QUINOCHO
SANGRE
CELESTE
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EL VÍNCULO QUE UNE A UNA PERSONA CON SU EQUIPO DE FÚTBOL A VECES TRASCIENDE MÁS ALLÁ DEL DEPORTE Y ACABA CONVIRTIÉNDOSE EN ALGO CASI SAGRADO. LA VIDA DE JOAQUÍN FERNÁNDEZ SANTOMÉ REPRESENTA UN EJEMPLO PERFECTO DE ELLO. SU RELACIÓN CON EL RC CELTA DE VIGO COMENZÓ EN 1953 Y NO CESARÍA HASTA EL INSTANTE DE SU ÚLTIMO ALIENTO. EL PRESENTE REPORTAJE ES UN HOMENAJE A UN HOMBRE QUE LO DIO TODO POR UN CLUB Y UNOS COLORES, UN HOMBRE QUE VIVIÓ Y ENRIQUECIÓ EL FÚTBOL. ESTE DEPORTE ES GRANDE PORQUE PERSONAS COMO ÉL DIERON A LOS AFICIONADOS EL VALOR Y EL SITIO QUE SE MERECEN. EN MEMORIA DE QUINOCHO, JUGADOR, GERENTE Y HOMBRE DEL PUEBLO.
 
 
José GORDILLO /
Gabriel SANTAMARINA
 

   
 
 
 
Esta historia es de aquellas que no se suelen contar en los libros ni en los periódicos. Esta historia es de aquellas que quedaron ancladas en el tiempo, cuando el fútbol aún no era analizado por miles de televisiones grabando cada jugada y cada detalle, ni existían los peinados estrambóticos o los cochazos de alta gama en las puertas de las ciudades deportivas. Esta historia se remonta a aquellos años en los que los futbolistas todavía podían pasear por la calle tranquilamente, en los que ellos mismos podían ir a comprar el pan sin ser observados ni abordados por decenas de aficionados. Esta historia pertenece al fútbol que comienza en el barrio y acaba en el club de tu ciudad, en el equipo de tus amores. Hablamos de una época sin filtros, una época en la que lo único que importaba era la pasión por el juego. Esta historia es de aquellas que pertenecen puramente al futbol de verdad.
 
 
  
 
 
   
 
Joaquín Fernández Santomé, más conocido como Quinocho, nació en Vigo el 17 de mayo de 1932. Se crió en el céntrico barrio de Casablanca, conocido también como la pequeña América debido a que muchas de sus calles tienen nombres de países latinoamericanos. "Empecé jugando en la finca de los Capuchinos y también en el Colegio Salesiano en el que estudiaba. En los recreos y al salir de clase corríamos al campo de tierra con porterías que había y allí desarrollábamos nuestra afición", contaba el mismo Quinocho en una entrevista publicada en el libro Un Celta de primera. En 1948, con solo 16 años, ficha por el juvenil del equipo del barrio, el SC Casablanca, por donde habían pasado futbolistas como Sobrado, Pahiño o Hermidita. "En la ficha tuvieron que falsificarme la edad, pues entonces no se podía jugar con menos de 18 años", confesaba. En sus inicios jugaba de extremo por las dos bandas, posición que ocuparía hasta 1951.
 
Al principio de la década de los 50, el SC Casablanca pasó a integrarse en el RC Celta de Vigo, convirtiéndose en su filial y compitiendo bajo el nombre de RC Celta Casablanca hasta 1954. "Nuestra ilusión de chavales era jugar en el Celta, era el equipo que más nos atraía, más que el Madrid, el Bilbao o el Barcelona", explicaba Quinocho. A pesar de que confiaba mucho en su fuerza física, 'Quino', como lo llamaban sus amigos, siempre se sacrificaba al máximo para mejorar como futbolista. Entrenaba cada día como el que más, por lo que lo más normal era que su dedicación y su esfuerzo se vieran recompensados tarde o temprano. Yayo Sanz, ex jugador y entrenador del primer equipo celeste por aquel entonces, lo llamaría a sus filas cuando aún contaba con 19 años: "Un día que necesitaba un defensa me puso de lateral derecho y ya desde entonces pasé a ocupar esa demarcación".
 
 
La cesión en Ferrol y el salto de categoría
 
Después del verano de 1953, el RC Celta de Vigo decidió ceder a Monchito y Quinocho al Club Ferrol (Racing de Ferrol), donde podrían disfrutar de minutos para poder foguearse en la siempre complicada Segunda División. Quinocho debutó con los 'Diablos Verdes' el 4 de octubre en el Estadio de La Romareda, en la jornada 4 y encajando una goleada ante el Real Zaragoza CD (8-1). El Club Ferrol ganaba sus partidos en casa, destacando los triunfos sobre la UD Lérida (2-1) o la SD Eibar (3-1). Sin embargo, los ferrolanos se desplomaban a domicilio, cayendo de manera abultada en el Campo Municipal Las Gaunas ante el CD Logroñés (6-0) o en el Estadio de Mendizorroza ante CD Alavés (6-0). Joaquín, titular indiscutible en las alineaciones, vivió en sus propias carnes el sufrimiento defensivo y la amargura de la derrota, circunstancias que, por otro lado, le ayudarían a ganar fortaleza mental y a mejorar técnicamente. Apenas le bastaron una docena de partidos (4 victorias, 1 empate y 7 derrotas) para ganarse el cariño del club y de la afición a base de entrega y coraje.
 
 
 
 

 
 
 
La etapa de Quinocho en el norte de Galicia finalizaría mucho antes de lo previsto. "Durante las Navidades vinimos a pasar unos días de vacaciones, y para no perder la forma entrenábamos con el Celta", explicaba. Tras completar la primera vuelta liguera, el RC Celta de Vigo era el colista de la clasificación. El técnico José Iraragorri había sido destituido para ceder su puesto en el banquillo al mítico Ricardo Zamora, esta vez respaldado por Yayo Sanz como segundo entrenador. "Zamora me vio entrenar y me preguntó si me encontraba con fuerzas para jugar con el Independiente", un conjunto formado por muchos integrantes de la selección de Argentina y que en la gira que estaba realizando por Europa había doblegado a clubes muy importantes: Real Madrid CF (0-6), Valencia CF (0-3), Club Atlético de Madrid (3-5), SL Benfica (1-2) o Sporting de Lisboa (1-8). El encuentro era amistoso y se jugaría el día de Reyes, pero aun así, Quinocho ni se lo pensó: "Para mí era la máxima gloria poder jugar en Balaídos".
 
El 6 de enero de 1954 se disputó el partido amistoso entre el RC Celta de Vigo y el CA Independiente, en el Estadio de Balaídos y ante 22.000 personas. 'El Rojo' se presentó con un auténtico equipazo en el que figuraban Rodolfo Micheli, Carlos Cecconato, Osvaldo Cruz o Ernesto Grillo, todos ellos internacionales con la albiceleste. Aunque terminarían perdiendo (1-2), los locales cuajaron una buena actuación, sobre todo la línea defensiva. Tanto fue así que el técnico argentino, Omar Crucci, declaró que el Celta había demostrado ser tan bueno como sus otros rivales de la gira y que, a su entender, "su figura fue Quinocho". El gran rendimiento mostrado por el joven lateral motivó al club vigués a recuperarlo definitivamente de su cesión en Ferrol: "Me llevaron a las oficinas del club que entonces estaban en la calle Reconquista y Ramiro Fernández Valenzuela, que era el secretario general, ya me hizo la ficha". Y es que 1954 fue inolvidable para Joaquín. No solo pudo cumplir su sueño de jugar en Balaídos, sino que, además, conoció al amor de su vida, María Trinidad, con quien contraería matrimonio en 1956.
 
 
El emblema de la defensa
 
El debut de Quinocho en Primera División se produjo el 10 de enero de 1954 en los Campos de Sport de El Sardinero ante el Real Santander SD (1-0). Aunque era un recién llegado al primer equipo, se asentaría como titular y empezaría a jugar todos los partidos. Su incorporación al RC Celta de Vigo se había desarrollado dentro de un contexto bastante delicado, pero Ricardo Zamora y los suyos tiraron de oficio y consiguieron enderezar el rumbo de la nave celeste. Los gallegos realizaron una segunda vuelta magnífica logrando un balance de 8 victorias, 4 empates y 3 derrotas para cerrar el campeonato en décima posición. En la 1954/55 sería el segundo futbolista de la plantilla con más minutos, jugando 26 partidos de liga y uno de la Copa del Generalísimo. Los celtiñas acabarían aquella temporada como undécimos clasificados, pese a que obtuvieron muy buenos resultados contra los clubes punteros de la categoría. En el verano de 1955, Zamora se marchó al RCD Español y en su lugar llegó Luis Urquiri, que tomó el mando del banquillo y mantuvo al Celta en la misma dinámica que años anteriores, dejándolo nuevamente en mitad de la tabla.
 
 
 

 



   
 
Quinocho seguía una rutina de trabajo muy rigurosa. Entrenaba intensamente, se cuidaba mucho y siempre era discreto con su vida privada. Por aquel entonces, los entrenadores eran tremendamente exigentes con sus jugadores. Solo podían salir de noche una o dos veces por semana, pero en el resto de días estaba prohibido si no querían arriesgarse a ser multados. Todo el entorno del deportista profesional era muy estricto, alejado del glamur y los focos que hoy en día rodean a las grandes estrellas. Sobre el césped Quinocho destacaba especialmente por su fuerza física, su corpulencia y su disciplina táctica. Carlos Torres, extremo del Celta entre 1952 y 1957 y gran amigo suyo, lo define como "un defensa duro pero noblote". Carlos aún le guarda mucho cariño, ya que "era extraordinario como jugador y como persona. Además, era un tío muy simpático, tenía mucha coña. En los viajes estábamos juntos y siempre me andaba haciendo cabronadas", recuerda entre risas. Así era 'Quino', serio y profesional dentro del campo, cercano y divertido fuera de él. Poco a poco se convirtió en el emblema de la defensa viguesa y en uno de los futbolistas más queridos por la hinchada celtista.
 
El RC Celta vivió una buena época a mediados de los 50. El equipo era uno de los más consistentes de Primera División, en gran parte gracias a los guardametas Padrón y Adauto y a la retaguardia compuesta por los Lolín, Cerdá, Otero, Villar, Las Heras, Igoa o Quinocho, cuyo gran rendimiento llamó la atención de clubes como el CF Barcelona. El 2 de junio de 1956 el Celta cerró el fichaje de Alejandro 'El Conejo' Scopelli, procedente del Sporting de Lisboa. Scopelli asumió funciones de preparador técnico y físico. Su filosofía era "formar a los equipos con un sistema de juego estable, según las características de los hombres y las tácticas, que pueden variar de acuerdo con la calidad del adversario al que se enfrente". Si bien el curso no fue bueno en cuanto a resultados, el juego de los celestes era puro espectáculo, pues Scopelli apostaba por un fútbol alegre y vistoso. Sin embargo, al final de la temporada la directiva decidió prescindir del técnico argentino y contratar a un viejo conocido como Luis Casas Pasarín. Pasarín dio rápidamente con la tecla y puso de moda al conjunto vigués en España, realizando una campaña fantástica para acabar séptimo en la clasificación.
 
La temporada 1958/59 supuso el fin de una etapa en la historia celeste. Aquel año se fueron jugadores importantes (Gausí, Azpeitia, Mauro, Cortizo...) y la estrella brasileña Jaburú se borró del equipo. Finalmente y con solo 4 victorias, el Celta bajó a Segunda División tras catorce años en la élite. El presidente Antonio Alfageme y varios directivos dimitieron de su cargo, y la nueva junta estaría en gran parte formada por conocidos contrabandistas de tabaco de la costa gallega como Celso Lorenzo Vila o Vicente Otero 'Terito'. La entidad se ganó el sobrenombre de 'Celta do Fume' ('Celta del Humo'), intentando retornar rápidamente a Primera División y sanear unas cuentas que habían quedado muy mermadas. Volvieron a confiar en entrenadores que conocían la casa como Zamora o Yayo y jugaron la promoción dos años seguidos, pero no lograban el ascenso. Quinocho aguantó en el club hasta la 1963. En sus dos últimos años marcaría sus únicos goles con el Celta, en las victorias contra AD Plus Ultra (2-0), UD Salamanca (4-2), CD Basconia (2-0) y CD Sabadell CF (4-1) y en la derrota ante Real Santander SD (1-3). Tras 181 partidos, Quinocho se marchó de "el equipo de su vida". Pese a que tuvo ofertas de México y Panamá prefirió quedarse en España: "Me dieron la libertad y en compañía del centrocampista Marín nos fuimos al Castellón que quería formar un equipo para ascender".
 
 
 
 



   
 
La feliz etapa en el CD Castellón
 
"Toda su ilusión había sido jugar en el Celta, lo consiguió y lo que más le dolió fue cuando se tuvo que marchar", cuenta afligida su viuda, Mari Trini. Su hija Cristina recuerda que aquel adiós fue "triste, con lágrimas en los ojos", ya que Quinocho esperaba terminar su carrera en Vigo, pero no sería así. En la mayoría de los casos las mudanzas se hacen con el sentimiento de pena de abandonar el hogar, más aún para un hombre nacido y criado en la pasión celtista. Quinocho llegó al CD Castellón en la temporada 1963/64 por mediación del secretario técnico Camilo Liz. "Hubo un recibimiento apoteósico, lo recibieron como a una estrella porque venía de jugar en Primera División", rememora Mari Trini. Durante sus tres primeras campañas el equipo albinegro siempre fue campeón del Grupo IX de Tercera División. Sin embargo, no lograrían el
ascenso hasta 1966, tras superar en la promoción de ascenso al Gimnástico de Tarragona (0-0 y 1-0) y al CD Eldense (4-2 y 0-2). Justamente en esa eliminatoria Quinocho sufriría una de las dos únicas expulsiones de toda su carrera. "Estaban peleándose entre varios y él se metió a decir que los iban a expulsar a todos, que lo dejaran. Al final le dieron a él y le rompieron la nariz", lo que lo obligó disputar los siguientes encuentros con unos tubos de goma que le permitían respirar. Por todo esto y por su carácter impulsivo y fogoso también se ganó el respeto de toda la afición castellonense.
 
Junto con Pedro Alcañiz, José Aznar y Cela, Quinocho formaría una de las mejores defensas de la historia del club castellonense. Con oficio y sin concesiones de ningún tipo consiguieron llevar al Castellón lejos en Segunda División. En su vuelta a la categoría de plata (1966/67) los orelluts se clasificaron en tercer lugar, a solo tres puntos de disputar la liga de ascenso a Primera División. Al año siguiente, el equipo solo pudo ser décimo, pero debido a una restructuración de la división descendieron a Tercera División con otro buen puñado de clubes. Ya con 35 años y tras pasar por una operación de menisco, Quinocho había llegado a Vigo para jugar un partido cuando un periodista preguntó "¿Este es el Quinocho que jugaba en el Celta? ¡Si es más viejo que Napoleón!". Después de oír aquel comentario, Joaquín le dijo al entonces presidente del club, Emilio Fabregat, "presidente, me retiro". De esta forma, Quinocho anunció su retirada de los terrenos de juego, pero Fabregat, "que lo quería muchísimo", le propuso quedarse como secretario técnico "para hacer un equipo con aspiraciones".
 
Quinocho decidió aceptar la propuesta de su amigo Emilio Fabregat y continuó ligado al CD Castellón. Su etapa como dirigente estaría caracterizada por su buena relación con el resto de clubes e instituciones del fútbol español. Nada más ponerse al mando de la secretaría técnica concretó el fichaje de su paisano Félix Carnero, centrocampista procedente del Celta. El equipo solo tardaría un año en regresar a Segunda División, clasificándose en undécimo lugar en la temporada siguiente. Para la 1970/71, Quinocho armó un plantel muy competitivo incorporando, entre otros, a Mendieta, Babiloni y Del Bosque (Real Madrid), González y Abel (RC Celta), Demetrio y Santi (Real Betis Balompié), Cayuela (Valencia CF), Clares (AD Rayo Vallecano), Vicente (UD Las Palmas), Diego (CD Sabadell), Amengual (Sevilla CF) y Ortiz (Córdoba CF). Sin embargo, los castellonenses no arrancaron del todo bien y a mitad de campaña se produjo un cambio de entrenador con la llegada de Lucien Müller. La reacción fue casi inmejorable, finalizando la temporada en sexta posición. Y decimos casi porque se quedó a tan solo dos puntos de lograr un ascenso que ni los más optimistas habrían esperado.
 
 
 
 
  
 
 
"En Castellón decían que para jugar en el club había que ser gallego o francés", explica Mari Trini, ya que Quinocho solía traer jugadores de equipos de su tierra (Félix, González o Miñán). "Fue la mejor época del Castellón", pues con Fabregat en la presidencia, Quinocho en la dirección deportiva, el francés Müller en el banquillo y algunos retoques más en la plantilla, en junio de 1972 los albinegros subieron a Primera División veinticinco años después. La temporada siguiente (1972/73) se convertiría en la mejor de la historia del club hasta día de hoy. En liga consiguieron un sorprendente y meritorio quinto puesto, y en la Copa del Generalísimo realizaron una actuación brillante eliminando a Real Valladolid CF, Valencia CF, Real Betis Balompié y Real Gijón. La final les enfrentaría a un grande como el Club Atlético de Bilbao: "Llegaron a Madrid con una ilusión tremenda, pero cuando se vieron en el campo contra el Athletic, que ganaba todas las Copas en aquella época, los jugadores se acopiaron, se vieron allí como diciendo "Dios, a dónde llegamos" porque no lo esperaban". El Estadio Manzanares, sede de la final, contempló cómo el conjunto vasco se proclamaba campeón copero por vigésimo segunda vez en su historia (2-0). Llegar a la final y ser subcampeón ya era de por sí un logro enorme para los castellonenses, a quienes "les hicieron un recibimiento grandioso".
 
Joaquín siempre tuvo una conexión con el mar y vivió durante mucho tiempo frente a él. Cuando llegaron a Castellón decidieron irse a vivir a El Grao, un humilde barrio de pescadores situado aproximadamente a unos 15 kilómetros del centro de la ciudad. Este detalle enamoró a los habitantes de este lugar. "Para los de El Grao era un orgullo que nos quedásemos a vivir allí", hasta el punto de que cada vez que el equipo volvía de ganar como visitante los aficionados lo recibían con una traca enfrente de su casa. En la temporada 1973/1974, Quinocho abandonaría Castellón tras once años en la ciudad. El día de su marcha, Chencho, periodista de Radio Castellón, empezó el programa de forma escandalosa exclamando "¡Se nos ha ido Quinocho, se nos ha ido!". Hubo mucha gente que pensó en lo peor: "Fui a la peluquería y las chicas de allí me miraban raras y me preguntaron "¿qué pasó?", y les dije que nada, que nos íbamos a Vigo. Pensaban que había tenido un accidente porque Chencho era exageradísimo". El arraigo y el cariño por esta tierra lo llevarían a mantener su casa en El Grao con el sueño de poder disfrutar de una plácida jubilación. Pero a pesar de las continuas ofertas del club para que volviese, nunca pudo regresar. "Todos los años le pedían que volviera", recuerda Mari Trini.
 
 
 
 

 
 
Segunda etapa en Vigo: la gerencia
 
La salida de Quinocho del Castellón empezó a gestarse cuando el Celta de Vigo visitó Valencia para jugar un partido de liga. El que fuera entonces presidente celtiña, Antonio Vázquez, lo llamó para proponerle que se hiciera cargo de la gerencia del club. "Aunque en Castellón estaba muy bien y me costaba marcharme, me decidí porque el Celta me tiraba. Siendo de Vigo y celtista, para mí lo máximo era estar aquí", declararía Quinocho. La petición de su madre, que aún vivía en Vigo y sufría problemas de salud, terminaría de convencerle de que decidiera volver a casa. Así las cosas, Joaquín Fernández Santomé se convirtió en gerente del Celta en 1974. Durante estos años el club viviría en un mar de incertidumbres, sufriendo continuos cambios de directiva y encadenando descensos (1974/75, 1976/77 y 1978/79) y ascensos (1975/76 y 1977/78) entre Primera y Segunda División. La temporada 1976/77 fue testigo de una de las anécdotas que mejor reflejan la desconcertante situación que atravesaban los vigueses; el portero argentino Carlos Fenoy, responsable de los lanzamientos de penalti, acabó siendo el máximo goleador del equipo en una de las peores campañas de su historia. Fruto de toda esta inestabilidad, el Celta acabaría bajando a Segunda División B en 1980.
 
La buena gestión de Quinocho fue determinante para sacar al RC Celta de Vigo del pozo en el que se había metido. En primer lugar, contrató a Milorad Pavic, un entrenador yugoslavo con experiencia en banquillos de equipos belgas, españoles y portugueses. En segundo lugar, realizó una fuerte reconstrucción de la plantilla. Apostó por gente de la casa como Antonio Gómez, Canosa, Gelo, Lemos, Manolo, Suso Santomé, Carlos Lago, Quecho, Suárez o el prometedor Pichi Lucas, mientras que de la anterior etapa apenas permanecieron Capó, Ademir, Del Cura y Mori. El Celta arrasó en el Grupo I, perdiendo solo tres veces en todo el año y finalizando como campeón del campeonato. Una vez ascendidos, mantuvieron el grupo y solo incorporaron a Maté (Burgos CF), Mercader y Mina (CE Sabadell FC), Javi (AD Almería), Serrano (CA Osasuna) y Bengoetxea (Athletic Club). Los resultados respaldarían esta decisión, pues los gallegos volverían a ser campeones, esta vez en Segunda División, regresando así a la élite dos años después.
 
 
 
 

       
 
Quinocho también se encargaba de mantener unas relaciones diplomáticas impecables con el resto de clubes e instituciones del fútbol español: "Santiago Bernabéu le había caído siempre muy bien y tenía una relación muy estrecha con él y con el presidente que vino después, Ramón Mendoza". Cada vez que el vigués llegaba a la capital el Real Madrid le daba un trato excepcional, e incluso "el alcalde de Vigo, Manuel Soto, se quedó boquiabierto porque a ningún gerente de ningún equipo le iba a recibir el coche del Real Madrid con el chófer a su disposición". Este vínculo con los dirigentes merengues ya le fue muy útil en Castellón, cuando logró los fichajes de Andrés Mendieta y Pascual Babiloni y la cesión de Vicente del Bosque, pero igualmente "se llevaba bien con todos los equipos". "El gerente del FC Barcelona también era muy amigo de él y le mandaba corbatas con los colores del Barça al inicio de la temporada", motivo que provocaba continuas bromas entre Quinocho y Ramón Mendoza. En una ocasión el presidente madridista fue a recibirlo y tras verle con la corbata blaugrana le dijo entre risas "Quinocho, me has matado, me has herido en el corazón", no sin antes darle un cariñoso abrazo de bienvenida.
 
Después de que el Celta recuperara la máxima categoría en 1982, Quinocho llevaría Vigo a otro nivel. Gracias a la buena relación de la gerencia viguesa con la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) la ciudad olívica se convirtió en una de las sedes de la Copa del Mundo de España 1982: "Todo lo llevó él y, además, hicieron sede a Vigo por él, no por ninguna otra cosa. En el futbol tenia las puertas abiertas en todas partes". El Estadio de Balaídos acogió hasta tres partidos del Grupo 1 en la primera fase del torneo: Italia-Polonia (0-0), Italia-Perú (1-1) e Italia- Camerún (1-1). Curiosamente la selección de Italia se convertiría en la ganadora del campeonato al vencer en la final a Alemania Federal (3-1), alzándose así con su tercera Copa del Mundo. Tras el paréntesis mundialista, la temporada 1982/83 se presentaba ilusionante para el celtismo. No obstante, un mal comienzo y una prolongada racha negativa condenarían de nuevo al Celta a Segunda División. Ya en la 1984/85, con Félix Carnero como entrenador, el equipo recuperaría su plaza entre los grandes. El vaivén de categorías continuaría con el descenso en la peor temporada de su historia (1985/86), el nuevo ascenso (1986/87) y por fin un año brillante en Primera División firmando un séptimo puesto (1987/88).
 
 
El adiós de un gran hombre
 
Vigo, 20 de octubre de 1988. 18:25 horas de un día lluvioso. Las oficinas del Celta estaban ya casi desiertas. Ángeles Santos ultimaba los detalles del viaje del Celta a San Sebastián para un partido de liga y las otras dos secretarias, Pilar y Dolores, se ocupaban de las últimas tareas del día. Quinocho se encontraba en su despacho hablando por teléfono con la gerente del RC Deportivo de La Coruña, Berta Vales, cuando llamaron a su puerta. De repente, dos hombres a las que las secretarias habían confundido con mensajeros entraron en la habitación, cubiertos con pasamontañas y armados con un cuchillo y un revólver. En principio, el objetivo de estos asaltantes era hacerse con el dinero que el club iba a destinar para cubrir el traslado del equipo a San Sebastián, pero querían más. Efectuaron dos disparos contra una mesa mientras las secretarias observaban horrorizadas. Aun así, Quinocho defendió las oficinas del club y empezó a enfrentarse con los atracadores, lanzándoles un cenicero y recibiendo inmediatamente varias puñaladas. "Cógeme, Angelines, cógeme que me muero" serían las últimas palabras del entonces gerente vigués. La hoja del cuchillo le había atravesado el costado y había llegado al corazón, por lo que falleció antes de ingresar en el Hospital Povisa.
 
 
 
 


  
 
El encuentro entre la Real Sociedad y el RC Celta de Vigo fue suspendido. Todo el universo del fútbol se disponía a vestirse de luto para llorar la pérdida de uno de sus más ilustres y queridos miembros. "Fue un asesinato alevoso de un hombre bueno y cariñoso con todos", declararía el portero Javier Maté. Y es que Quinocho siempre había estado muy unido tanto a la plantilla como a la entidad celeste, por la que se desvivió hasta el momento de su último aliento. Por su parte, los asaltantes, que habían huido en una moto azul y blanca ayudados por un tercero, serían arrestados solo siete días más tarde del asesinato. Tras su detención reconocerían los hechos de los que se les acusaban, ya que la policía había incautado el revólver calibre 38, cuchillos de monte, la moto utilizada en la huida y las chaquetas que portaban en el momento del atraco. El autor intelectual del delito había sido un ex jugador juvenil y del equipo B originario de la República Federal Alemana y futbolista hasta la temporada 1984/85. Posteriormente, el 25 de mayo de 1989, se conocería la sentencia. José Bernárdez y Antonio Marcote, autores materiales, fueron condenados a 34 años, mientras que Luis Gallego, autor del plan, a 17 años.
 
"No hubo una manifestación en Vigo en la que hubiera tanta gente como en el día del entierro", cuenta la viuda de Quinocho, Mari Trini. Al funeral acudieron más de 10.000 personas. El Estadio de Balaídos fue el lugar donde se realizó la misa y se instaló la capilla ardiente. El féretro sería llevado a hombros por la plantilla del Celta hasta el cementerio de Pereiró, mientras que desde los balcones lanzaban flores a su paso. A pesar de la intensa lluvia, millares de personas acompañaron a la comitiva fúnebre por las calles viguesas. Entre los asistentes, además de los familiares, los jugadores, el cuerpo técnico y los directivos del club, estuvieron presentes el presidente de la RFEF, Ángel María Villar, el presidente de la Liga de Fútbol Profesional (LFP), Antonio Baró, y el secretario general, Jesús Samper, el director general de Deportes de la Xunta de Galicia, José Otero, el alcalde de Vigo, Manuel Soto, ex presidentes del Celta, Emilio Fabregat, ex compañeros como Luis Cid Carriega y cientos de amigos más. Quinocho fue enterrado con la Medalla de Plata de la Real Orden del Mérito Deportivo que la Xunta le concedió a título póstumo. También se celebraron homenajes en su memoria en Castellón y Panamá, donde hay una peña celtista debido a la numerosa inmigración procedente del pueblo Carballino (Orense). "Quinocho no merecía un final así" era la frase que más se repetiría.
 
A finales del verano de 1995, superada la crisis de los avales, los dirigentes del RC Celta de Vigo decidieron crear el Trofeo Memorial Quinocho como homenaje al hombre que dedicó toda su vida al fútbol y al club de su corazón. "Otros anhelaban jugar en el Madrid, en el Barcelona o en el Bilbao, yo solo soñaba con el Celta", solía decir Quinocho, un hombre con una humildad sin límites que siempre estaba dispuesto a ayudar a los demás. Desde aquí le damos las gracias, allá donde esté, por todo lo que hizo por el fútbol a lo largo de su carrera, ya fuera en Ferrol, en Vigo, en Castellón o en cualquier otro lugar, ya fuera como futbolista, como gerente o como persona. También nos gustaría darle las gracias a todos aquellos que han colaborado en este reportaje: gracias al Racing de Ferrol y al CD Castellón, con especial mención a Ximo Alcón, por ponernos a su disposición una documentación muy valiosa; gracias a Carlos Torres Barallobre, ex futbolista de RC Celta de Vigo, RCD Espanyol, Málaga CF y RC Deportivo de La Coruña y amigo personal de Quinocho; y gracias, cómo no, a su familia, a su viuda Mari Trini y a su hija Cristina por abrirnos sus puertas y habernos atendido con tanta amabilidad. En definitiva, gracias a todas aquellas personas que han hecho posible que la memoria de Joaquín Fernández Santomé nunca deje de formar parte de la historia del RC Celta de Vigo y del fútbol español.
 
 
 
 

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