronto posible. Sin embargo, tras un comienzo liguero prometedor, el equipo se desinflaría, obteniendo solo 1 victoria en 10 partidos. Las mayores alegrías llegarían en la Coppa Italia, que por entonces aún se jugaba a partido único. La andadura copera comenzaba ante el Alessandria US. Aquel encuentro acabaría con empate (1-1) tras los goles de Glauco Gilardoni para los azzurri y Renzo Cappellaro para los grigi. Por tanto, la eliminatoria se decidiría en unos penaltis que cayeron del lado del cuadro napolitano gracias a los lanzamientos anotados por Luigi Bodi (6-5). La siguiente fase deparaba un duelo ante un conjunto de Serie A como la UC Sampdoria. Tras un sufrido partido en el que el Nápoles hizo gala de su buena defensa (0-0), se llegó de nuevo a una tanda de penaltis en la que se impusieron nuevamente los del barrio de Fuorigrotta (7-6), esta vez con Gianni Corelli como gran protagonista. El rendimiento en la competición doméstica seguía sin presentar signos de mejora y las alarmas comenzaban a activarse. Después de diecinueve jornadas, los napolitanos habían cosechado 5 victorias, 8 empates y 6 derrotas, acabando la primera vuelta en la parte baja de la tabla y en peligro de descender a la Serie C. Una nueva derrota en el primer partido de la segunda vuelta, ante el AC Novara (2-1), fue el detonante para cesar en su puesto al técnico Fioravante Baldi. Debido a la recomendación del directivo (y posterior presidente) Roberto Fiore, el club se fijó en Bruno Pesaola, que había dejado huella en Nápoles durante sus ocho temporadas como futbolista, formando un tridente memorable junto a Hasse Jeppson y Giancarlo Vitali. Pesaola, apodado el 'Petisso' ('Pequeño'), vivía su primera experiencia en los banquillos dirigiendo al US Scafatese de la Serie D. "Sigue tu corazón", le dijo el presidente del Scafatese a Pesaola, pues no le quedaba más remedio que dejar libre al entrenador de Avellaneda tras la llamada del máximo dirigente napolitano, Achille Lauro. Pesaola ni siquiera tenía licencia para entrenar en Serie B, pero Lauro consiguió que la Federación Italiana de Fútbol (FIGC) hiciera una excepción.
 
Bruno Pesaola lograría cambiarle la cara al Nápoles desde el primer momento. El 'Petisso' era un competidor nato. Siempre se le veía nervioso en el área técnica azurra, fumando como un cosaco y sin despegarse de su inseparable abrigo de camello, su amuleto de la suerte. Generoso, alegre y risueño, imprimió carácter y entusiasmo a la escuadra napolitana. Solo necesitó un partido para conseguir su primera victoria, ante el Modena FC (2-0). Las dos siguientes citas tendrían un desenlace similar, primero contra el Parma US (0-2) y después contra el US Lucchese Libertas (1-0). La fórmula del 'Petisso' funcionaba. Aquellos tres triunfos consecutivos significarían el inicio de una magnífica racha de resultados. Pesaola no solo sacó al equipo de la zona peligrosa de la tabla, sino que consiguió meterlo de lleno en la lucha por el ascenso. El técnico bonaerense demostraría una gran capacidad humana y psicológica. Por ejemplo, tras la visita a la ermita de Grottaferrata, durante la cual Fanello sufrió un esguince de tobillo. El percance provocó que el capitán napolitano, Ronzon, se negara a jugar. Sin embargo, después de una charla distendida, Pesaola logró disuadirlo. Por otra parte, la Coppa Italia había empezado a despertar expectación entre los aficionados partenopeos. El Nápoles, sin saberlo, estaba cada vez más cerca de hacer algo que se recordaría por siempre por aquellos lares. En octavos de final, el gran estado de forma que atravesaba el equipo invitaba a soñar, a pesar de que la mayoría de los clubes que seguían vivos en la competición jugaban en Serie A. Uno de ellos era el próximo rival a batir, el AC Torino, entrenado por el argentino Benjamín Santos, liderado por Enzo Bearzot y con jóvenes talentos como Roberto Rosato, Giorgio Ferrini o el escocés Denis Law. El choque tuvo lugar a finales del mes de abril en el Estadio Olímpico de Turín. Aunque los de casa partían como claros favoritos, el gran héroe de la eliminatoria sería el delantero visitante Glauco Gilardoni, anotando un doblete a mediados del segundo periodo que dejaba fuera a los granati y clasificaba a los napolitanos para la siguiente ronda (0-2). En los cuartos de final esperaba uno de los grandes de Italia: AS Roma.
 
 
 
 

  
 
La Roma venía de firmar un quinto puesto en la Serie A con unas sensaciones poco positivas. Dirigidos por otro argentino, Luis Antonio Carniglia, contaban con algunos de los mejores jugadores de Italia como Giacomo Losi, Giampaolo Menichelli, Paolo Pestrin, Antonio Angelillo o el argentino Pedro Manfredini. El partido disputado en el Estadio Olímpico de Roma comenzó como era de esperar, con un asedio constate de los locales. El sistema planteado por Pesaola parecía infranqueable. Tornó su habitual 2-3-5 a un 4-2-4, colocando al joven canterano Rosario Rivellino junto a Ronzon por delante de la defensa. Primero Corelli y luego el propio Rivellino evitarían el tanto romanista. Sin embargo, en la segunda parte los napolitanos se asomaron más a la portería rival. Un zapatazo lejano de Corelli provocó que el balón hiciera un efecto extraño y se colara por la escuadra de la meta defendida por Fabio Cudicini. En la recta final, un disparo de Manfredini era blocado por Cuman sobre la línea de gol, aunque en posición dudosa. Pese a las protestas de los giallorossi, el colegiado Giulio Campanati no concedió el tanto y poco después pitaría el final del encuentro (0-1). El Nápoles se había clasificado para semifinales de la Coppa Italia por primera vez en su historia. Pero quería más.
 
  
 
 

  
 
 
 
El 31 de mayo de 1962 se jugarían las dos eliminatorias de semifinales de la Coppa Italia: SPAL-Juventus FC y AC Napoli-AC Mantova. El Nápoles era el único de los cuatro que militaba en la Serie B, y aún se encontraba en plena lucha por el ascenso a la élite. El resto ya había finalizado el campeonato liguero, por lo que encaraban las semifinales sin muchas preocupaciones ni presiones. El enfrentamiento entre napolitanos y mantuanos se celebraría en un Estadio San Paolo inaugurado tan solo dos años antes. Los biancobandati llegaban con un joven Angelo Sormani como principal referencia de ataque. El futbolista ítalo-brasileño, conocido como 'El Pelé Blanco' y que más tarde vestiría la elástica azurra, venía de ser el tercer máximo artillero de la temporada en la Serie A con 16 tantos. El duelo estuvo tremendamente equilibrado. El Nápoles se adelantaría pronto mediante Tomeazzi, pero, apenas media hora más tarde, Italo Mazzero empataría desde el punto de penalti. En el minuto 67, Fanello haría el gol decisivo (2-1) que metía al Nápoles en la primera final de sus treinta y seis años de historia.
 
 
 
 

 
  
 
La ilusión copera se había apoderado de la ciudad de Nápoles. Aún así, antes había que certificar el retorno a la máxima categoría. El primer obstáculo era la SS Sambenedettese, a la que el Nápoles doblegó en casa con goles de Fraschini y Ronzon (2-0). El último partido, relativo a la trigésimo sexta jornada de liga y aplazado por las inclemencias meteorológicas, les enfrentaría ante el AC Hellas Verona, rival directo por el ansiado ascenso. Mientras los napolitanos contaban con 41 puntos, los veroneses partían con ventaja al tener ya 42, los mismos que una Lazio situada en puestos de promoción por diferencia de goles, aunque con todos sus partidos ya disputados. Al Nápoles solo le valía ganar y es lo que haría gracias a un nuevo tanto más de su máximo goleador, Gianni Corelli, en el minuto 61. De esta forma, los azzurri completaban una enorme segunda parte del campeonato para acabar como segundo clasificado con 15 victorias, 13 empates y 10 derrotas, ascendiendo directamente a la Serie A junto a Genoa CFC (1º) y Modena FC (3º). El desenlace copero entre Nápoles y SPAL sería inolvidable. El 21 de junio era la fecha y el Olímpico de Roma el lugar del encuentro. Los napolitanos presentaban una alineación en la que figuraban Pontel; Molino, Gatti; Girardo, Rivellino, Corelli, Mariani, Ronzon, Tomeazzi, Fraschini y Tacchi. Por su parte, la escuadra de Ferrara dibujaba una formación con Patregnani; Muccini, Olivieri; Gori, Cervato, Riva; Dell'Omodarme, Massei, Mencacci, Micheli y Novelli, dirigidos desde la banca por Serafino Montanari. SPAL era favorito, más aún tras eliminar en semis a la Juventus de Turín por un sorprendente 4-1. Pero en el fútbol no suele imperar la lógica y este choque no sería una excepción. La final le sonreiría desde bien temprano al Nápoles. En el minuto 12, Corelli haría vibrar a su hinchada tras un golpeo magistral de libre directo ante el que nada pudo hacer Patregnani. Sin embargo, duraría poco la alegría, pues tan solo tres minutos después empataría el SPAL por mediación de Micheli. El delantero spallino resolvió una jugada individual cruzando un disparo ajustado que llevaría las tablas al marcador.
 
La final de Coppa Italia prometía emociones y ambos conjuntos dieron buena fe de ello. Las llegadas a las áreas se sucedieron y, aunque la posesión era claramente del equipo ferrarés, las opciones más peligrosas serían de los napolitanos, que estuvieron muy cerca de adelantarse nuevamente poco antes del descanso. Patregnani se resarciría del primer gol atajando un lanzamiento de penalti ejecutado por el mismo Corelli. Y hablando de porteros, después de la reanudación, Bruno Pesaola se vería obligado a sustituir al cancerbero titular, Pontel, debido a una lesión, dando entrada a Cuman. La segunda mitad transcurriría sin un dominador claro y sin la intensidad presenciada en los primeros cuarenta y cinco minutos. Pero justo cuando el partido moría, cuando solo restaban unos once minutos para llegar a la prórroga, Ronzon, tras una excelente asistencia desde el borde del área de Tacchi, se sacaba una descomunal volea que batía al guardameta del SPAL, llevando al marcador el 2-1 definitivo. Pierluigi Ronzon, el capitán y el jugador más utilizado por Pesaola, se convertía en el gran héroe, escribiendo su nombre con letras doradas en la historia deportiva napolitana. Excepto algún precedente ambiguo como el del Vado FBC, ningún club ha conseguido levantar un trofeo a nivel nacional militando en una categoría inferior, solo aquel Nápoles en 1962. Desde entonces, han pasado los días sin que nadie haya podido igualar la leyenda llevada a cabo por Bruno Pesaola. El argentino había aterrizado en un equipo que atravesaba una situación muy delicada y, contra todo pronóstico, obtuvo un balance de 14 victorias, 5 empates y solo 3 derrotas, devolviéndolo a la Serie A y ganando un título copero. Aquella Coppa Italia supuso un antes y un después en la historia napolitana, pues sería el primero de los muchos títulos que acabarían consiguiendo en épocas posteriores, sin duda, mucho más laureadas. Algunas de ellas estarían protagonizadas por uno de los más ilustres de todos los tiempos. Quizá otro día hablemos del milagro de Maradona, historia viva de la gran familia napolitana. Como histórico será siempre el bueno de Bruno Pesaola. El 'Petisso' continuó solo otra temporada más al frente del equipo, pero volvería a ser entrenador azzurro en tres etapas más (1964-68, 1976-77, 1982-83). Se enamoró tanto de Nápoles que se consideraba "un napolitano nacido en el extranjero", e incluso echó raíces en la ciudad, donde pasaría sus últimos días. Según decía siempre: "Nápoles es un lugar donde nunca te sientes solo".
 
 
 
 

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