TODO BUEN BARCO QUE SE PRECIE HA PASADO POR UN RITUAL DE BAUTISMO QUE SE REMONTA A TIEMPOS INMEMORIALES. DICHO RITUAL CONSISTE EN ESTRELLAR UNA BOTELLA DE CHAMPÁN CONTRA EL CASCO, Y SI ESTA SE ROMPE, LA FORTUNA ACOMPAÑARÁ AL NAVÍO EN CADA UNA DE SUS TRAVESÍAS. LEJOS DE PRETENDER ENTRAR EN MATERIA NÁUTICA, LO QUE NOS ACONTECE NOS SITÚA HACE MÁS DE MEDIO SIGLO EN EL SEVILLANO BARRIO DE NERVIÓN.
 
 
David Ruiz
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
En el corazón del barrio de Nervión, en Sevilla, está ubicado el Estadio Ramón Sánchez-Pizjuán, uno de los grandes templos del fútbol español y uno de los campos afortunados que ha pasado la barrera del medio siglo de existencia, que en los tiempos en los que se han abandonado enclaves como San MamésMontjuïc o el Insular de Las Palmas, se echa en falta. 
 
Juan Domínguez OsborneBarón de Gracia Real, fue uno de los mejores presidentes de la historia del Sevilla FC. Durante su mandato el equipo tuvo que abandonar su hogar futbolístico, el Campo de la Victoria, debido a una imposición urbanística. Por aquel entonces, Domínguez Osborne decidió abonar dinero de su bolsillo para comprar unos terrenos de la inmobiliaria Nervión. Para recuperar su inversión, el Barón impuso una particular estrategia en la entidad, pagar a técnicos, jugadores y personal del campo justo al acabar los partidos e ir guardando los ingresos restantes. Tras la muerte de Juan Domínguez, la esposa de este, Doña María Manjón, dio por saldada la deuda que aún existía entre el club y el ex dirigente, tal como habría querido este último. 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Uno de los grandes consejeros del Barón había sido Ramón Sánchez-Pizjuán, que se convertiría en el sucesor en la presidencia, ocupando el cargo durante dos etapas (1932-1941 y 1948-1956). El periplo de Sánchez-Pizjuán al frente del Sevilla coincidió con años de grandeza para la entidad, logrando el ascenso a Primera División, tres Copas de España y dos subcampeonatos de Liga. Además, consiguió sentar en el banquillo hispalense a todo un mito como Helenio Herrera. Debido a todo ello se le considera uno de los grandes mandatarios de la historia del club. Tras la muerte de Sánchez-Pizjuán, su sucesor, Ramón de Carranza, tomó las riendas de la construcción del estadio en aquellos terrenos adquiridos por Juan Domínguez Osborne. Carranza puso la primera piedra del nuevo templo sevillista el 2 de diciembre de 1956.
 
El Estadio Ramón Sánchez-Pizjuán ha llegado a ser con el paso de los años uno de los más fervientes enclaves futbolísticos del territorio español, y el principal símbolo del sevillismo moderno. Para ser justos con la historia hay que hablar de la primera vez real que un balón echó a rodar en su verde. La creencia popular estipula que el estadio se inauguró en el derbi con el Real Betis Balompié, de la primera jornada de la Liga 1958/59, saldado con un contundente 2-4 a favor de los verdiblancos. Los libros de historia futbolística hablarían, hoy día, de la debacle que supondría haber inaugurado el estadio con una derrota ante el eterno rival. Lo cierto es que el resultado que inauguró el marcador del Pizjuán reflejó un 3-3 en un amistoso contra el Real Jaén, que un par de meses antes había descendido a la categoría de plata del fútbol español. Concretamente, el estadio sevillista fue inaugurado el día 7 de Septiembre de 1958. El Sevilla tenía previsto que el partido inaugural disputase contra el Cádiz CF, pero debido a algunos problemas acabaron siendo los jiennenses los elegidos, que solo un año antes habían hecho lo propio en la inauguración del Camp Nou.
 
 
 
 

 
 
 
 
 
 
Las crónicas del partido nos muestran que el gran protagonista del encuentro fue el delantero Ángel María Arregui, un delantero centro natural de la localidad guipuzcoana de Mondragón, y que tiene su nombre bordado con letras de oro en los archivos del equipo jiennense. Hablamos de posiblemente el mejor jugador de la historia del Real Jaén. Hablar de Arregui en Jaén son palabras mayores. Para aquel lector que no lo conozca o piense que es arriesgada esta afirmación, los datos siempre avalan al entonces atrevido futbolista del conjunto lagarto. 225 goles repartidos en 13 temporadas y en todas las categorías del fútbol español otorgan al delantero vasco el honor de ser el máximo goleador jiennense. Arregui hizo dos goles en aquel encuentro, incluido el que abría el marcador, sumados al del argentino Sará, un interior diestro cuya leyenda en el fútbol español se forjaría en el que lo trajo a España, el Real Oviedo. Por parte del Sevilla, marcarían Tibor Szalay, que había llegado a España ese mismo verano procedente del Austria de Viena, uno de los equipos punteros de la época, y José Carlos Diéguez, quien sería el encargado de cerrar el encuentro.
 
Punto y aparte para hablar de Diéguez, como se conocía futbolísticamente a este mito del Sevilla. Más conocido por su etapa durante los sesenta, este interior derecho argentino estuvo una década en la disciplina nervionense, concretamente desde 1957 (un año antes del partido) hasta 1967. Acumuló más de 200 partidos y llegó a la cifra de 66 goles, nada despreciable para un jugador del centro del campo. Cuando acabó su carrera, permaneció vinculado al que terminaría siendo el club de su vida hasta su fallecimiento en 2004.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Aquel no fue un partido más. Juntar a tantos mitos de ambos conjuntos en un mismo rectángulo y añadirle el aliciente de ser la inauguración del campo de uno de los grandes del fútbol español merecía su reconocimiento. El 7 de Septiembre, a las 12 de la mañana, hora a la que comenzó el encuentro, se inauguraba algo más que un estadio. ¿Recuerdan la escena de El Secreto de sus Ojos, en la que Ricardo Darín escucha atentamente qué es la pasión por el fútbol? El Ramón Sánchez-Pizjuán lleva más de cincuenta años impregnándose de esa pasión, de millones de gargantas que han pasado, que pasan, y que seguirán pasando por sus más de veinte puertas. 
 
Hasta 1974, con el presidente Eugenio Montes Cabeza, no finalizaría definitivamente la construcción del Pizjuán. Un Pizjuán que fue sede del Mundial del 82, para el que se redujo el aforo de 77.000 a 70.500 espectadores. Una nueva reforma posterior lo dejaría en 66.000. y mucho después, en 1998, cuando en cumplimiento de la nueva normativa UEFA, hubo que dejarlo en 45.500 localidades. Otro de los momentos más destacables acogidos por el templo nervionense fue la final de la Copa de Europa de 1986, que se llevaría el Steaua de Bucarest de Bolöni frente al FC Barcelona de MigueliVictor Muñoz o Schuster. También es inevitable recordar, o al menos mencionar, los grandes momentos del Sevilla en su gloriosa etapa de éxitos del siglo XXI . 
 
Más de 50 años en sus cimientos, sede de la Eurocopa de 1964, del Mundial de 1982 y de la final de la Copa de Europa de 1986. Un estadio que dentro de sus muros ha albergado penas y glorias y ha sido testigo de las mejores y las peores épocas del equipo al que da cobijo, el Sevilla FC. A buen seguro que si dependiera de la forma de vivir este bello deporte, este coliseo de primera línea del fútbol mundial contemplaría éxitos cada fin de semana. Por algo lo apodan 'La Bombonera de Nervión'.
 
 
 
 
 

 
 
 
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